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Lo que veíamos en la tele en los 2000 y ahora no entenderíamos

Que hoy no entendamos del todo algunas cosas que veíamos en la tele en los 2000 no es algo malo. Al contrario. Significa que hemos cambiado la forma de mirar y que ya no compramos tan fácilmente ciertos discursos, ciertas bromas o ciertas dinámicas.

Los programas y series que veíamos en los 2000 y ahora no entenderíamos.

Los programas y series que veíamos en los 2000 y ahora no entenderíamos.

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Hay algo muy peligroso en poner la tele, reencontrarte con un programa de los 2000 y pensar: "qué nostalgia, me lo voy a pasar fenomenal". Porque sí, al principio todo son recuerdos bonitos, canciones que te sabes, peinados imposibles y esa estética que hoy nos parece entre entrañable y delirante. Pero pasan diez minutos… y empiezas a pensar: “Perdona, ¿esto lo emitían así? ¿Y nadie decía nada?”.

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Juan Molina

La televisión de los 2000 fue un universo propio. Más salvaje, más excesivo, menos filtrado y bastante menos preocupado por cómo se verían ciertas cosas con los ojos de hoy. No es que todo estuviera mal ni muchísimo menos. Es que había códigos, bromas, dinámicas y formatos que entonces parecían normales y que ahora, sinceramente, nos dejarían sentadas en el sofá con la mandíbula un poco desencajada.

Y no, no se trata de cancelar nuestra adolescencia. Se trata de reconocer que la tele ha cambiado porque nosotros también hemos cambiado.

'Mujeres y Hombres y Viceversa' fue el programa que nos presentó a Tony Spina, lugar donde comenzó su historia de amor con Oriana Marzoli.

'Mujeres y Hombres y Viceversa' fue el programa que nos presentó a Tony Spina, lugar donde comenzó su historia de amor con Oriana Marzoli. / Telecinco

Los realities donde la humillación era entretenimiento

Si algo definió los 2000 fue el boom de los realities. Y no hablamos solo de convivencia o concursos inocentes. Hablamos de programas donde la tensión, la vergüenza ajena y el conflicto se exprimían hasta el infinito porque eso daba audiencia.

Nos tragábamos broncas monumentales, cámaras persiguiendo a concursantes destrozados emocionalmente, expulsiones montadas como tragedias griegas y jurados que confundían sinceridad con crueldad. Todo muy intenso, muy icónico… y muy difícil de digerir hoy.

Ahora vemos ciertas escenas y pensamos: "pero esta gente necesitaba terapia, no una realización en directo con música dramática de fondo".

Los concursantes del reality 'Hotel Glam'

Los concursantes del reality 'Hotel Glam' / D.R.

Los cambios físicos como si fueran un servicio público

Durante los 2000, la tele tenía una obsesión bastante seria con transformar cuerpos, caras y estilos de vida en prime time. El mensaje era clarísimo: había algo en ti que estaba mal y la televisión venía a arreglarlo.

Programas de cambio de imagen, de cirugía, de moda, de “aprender a sacarse partido” a personas que, básicamente, tenían la mala suerte de no encajar en un ideal estético muy concreto. Todo estaba narrado como una oportunidad maravillosa, casi un acto de generosidad televisiva. Y mientras tanto, tú en casa aprendiendo que había muchísimas formas de estar incorrectamente en el mundo.

Hoy esa mirada tan brutal sobre el cuerpo ajeno nos chirría muchísimo. Porque ya no parece entretenimiento aspiracional. Parece, más bien, una colección de inseguridades convertidas en escaleta.

La presentadora y los jueces del programa 'Cámbiame'

La presentadora y los jueces del programa 'Cámbiame' / D.R.

El machismo de andar por casa que se colaba en todo

Otra cosa que en los 2000 estaba tan integrada que parecía invisible era el machismo cotidiano. No el más evidente, sino ese de fondo. El de la mujer histérica, el del hombre inútil para las tareas domésticas pero graciosísimo por ello, el de la novia controladora frente al novio “libre”, el de la madre sacrificada como mueble emocional de toda la familia.

Muchísimas series, concursos y magazines estaban construidos sobre esa idea. Y se asumía como algo natural, incluso tierno. Hoy lo ves y ya no tiene nada de mono. Tiene bastante de agotador.

También estaban esas entrevistas televisivas a actrices, cantantes o presentadoras en las que parecía más importante su vestido, su novio o si pensaban ser madres que cualquier proyecto profesional que fueran a promocionar. Aunque por desgracia, todavía queda bastante de esto último en la actualidad.

Rafa Mora como nuevo presentador de Sálvame 'limón'.

Rafa Mora como nuevo presentador de Sálvame 'limón'. / Telecinco

Los colaboradores que gritaban por sistema

Hubo una era televisiva en la que parecía que para opinar había que alzar la voz hasta el límite. Todo era interrupción, bronca, dedo acusador y señores opinando con una contundencia absolutamente desproporcionada sobre cualquier tema.

Ese modelo de tertulia escandalosa nos parecía normal porque lo veíamos a diario. Pero ahora, cuando te tropiezas con un fragmento antiguo, cuesta entender cómo nos acostumbramos a tanta agresividad gratuita. Nadie escuchaba, todo el mundo quería tener razón y la tensión era casi un género televisivo en sí mismo.

Y sí, era adictivo. Pero también bastante agotador.

Belén esteban y Jorge Javier Vázquez en 'Sálvame'

Belén esteban y Jorge Javier Vázquez en 'Sálvame' / D.R.

Las bromas que hoy no pasarían ni un filtro

Homofobia de fondo, chistes raciales, comentarios sobre el físico, burlas sobre la masculinidad o la feminidad de alguien, referencias constantes a lo “normal” y lo “raro”… La tele de los 2000 tenía un catálogo bastante amplio de bromas que hoy no entrarían tan fácilmente en un guion.

Lo interesante no es solo que ahora nos molesten. Es que antes pasaban como bromas blancas, casi familiares. Eso dice mucho del contexto. Y también de lo mucho que se ha afinado la mirada del público.

Por suerte, hoy muchas de esas “gracias” ya no hacen tanta gracia. Y eso, aunque incomode revisar según qué cosas, en realidad es una buena noticia.

Emma Garcia en Mujeres y Hombres y viceversa

Emma Garcia en Mujeres y Hombres y viceversa / Telecinco

Los concursos donde la gente era un meme antes de existir los memes

En los 2000 la televisión tenía una capacidad increíble para convertir a alguien en personaje nacional en cuestión de minutos. Un casting raro, una frase inesperada, un momento de ridículo televisado… y ya estabas sentenciado a existir como chiste colectivo durante meses.

Hoy esa forma de exponer a la gente nos resulta bastante más violenta. Entonces parecía parte del juego. Ahora da la sensación de que muchas personas fueron carne de plató sin demasiada protección, solo porque daban contenido. Y probablemente era exactamente eso.

Eso no significa que todo fuera un desastre. Ni mucho menos. La tele de los 2000 también tuvo momentos divertidísimos, series míticas, concursos inolvidables y una capacidad de crear fenómeno colectivo que hoy ya casi no existe. Nos reímos mucho, comentamos muchísimo y compartimos un tipo de cultura pop muy común que ahora está mucho más fragmentada.

Pero precisamente por eso resulta tan interesante revisarla. Porque no solo nos devuelve una época: también nos enseña lo que hemos dejado atrás.