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ENTREVISTA

Ramon Gener: "Yo solo sé explicar mis cosas, compartirlas y esperar que a la gente le gusten"

El músico, barítono y divulgador dirige y presenta en La 2 'This is opera'

OLGA LERÍN / BARCELONA

RAMON GENER

Ramon Gener, director y presentador de This is opera (La 2), en el parque de la Ciutadella de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

El apasionamiento a la hora de expresarse no se ciñe, en el caso de Ramon Gener, director y presentador de 'This is opera' (La 2, domingo, 20.30), a la pequeña pantalla. Conversar con él en la distancia corta es como mantener un libro abierto. Ese mismo afán divulgador hace que no se corte ni un pelo a la hora de explicar cómo funciona la voz de una soprano desde un simulador de Ferrari; plantar el piano en medio del parque de María Luisa, en Sevilla, para revisar los 'hits' de 'Carmen', o acudir a un forjador para diseccionar la música de Rossini.

--De TVC a TVE. Usted sí que se ha ido con la música a otra parte… 
--Sí, pero tiene que quedar claro que no hemos salido de Catalunya para ir a España: hemos salido de Catalunya para ir al mundo. 'This is opera' es una coproducción internacional y uno de los coproductores es TVE. Por tanto, el programa también se emite en TVE. Pero también se ofrece en Alemania, Austria, Suiza e Italia y, en breve, lo harán otros países. Desde los primeros capítulos de 'Òpera en texans' muchas personas me decían que a ver cuándo acababa el espacio porque querían hacerlo más grande.

--'Òpera en texans' fue, entonces, un trampolín. 
--Me conocían ya en casa. Tras ver el espacio, TVE y los productores alemanes dijeron que me querían para otras muchas cosas. Hace ilusión que llames, por ejemplo, a la Ópera de Viena diciendo que eres de 'This is opera', te identifiquen y te digan que vayas cuando quieras.

--¿Los espectadores de Catalunya descubrirán cosas diferentes? 
--Creo que sí. Hay programas que son más iguales y otros totalmente diferentes, a pesar de hablar de la misma pieza, como pasó con 'Parsifal'. Otros serán totalmente nuevos.

--"La ópera es la vida y compartida siempre es mucho mejor", dice usted al principio de cada emisión. ¿Es una declaración de principios? 
--Lo que más me gusta de la vida es la gente y el conocimiento, y este, si no lo compartes, no sirve para nada. Si tienes la ilusión de compartir las cosas y lo que más te gusta es la gente, se produce esta simbiosis. Y me gustó comenzar esta nueva aventura diciendo esto: "Tengo una pasión, que me lo ha dado todo, y la quiero compartir…".

--¿Por qué la ópera es un género que cuesta tanto digerir? 
--Creo que hay un prejuicio de entrada: es algo antiguo, muy largo, con unos intérpretes rellenitos que cantan en otro idioma y no se entiende nada. La gente tiene ese estereotipo, pero cuando vas al teatro, te das cuenta de que es otra cosa y que, a veces, te habla de algo totalmente próximo a ti.

--¿Es por aquí por donde el espacio engancha al público? 
--Sí, al menos es lo que intento: encontrar el meollo de cada ópera. Si hago, por ejemplo, 'Parsifal', digo al principio: "Para todos los que alguna vez han ido a buscar el santo grial y lo han hecho fuera sin saber que cada uno lo llevamos dentro". Entonces uno piensa: "Ostras, eso a mí me ha pasado; voy a verlo…". Y hablamos con personas que nos lo explican. Y todo esto va aliñado con la música, la que yo toco al piano o el fragmento que emitimos.

--En cambio, ¿un experto en la materia puede pensar que lo que usted cuenta son chorradas? 
--He de decir que en todos estos años que llevo en esto, solo he oído dos comentarios al respecto, tal vez porque la gente a la que no le gusta no me lo dice. Lo que me hace inmensamente feliz son las personas que me escriben en las redes y me piden una recomendación. Y no tanto porque yo haya conseguido que la gente vaya a ver una ópera, que tiene cierto punto de vanidad, sino por el hecho de pensar que ojalá que esa pieza les haya gustado y piensen que otro día pueden volver. Pero de la misma manera que pienso que otra semana irán al cine, al teatro o a una exposición, es decir, saldrán a ver el mundo.

--¿Cree que ha madurado desde que hizo 'Òpera en texans'? 
--Es difícil de decir, pero mucha gente me ha comentado que lleno más la pantalla. Siempre explico que puedes engañar a todo el mundo, pero solo hay una persona, porque para mí es como una persona, a la que no puedes enredar, que es la cámara, porque lo ve todo y lo sabe todo. Y si tú no eres de verdad, la cámara lo ve, y entonces lo ve todo el mundo. Yo soy como soy en ese momento y tal vez algunas personas me han dicho que me muestro menos histriónico que antes, menos subido, más pausado... Tal vez este sea mi momento actual.

--¿Usted se veía histriónico? 
--A veces pensaba: "Ostras, ¿soy así?" Y me decía a mí mismo: "¡Pues sí que voy acelerado!".

--Graban 'This is opera' en inglés y en castellano. ¿Es lo más complicado del programa? 
--Sí, es una complicación muy grande. Puedo entender que la gente piense que todo esto es fácil: hago una toma de una cosa y ya está. Y, a veces, la primera toma es la buena, pero en otros casos, hay que rodar dos, tres o cuatro… Si este proceso, que ya de por sí es largo, se ha de multiplicar por dos, los problemas aumentan. Por ejemplo, fuimos a rodar a la Ciutadella y montamos todo un set para hacerlo primero en castellano y después en inglés. Pero el sol camina y cuando acabamos el castellano, todo el tinglado no sirvió, porque el sol ya no estaba en el mismo sitio. Has de tener preparado un plan b.

--¿Cómo consigue combatir el tedio de esta mecánica? 
--Intento cada día escoger un idioma diferente para empezar. Me canso enseguida de las cosas.

--Algunos telespectadores se han quejado por la utilización del doblaje en las entrevistas. 
--Es una norma de TVE que tienen que salir siempre con 'Voice over' (por debajo del doblaje se oye la locución original). La gente se queja, y con razón. En los últimos programas que hemos entregado, uno mismo podrá activarse los subtítulos y escuchar la versión original.

--A usted se le podría considerar como a un CSI de la ópera... 
--Cuando doy conferencias, toco el piano y explico cosas, después de media hora, paro y me digo: "¡Si no estoy hablando para nada de ópera!". Son cosas que aparentemente no tienen nada que ver, pero cuando tengo la partitura, encuentro un fragmento de diálogo y me pregunto por ese personaje. Y siempre me sale una historia paralela. Me gusta descubrir esas pequeñas cosas y tirar del hilo, porque siempre se convierten en algo importante.

--Su popularidad habrá subido. 
--Y lo llevo bien, porque siempre digo que el pecado preferido del diablo es la vanidad. Puedes salvarte de muchos otros pecados, pero a todo el mundo le gusta que le paren por la calle y le pidan una foto o que te digan que les encanta el programa. Y a mí esto me gusta, porque hasta ahora nadie me ha parado para decirme que hago una mierda de espacio. Tal vez los que opinan que no hago un buen servicio simplemente no dicen nada o piensan que soy una especie de Terminator.

--¿Usted no se corta ni un pelo cuando pilla la cámara? 
--Me encanta. Grabo con gente todas las secuencias que puedo. 

Y, llegados a este punto, se destapa el Ramon Gener divulgador en su estado más puro. Una pizarra con anotaciones toma protagonismo.

--Esto es la escaleta de 'Madame Butterfly' [señala]. Todas las secuencias con un asterisco y un círculo son en las que estoy con gente. Me lo pongo expresamente, porque me gusta más estar con público. Hablar delante de la cámara no me cuesta, pero hacerlo con la gente, todavía menos.

--Se puede sentir afortunado. A Quim Masferrer, la productora Brutal Media le ha puesto una 'pick-up' en 'El foraster'. Pero a usted le ha subido a un Ferrari. 
--Ja, ja, ja... Me fascinó. Esa secuencia estuvo a punto de saltar porque Ferrari es una marca, y en TVE no se podía emitir, porque no hay publicidad. Nos costó, pero al final se entendió que Ferrari no es solo una marca de coches, y que me servía para explicar cómo funciona una voz de soprano. Estuve 15 minutos en un simulador y me tuvieron que sacar. Cuando salí, caí desplomado. Me tiré media hora con un mareo increíble.

--¿Alguna anécdota más? 
--En 'Pelléas et Mélisande' había una secuencia en lo alto de la torre Eiffel. Como soy un tipo flipado, subimos todos a pie. Cuando ya lo habíamos grabado todo, me di cuenta de que la ropa que llevaba era para otro programa. Y decidimos que no se hacía la secuencia. Al cabo de dos días teníamos un hueco y dije: "Me visto, subimos y lo hacemos".

--¿Y? 
--Lo grabamos todo y quedó muy bien. Ya en la sala de posproducción, en Barcelona, vi que aquella secuencia no funcionaba en el programa, y me la cargué. Solo hay un plano al principio. Subimos todos dos veces a pie, y al final ¡no existe!

--Vamos, que es un milagro que hoy siga vivo... 
--Todos entienden que en un rodaje lo más importante es el programa.

--A los 6 años, le llevaron al Liceu y se durmió. ¡Vaya premonición! 
--¡Pero es que eso no se puede hacer! La gente me pregunta cómo podemos arreglar el tema de la educación musical en la escuela. Y les contesto que no tengo ni idea. Yo solo sé explicar mis cosas, compartirlas y esperar que a la gente le gusten. Pero llevar a un niño de 6 años a la ópera es dramático: en el 90% de los casos será un fracaso absoluto.

--Por cierto, si Beethoven pudiera escucharle, como reza el título de su libro, ¿qué le diría? 
--[Y Gener se emociona] Que es mi héroe, la persona que más ha influido en la música y que hace que los Beatles sean como son. Es el primer músico que consigue ser un artista. ¡Es fascinante! 

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