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Propósitos para cambiar el futuro de la infancia

FERNANDO CARRUESCO. RESPONSABLE DE SENSIBILIZACIÓN DE SAVE THE CHILDREN

Pobreza en España

Mingo Venero (Save the Children)

Ya que estamos en plena catarsis, en medio del momento de transformación personal más importante del año, ¿por qué no nos proponemos, todos, cambiar las vidas de millones de niños y niñas? Sólo tenemos que asumir los retos de la infancia como propios e incluir a los niños dentro de nuestros propósitos.

Debemos ser más sensibles ante las situaciones de violencia contra la infancia. Miles de niños y niñas viven a diario, y en silencio, acoso escolar, maltrato físico o abusos sexuales. Un problema que marca para siempre sus vidas. Nuestro propósito ha de ser estar atentos ante la mínima señal de que se está produciendo una situación de este tipo y, sobre todo, intervenir ante la más mínima sospecha.

Nuestra sociedad tolera la violencia contra la infancia. Es habitual escuchar frases como “una bofetada a tiempo quita muchas tonterías”, “la letra con sangre entra” o “se nota que a ese niño no le han pegado nunca”. Estas formas de castigo no solo no ayudan, sino que tienen consecuencias graves para el desarrollo del niño. Existen otras alternativas, como las técnicas de parentalidad positiva, que podemos descubrir, aprender y aplicar en nuestro entorno.

Desde Save the Children estamos luchando por aprobar una ley integral que proteja a los niños de todas las formas de violencia. El Congreso se comprometió a tramitar la ley en septiembre de 2018. Pero necesitamos ayuda y apoyo para poder presionar a todas las instituciones y que cumplan su palabra.

Otro de los grandes retos es la pobreza infantil. Casi un millón y medio de niños viven en situación de pobreza severa en nuestro país. Niños que no mueren de hambre, que no piden en cada esquina. Que no se ven. Pero que cada noche de invierno pasan frío. Cada día comen los alimentos más baratos del supermercado. Y cada día están más cerca de abandonar sus estudios, condenados a repetir ese tipo de vida con sus hijos y sus nietos.

Mientras tanto, nosotros seguimos poniendo excusas para no ver este tipo de pobreza: “en España no hay pobres”, “seguro que ganan dinero de otra manera”, “si fueran pobres de verdad no tendrían una casa”, son ideas (falsas) que repetimos y que perjudican gravemente a las personas que sufren esta situación.

Para poder combatir de forma eficaz la pobreza infantil necesitamos que los gobiernos destinen más fondos de los presupuestos a ayudar a estas personas. Para ello, tenemos que conseguir que sea una prioridad, debemos ser conscientes de que existe esa pobreza y hemos de ayudar a visibilizarla.

El futuro social y económico de España pasará por la forma en que superemos la desigualdad y formemos a las futuras generaciones. Aquí tendrá un papel principal la segregación escolar, la tendencia a concentrar a los niños con menos recursos y peor rendimiento en determinados colegios. La realidad nos dice que esto provoca más conflictos y peor rendimiento para estos grupos, mientras que una correcta integración no empeora los resultados de los otros niños, enriquece a todos y permite mejorar sus resultados a los niños más desfavorecidos.

2018 debe ser, además, el año en el que aseguramos la protección de los niños y niñas migrantes que llegan a nuestro país, muchas veces solos. Desde Save the Children trabajamos para exigir al gobierno que estos menores vean cumplidos sus derechos, que sean tratados como niños y niñas antes que como extranjeros ilegales o inmigrantes. Una correcta protección, política de acogida e integración asegura un futuro para estos niños, un futuro que no tenían en sus países de origen.

De nuevo, es imprescindible que seamos los primeros que defienden los intereses y derechos de todos estos niños y niñas. No miremos hacia otro lado y, sobre todo, no seamos los primeros que ven al inmigrante antes que al niño. El apoyo de la sociedad es vital para asegurar el futuro y los derechos de todos ellos.

2018 puede ser el año en el que consigamos que todos los niños y niñas estén protegidos, vean cubiertas sus necesidades, se respeten sus derechos vengan de donde vengan, y tengan un futuro mejor gracias a una educación inclusiva de calidad. La responsabilidad de que así sea es de todos: del trabajo de Save the Children, de las políticas públicas y, sobre todo, de que todos y cada uno de nosotros esté concienciado de que, sin esto, no podemos seguir avanzando.

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