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HISTORIA DE SUPERACIÓN

Un joven invidente queda primero de su promoción de Biomedicina

Francesc Ganau quiere investigar sobre la enfermedad genética que le dejó ciego con cinco años

Comparte piso en el campus de la UAB con su hemana, con la misma enfermedad y que estudia Física

Helena López

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Francesc Ganau en la residencia universitaria de la UAB. / RICARD CUGAT

Cada uno tiene su especialidad. Él lava los platos y friega el suelo. Ella limpia el baño y barre. Hasta aquí, un esquema como otro otro cualquiera para intentar poner orden en un piso de estudiantes, como el que comparten Francesc y su hermana en la Vila Universitaria de la UAB. "El truco es fregar siempre como si estuviera todo muy muy sucio", confiesa Francesc, estos días en Filadelfia. El viaje, para participar en un congreso científico internacional, es su premio por haber sido el primero de su promoción de Biomedicina en la Universitat de Lleida. 

Además de ser un estudiante brillante -actualmente cursa un máster en Bioinformática en la UAB, de ahí su nueva residencia- y un buen hermano mayor, Francesc Ganau tiene solo entre un 5% y un 7% de visión. En porcentajes tan bajos es difícil de calcular. La suya es una enfermedad genética, aunque no tiene ningún antecedente en la familia. "Nací perfectamente y fue a los cuatro años cuando mis padres notaron que me acercaba mucho para ver la tele. En un año perdí el 90% de la visiónMe estabilicé a los cinco, con un 10%, pero desde entonces he ido perdiendo algo más al haber forzado tanto la vista. Si la gente normal con los años tiene vista cansada, imagina alguien como yo...", se sincera el joven científico.

"Nací perfectamente y fue a los cuatro años cuando mis padres notaron que me acercaba mucho a la tele"

Francesc Ganau

Biomédico

Sin antecedentes

Francesc tiene 22 años. "Cuando me lo diagnosticaron, en el 2008, me dijeron que en 10 años quizá se habría avanzado en la investigación de la enfermedad. Se cumplen el año que viene...", cuenta con la sonrisa que no le abandona. Quizá el avance llegue de su mano. Estudió Biomedicina con ese objetivo, después de haber hecho el trabajo de investigación en el instituto sobre su enfermedad y la de su hermana. Pese a no tener antecedentes, su hermana también la sufre. Como a él, eso no le impide ser una gran estudiante; en su caso, de primero de Física. "Nuestro caso es muy severo. Esta enfermedad, el síndrome de Stargardt, se suele empezar a desarrollar hacia los 16 años y se suele conservar más visión. En nuestro caso empezó mucho antes y perdimos mucho más", relata en una mesa de un bar de la Vila Universitaria, después de clase.

Sus espectaculares notas, un 9,3 de media en la carrera, son fruto del gran esfuerzo hecho por él y sus padres

Eligió el máster en Bioinformática porque era el único que podía hacer. "Yo necesito el ordenador para todo y es la única especialidad a la que podía acceder, porque en todas las otras tienes que hacer prácticas con botecitos, y para mí es imposible. Durante la carrera se inventaron una pequeña beca para un compañero de clase, y él me ayudaba con las prácticas", explica el leridano, quien admite que no es "de espíritu informático". "La informática, como herramienta, está muy bien; la necesito, además. Pero no la entiendo como fin. ¿Informática para aplicarla a qué? En eso estoy. Pensándolo, para ver qué hago el curso que viene", prosigue. Se plantea irse a estudiar fuera. A alguna ciudad europea. Domina el inglés y el francés. "De pequeño no podía hacer fútbol ni tenis, y mis padres querían que hiciera extraescolares, como cualquier niño, así que estudié inglés y francés. Y chelo, también estudié chelo, fui a clases hasta que terminé el instituto", enumera.

Las prácticas de la carrera, el curso pasado, las hizo en la Pompeu Fabra, en Barcelona. "Fue un cambio. La carrera la hice en Lleida porque mis padres no tenían claro lo de que me fuera a vivir solo, con 18 años; pero a los 22 pasé de la casa familiar en Lleida a una residencia de estudiantes en la Barceloneta, donde te despertaba cada noche un grupo de turistas borrachos", cuenta divertido. La experiencia le sirvió para confirmar que estaba preparado para vivir solo. Así qué, ¿por qué no hacerlo el curso próximo en algún otro país? 

Francesc Ganau, en el campus de la UAB / RICARD CUGAT

Sobra decir que sus espectaculares notas -un 9,3 de media en la carrera- son fruto del gran esfuerzo hecho por Francesc por sus padres, ambos profesores y ambos con un objetivo vital: que sus hijos tengan las mismas oportunidades que el resto de niños.

"Lo apunto todo. Todo. Y después, en casa, me lo leo todo, con calma. Tardo en leer un texto siete veces más de lo normal, así que calcula"

Fracesc Ganau

Biomédico

En clase usa una especie de taquígrafo. "Lo apunto todo. Todo. Y después, en casa, me lo leo todo, con calma. Tardo en leer un texto siete veces más que una persona normal, así que calcula cuatro horas de clase diarias, más dos o tres de trabajo en casa", señala. Ese trabajo lo hace en un ordenador especial, en el que escribe en blanco sobre negro, con una letra muy grande. 

Los exámenes

Para los exámenes, pide que se los impriman en Arial 20. "Siempre había algún profe que te venía con un DIN A3. ¡Y yo les decía que el tamaño del papel me daba igual, que ya me va bien un DIN A4, que el problema es el tamaño de la letra!", bromea. Pide también un poco más de tiempo, ya que tarda más en leer los enunciados, sobre todo en los exámenes tipo test.

Como suele pasar con los hermanos mayores, Francesc le abrió el camino a su hermana, quien sí se ha ido de casa a los 18. "A ella le cuesta más leer que a mí, así que buscamos una carrera con pocas letras, y Física no la hacían en Lleida, de modo que aprovechamos que Bioinformática la hacían en la UAB y nos inscribimos los dos. Ella está súpercontenta, claro", cuenta el joven, quien confiesa que lo que peor llevan -como en cualquier buen piso de estudiantes que se precie- es la comida: "Tiramos mucho de túpers de la mama y de bocadillos, y, a mediodía, acostumbramos a comer en el bar de la facultad", concluye el biomédico, quien insiste en que lo que más le incomoda es que la gente se incomode en su presencia. "Mi truco -concluye- es el sentido del humor. Soy el primero que me río de la situación, para destensar. Esa ha sido mi máxima siempre. Y me ha funcionado". No cabe duda.

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