DOS MESES DE LOS ATENTADOS

Ripoll, el laboratorio contra la islamofobia

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María Jesús Ibáñez

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No fue fácil volver a clase este año. Sania reconoce que lo hizo con cierto temor, que los últimos metros de la rampa que lleva hasta la entrada del instituto Abat Oliba de Ripoll, donde estudia un ciclo de formación profesional sobre Administración, los recorrió con mucha cautela. Eran las ocho y media de la mañana del 14 de septiembre y no había pasado ni un mes desde los terribles atentados terroristas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils. "Fue todo un cúmulo de emociones, allí estábamos todos en un estado muy difícil de explicar. Creo que sobre todo lo que tenía yo es miedo a la reacción de la gente", explica esta joven de 18 años, que conocía "solo de vista" a los jóvenes autores de los ataques, dos de ellos de su misma edad y alumnos del mismo centro.

Pero no pasó nada. Sania no tuvo ningún problema. Ni con los compañeros, ni con los profesores. Ni aquel primer día, ni el siguiente, ni los que siguieron a continuación. Se llevó, eso sí, varios abrazos de compañeras y muchos gestos de solidaridad. "Sí que hablamos sobre lo ocurrido un momento en clase, pero porque algún profe sacó el tema. A nadie le apeteció demasiado hablar de eso y allí se terminó la cosa", comenta, expeditivo, un chaval de la ESO, mientras trastea con su bicicleta.

Y así, dos meses de aquellos atentados yihadistas que sacudieron Catalunya, la población de Ripoll ha pasado página. O, al menos, está intentándolo. Aunque siempre se oyen voces críticas contra los inmigrantes (comentarios cazados al vuelo, sobre todo por parte de alguna persona mayor), el grueso de los ripollenses están "tratando de que todo vuelva cuanto antes a la normalidad y el esfuerzo es colectivo", asegura Ali Yasine, presidente de la comunidad islámica Annour de la localidad.

Obra de cuatro locos

"Las escuelas, públicas y concertadas, y el instituto han hecho un gran trabajo con los niños y la gran mayoría de la gente del pueblo ha comprendido que lo que pasó fue obra de cuatro locos, que ahora están muertos y que han traído un enorme dolor a todos, cristianos o musulmanes", prosigue Yasine, que es padre de un chico de siete años y medio.

También Ahmed Barbash, usuario de la mezquita de la asociación Annour, está satisfecho por cómo el colegio de su chaval, que acaba de cumplir nueve años, está ayudando a los chicos. "Él vuelve contento de clase cada día, como había sido siempre hasta ahora. No ha habido ni amenazas, ni enfrentamientos… nada", afirma rotundo. No se plantea siquiera que su hijo, en un futuro, pueda seguir la senda de los Oukabir, de los Hychami, de los Aalla o de los Abouyaaqoub, las cuatro parejas de hermanos de Ripoll que participaron en los atentados, bajo la batuta del imán Abdelbaki Es Satty. "Hemos aprendido la lección", asegura.

"Si la situación es normal es, entre otras cosas, porque la vuelta a clase se preparó a conciencia", dice el delegado de Ensenyament en Girona

"Si la situación en Ripoll es hoy de plena normalidad es, entre otras cosas, porque la vuelta a clase se preparó a conciencia, ya desde agosto, porque sabíamos que nos enfrentábamos a unas circunstancias novedosas, nunca antes vividas en Catalunya, que nos habían puesto a todos en estado de 'shock'", explica Josep Polanco, delegado territorial de la Conselleria d’Ensenyament en Girona. Gran parte del éxito, asegura, "es por el trabajo que se había hecho anteriormente, sin duda todo el esfuerzo de integración que hicieron durante muchos años las escuelas de Ripoll ha permitido que la situación se recondujera tan rápidamente".

Ripoll se ha convertido estos dos meses en una especie de laboratorio de pruebas para ver cómo la escuela debe afrontar episodios de gran tensión ciudadana. Los centros educativos de la localidad han trabajado con distintos materiales didácticos, que cada docente ha adaptado a su grupo de clase. Los profesores han recibido formaciones específicas en gestión del duelo y sobre resolución de conflictos y las familias realizaron reuniones preparatorias, antes de la vuelta al cole, para que supieran cómo abordar el tema en casa con sus hijos.

"Y el balance hasta el momento es francamente positivo: no existe ningún indicador de que haya islamofobia en las escuelas de Ripoll", subraya Polanco. Con todo, dentro de unas semanas, técnicos de la 'conselleria' regresarán a la población para hacer una evaluación más detallada de los resultados.

Un dolor íntimo

Las secuelas que el atentado ha dejado en Ripoll son más íntimas. El presidente de la comunidad islámica Annour, Ali Yasine, por ejemplo, se encuentra de baja desde agosto. "Aquella primera semana no pude pegar ojo, no hubo manera de conciliar el sueño. Pasé unos días de gran ansiedad, solo pensando en que habíamos tenido a aquel imán en nuestra mezquita…", explica. También se emocionan al hablar los maestros de los jóvenes terroristas, algunos de los cuales habían sido alumnos muy queridos, "chavales muy conocidos, que participaban en todas las actividades", cuentan los docentes. Los maestros están tratando de superar el sentimiento de impotencia, la culpa sentida por haber fallado en su cometido de integrar a los jóvenes inmigrantes.

Los maestros de los jóvenes terroristas están tratando de superar el sentimiento de culpa sentida por haber fallado en el cometido de integración

Aunque Ripoll esté pasando página, quienes trataron de cerca de los jóvenes muertos tienen todavía las heridas en una fase de cicatrización muy temprana. Raquel Rull, la educadora social que en agosto escribió una emotiva carta sobre los chicos, prefiere no hablar del asunto con este diario. Sí lo ha hecho el director del instituto Abat Oliba, Paco Navarro Coma, que todavía no es capaz de "comprender qué condujo a aquellos chicos a quitarse la vida de ese modo".