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LA LUCHA CONTRA EL SIDA

La píldora del día antes contra el VIH pide paso

La comunidad científica y las entidades urgen a Sanidad a aprobar el medicamento que protege del virus

Los estudios médicos demuestran que el tratamiento reduce en más del 95% el riesgo de contagio

Carlos Márquez Daniel

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Una pastilla de Truvada, el nombre comercial de la pastilla que protege del VIH.  / AP / JEFF CHIU

Dos nuevos infectados al día en Catalunya. Y 10 en toda España. El VIH se mantiene estable en nuestro país, y mientras no se encuentre una cura definitiva, la prevención, la educación sexual y la atención a los portadores del virus seguirá siendo la única vía para combatir la enfermedad. Por eso los expertos no se explican que el Ministerio de Sanidad no apruebe una pastilla que protege del VIH y que se ha demostrado efectiva en otros países bajo el nombre comercial de Truvada. La propia Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) ha recomendado su uso.

Se la conoce como la píldora del día antes, ya que es un antirretroviral que reduce el riesgo de infección, si se toma de manera correcta y diaria, en más de un 95%. Si se toma en un intervalo concreto, la protección cae al 86%. En estos casos basta con tomar una dosis de dos píldoras entre dos y 24 horas antes de la relación sexual, otra 24 horas después y una última, pasadas 48 horas. "En España solo se suministra en farmacias hospitalarias a los ya infectados para impedir, combinado con otros fármacos, la replicación del virus", señala Ferran Pujol, director del BCN Checkpoint, un centro pionero en la detección del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Esto significa que es imposible encontrarlo como profiláctico, es decir, como medida de protección para no infectarse. Aun así, se calcula que en España la toman de manera irregular unas 1.500 personas. 

"Medida impopular"

Esa es la batalla que tiene en pie de guerra a la comunidad médica y a las entidades contra Sanidad, que, según Pujol, "está dilatando la aprobación porque les asusta el precio del tratamiento [unos 400 euros mensuales] y porque sería una medida impopular". Alguien podría pensar que semejante pastilla incita al sexo sin protección. "Y no es esa la idea, se trata de reducir el riesgo de infección, sobre todo entre el colectivo de homosexuales [el 85,9% de los nuevos diagnosticados en el 2015 eran hombres]".

El Grupo de Estudio del Sida de la SEIMC presentó un extenso informe el año pasado en el que respaldaba "implantar esta estrategia preventiva en España" a la vista de que ha quedado demostrado que la PrEP "disminuye la transmisión del VIH en grupos de riesgo elevado". La eficacia del compuesto ha quedado probada en estudios clínicos realizados en lugares tan dispares como Estados Unidos, Canadá, Francia, Uganda, Tanzania o Tailandia. 

En Europa, la pastilla se puede conseguir en países como el Reino Unido, Francia y, más recientemente, Portugal. Esto ha generado un cierto mercadeo alegal, puesto que si uno tiene un conocido en Manchester, puede pedirle sin problemas que le baje el producto. También puede suceder, en menor medida, que los que la toman de forma lícita comercien con ella. 

El ejemplo de Londres

Si se intenta comprar en farmacias 'on line' (basta con escribir 'comprar Truvada' en Google), "lo más probable -alerta Pujol- es que al detectar el origen del pedido, la empresa rechace realizar en envío". Sobre el efecto de la pastilla, el responsable del BCN Checkpoint aporta un dato revelador: "Un centro de la calle Dean de Londres registraba en el 2015 unas 600 nuevas infecciones al año. En el 2016, ya con la píldora regulada, se redujo el número a la mitad. Con el promedio que llevan en este 2017, esperan cerrar diciembre con menos de 100 casos". En España, entre 130.000 y 160.000 personas viven con el VIH, de las que más del 20% no están diagnosticadas.

La idea no es que este medicamento se encuentre en la farmacia, al lado de la crema de manos o las toallitas de bebé. "Ese -señala Pujol- es un debate a parte". Lo que reclaman es que la pastilla, aprobada tanto por la Organización Mundial de la Salud como por la Agencia Europea del Medicamento, entre en el sistema público. Es decir, que un médico especialista en VIH pueda prescribirla para que la dispensación se haga tanto en hospitales como en clínicas y centros especializados en enfermedades de transmisión sexual. Luego habría que hablar del precio, de hasta dónde estaría dispuesto a financiar el Estado esos 400 euros mensuales que cuesta el tratamiento en el caso de que la ingesta sea diaria.

El BCN Checkpoint abrirá a finales de octubre un centro para controlar los ensayos clínicos con el fármaco (tienen en marcha un estudio con 250 personas) y para realizar el seguimiento de todos aquellos que toman la píldora. Sin preguntar de dónde la han sacado. 

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