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LUCHA CONTRA LA EXCLUSIÓN SOCIAL

Sin techo, con Twitter

Usuarios de la oenegé Arrels Fundació están detrás de @Placido_Mo, una cuenta a través de la cual explican experiencias vividas en la calle

Rosa Mari Sanz

De izquierda a derecha Antonio Medina, Joan Granja, Davide Andreoli y Manuel Puerta (con gorra), en la sede de Arrels.  / JULIO CARBÓ

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Encuentro en Arrels con cuatro usuarios de la oenegé que están tras una cuenta de Twitter, @Placido_Mo.

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Son visibles, aunque muchos ni les miren, pero ver, ser les ve, y cada vez más porque su presencia aumenta de manera progresiva desde los últimos años. Cerca de 3.400 personas no tienen un techo en Barcelona, de las cuales un millar duerme en la calle y unas 400 en asentamientos (otras 2.000 en equipamientos). Pero aunque se les vea, no se les oye. Con el objetivo precisamente de dar voz al colectivo Arrels Fundació impulsó en el 2010 una cuenta de Twitter, @Placido_Mo, tras la cual están personas que saben lo que es malvivir en las calles y lo explican. 

La cuenta ya ha superado los 2.000 seguidores. Quieren más. Quieren concienciar a cuantos más mejor sobre lo que supone no tener a dónde ir, del miedo que se siente, del frío, de los graves problemas de salud que sufren, tanto mentales como físicos, y que a la sociedad le duela la soledad que padecen. Esperan que quizá así, con esta labor de sensibilización, algún día sea realidad aquel ‘Nadie durmiendo en la calle’ tomado como eslogan de una campaña europea iniciada en el 2010 que proponía acabar con el sinhogarismo en el ya caduco 2015.

"Abro este Twitter buscando una oportunidad. Necesito explicar cómo me siento". Así saludaba por primera vez al usuario @Placido_Mo el 1 de diciembre del 2010.  Detrás se encontraban cinco personas, que han ido variando a lo largo de estos años. A veces han sido más, otras menos. Ya son una treintena los que han pasado por esta experiencia virtual en la que, confiesan, han llorado, se han emocionado, se han indignado, han reído... y no han dejado de tuitear cada semana lo que significa para ellos haber vivido en la calle o seguir durmiendo al raso, según los casos. 

Cada lunes, a las 16.30 horas, los 'Plácidos', como los llaman cariñosamente quienes trabajan con ellos, se reúnen frente al ordenador del centro que tiene Arrels en la calle de Riereta, en el Raval barcelonés, junto con la técnica de comunicación de la oenegé Silvia Torralba y la voluntaria Marié Morales. Llegan con un tema para proponer y si no lo tienen  ellas les echan un cable y les plantean uno. Reflexionan sobre ello y construyen tuits.  Dedican el final del encuentro a responder a preguntas que les envían sus seguidores. 

VIOLENCIA

El lunes, 3 de julio, fueron cuatro usuarios de Arrels al encuentro: Davide Andreoli, Joan Granja, Antonio Medina y Manuel Puerta. Ante la falta de sugerencias, Torralba invitó a hablar de la aporofobia, el odio a los pobres, a raíz de una noticia del día: 'Dos jóvenes se enfrentan a dos años de cárcel por agredir a un sintecho en Barcelona', acusación tras la cual está la fiscalía de Delitos de Odio y Discriminación. El tema fue rápidamente aceptado, todos tienen algo que contar. Porque un 47,1% de las personas sin hogar ha sufrido un  incidente o delito de odio, según el Observatorio Hatento

Los cuatro dijeron conocer casos, aunque en carne propia solo hayan vivido robos. Dicen que en la calle son muy habituales. Joan, por ejemplo, contó que un día se quedó dormido en la plaza de Urquinaona y al despertar le faltaba un libro que había sacado de una biblioteca y las gafas graduadas. A Manuel se le llevaron un paquete de tabaco en el que guardaba las colillas recogidas por la calle. «Estamos hartos de ver agresiones. Si veo que están pegando a  alguien me cambio de acera», dijo Joan, convencido de que la justicia tiene raseros diferentes. «Si estás en la calle no eres nada», sentenció.

No siempre se trata de aporofobia, también hay peleas entre personas que viven en la calle o en las que están implicadas chavales problemáticos, denunciaron. Pero lo que tienen en común prácticamente en todos los casos es en que no se denuncia. Lo corroboran desde Arrels. Cada semana la oenegé detecta a una persona agredida, pero es muy difícil que se deje acompañar a comisaría a explicarlo. En el caso de las mujeres, que además sufren violaciones, todavía es más raro que su agresión llegue a un juzgado. A partir de las reflexiones que fueron haciendo durante cerca de hora y media, los cuatro construyeron varios tuits, con sentencias como: «Cuando vives en la calle a veces sientes que la justicia hace caso omiso de ti»; «Si duermes en la calle y te agreden, no denuncias por miedo a que te vuelvan a agredir y por falta de confianza en la justicia» y «Cuando vives en la calle y sufres una agresión, si denuncias necesitas protección. El proceso es muy lento. Por eso la mayoría no denuncia». Y varias más, como:

Así es cada lunes desde hace cerca de seis años. En este tiempo cada semana aumentan el número de seguidores, «gota a gota», dice Torralba, quien recuerda que no siempre han sido virtuales. Tuvieron una grata experiencia el pasado marzo en el Col.legi d’Arquitectes de Catalunya, donde hicieron con público el encuentro tuitero. Ahora planean volver a salir a la calle, quizás en la plaza de Sant Jaume.  Y que se les vea. Porque invisibles no son, aunque tengan muy poca voz.

La carta que inspiró a @Placido_Mo

Plácido Moreno existió. Fue un sintecho acompañado por Arrels.  Murió por una enfermedad en octubre del 2010, a los 52 años, 10 de los cuales durmió en las calles. Dejó escrita esta carta para Arrels:  
 «En esta etapa de mi vida me pesa amargamente lo que sembré en el pasado pero, mientras recojo esa siembra negativa que no me llevaría a ninguna parte con lamentos, intento convertirlo en positivo aprendiendo a pedir ayuda a personas con una comprensión que, al escucharme, no me hacen sentirme más avergonzado de lo que yo ya me siento. Tanto yo como las demás personas que solicitamos su ayuda aprendemos que en realidad su ayuda es desinteresada y se sienten felices y satisfechos cuando ven que, aunque sea pasito a pasito, pero firme, luchamos y nos esforzamos comprometiéndonos en recuperar valores que creíamos perdidos del todo. Son personas que merecen nuestro respeto por su vocación desinteresada, incluso también sufren al no disponer de recursos suficientes con los que poder llegar a todos. Por todo ello, mi eterna gratitud porque sin vosotros la palabra esperanza no tendría sentido. Para todas las personas que dedican parte de su vida en la nuestra. Gracias».

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