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Debate sobre una complicación ginecológica

España dice 'no' a la baja menstrual

Los partidos políticos ven riesgos a la hora de imitar a Italia y promover un permiso para trabajadoras con reglas dolorosas

Las afectadas y los médicos especializados coinciden en que hay necesidades más urgentes para ayudar a estas mujeres

Patricia Martín

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Una mujer con dolores menstruales. / periodico (FOTO 123)

Hace unas semanas Italia copó decenas de titulares al anunciar que podría convertirse en el primer país occidental en regular un permiso laboral remunerado de tres días para las trabajadoras que sufran fuertes dolores durante la menstruación y cuenten con un aval médico, siguiendo la estela de algunas empresas a la vanguardia o las bajas existentes desde hace años en países como Japón, Corea del Sur o Indonesia.

En España, sin embargo, la situación está a años luz dado que los partidos políticos dudan a la hora de promover un permiso que podría desincentivar la contratación de mujeres. Además, las asociaciones de afectadas y los médicos especializados consideran que, antes de esta medida, la sanidad española debería ponerse las pilas para mejorar la atención a las enfermas que sufren dismenorrea (reglas dolorosas) o síndrome premestrual.

Por ejemplo, el PP considera que primero se debería fijar desde el ámbito sanitario y jurídico cuál es el concepto de ‘menstrualidad dolorosa’ y después llegar a “un acuerdo mínimo con agentes sociales y empresariales para que, en ningún caso, pudiese ser una medida que perjudique laboralmente al colectivo femenino”, en palabras del vicesecretario de sectorial, Javier Maroto.

IMPACTO EN LA CONTRATACIÓN

C’s comparte que debería estudiarse el impacto en la contratación. “No tenemos una postura definida, es algo a analizar, si la mujer está incapacitada para trabajar, hay que reconocer ese derecho, pero sin mermar los derechos de todas”, señala la portavoz de igualdad, Patricia Reyes.

Más receptivos se muestran en el PSOE y Podemos. Ángela Rodríguez, del partido morado, teme que el permiso se convierta en “obstáculo más” para las trabajadoras, pero aún así considera que toca a los partidos “reflexionar, analizar y sortear” las dificultades para plantear “la mejor solución lo antes posible”.

También los socialistas están abiertos a estudiar cómo articular la baja, de la mano de las afectadas y el ámbito médico. “Es evidente que tenemos que analizar la situación y tratar de dar una respuesta a las mujeres que sufren esta enfermedad tan dolorosa”, asevera Ángeles Álvarez.

FALTA DE ESTADÍSTICAS

Uno de los problemas para imitar a Italia es que en España no existen estadísticas fiables de cuántas mujeres sufren dismenorrea. Los profesionales aseguran que la menstruación no debe causar dolor, o al menos no ser fuerte. Si este aparece, puede estar provocado por enfermedades como la endometriosis (crecimiento del tejido endometrial fuera del útero) o el síndrome premestrual (amplio rango de síntomas emocionales o físicos que se presentan unos días antes del ciclo). En el primer caso lo sufren en torno al 10% de las mujeres en edad fértil y en el segundo podría ascender hasta el 30%.

Tampoco hay datos en torno a las trabajadoras que necesitan periódicamente bajas debido a la menstruación. El doctor Francisco Carmona, del Hospital Clinic, uno de los mayores especialistas en endometriosis, calcula que las afectadas por este trastorno pierden en torno a 11 horas semanales, teniendo en cuenta que no se rinde igual con dolores y que muchas se tienen que marchar a casa cuando no aguantan más. Por eso, él sí es partidario de que se “regule de alguna manera” que puedan ausentarse del trabajo. “La sociedad debería aceptar que una mujer no acude a su puesto de trabajo no es porque tenga cuento, sino porque está en enferma”, asevera.

AVAL CIENTÍFICO

La coordinadora de la mujer de la sociedad de médicos de atención primaria (Semergen), Ana Rosa Jurado, también opina que debería existir un “debate” y recuerda que el “aval científico” lo aporta la medicina, que limitaría y justificaría la incapacidad.

Las asociaciones de afectadas, por su parte, apoyan cualquier medida que mejore la calidad de vida de las afectadas, pero Eugenia Guillén, presidenta del colectivo estatal ADAEC, recuerda que hay cosas prioritarias. Coincide con esta opinión Cristina Gurruchaga, de la agrupación catalana, quien aventura que si las enfermas tuvieran una adecuada atención médica, “a lo mejor no necesitarían la baja”.

Su reflexión se basa en que, según reconoce el propio Ministerio de Sanidad, se han descrito demoras de más de 10 años entre la aparición de los síntomas y el diagnóstico definitivo. Y las dolencias se mitigan mucho con una adecuada medicación.

De ahí que las pacientes –y también el doctor Carmona- demanden que se mejore la formación de los médicos, se creen unidades multidisciplinares y se investigue las causas y la posible cura de la enfermedad. 

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