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La pobreza infantil: una realidad incómoda

Thomas Ubrich, investigador de Save the Children

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Pedro Armestre/Save the Children

Un año más se han hecho públicos los nuevos datos de pobreza y condiciones de vida en la sociedad española publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Ya podemos cerrar las apuestas… la suerte está echada.

La pobreza sigue penalizando a la infancia. Por octavo año consecutivo la precariedad y la escasez golpean con mayor fuerza a los menores de 18 años. En 2016 una cuarta parte de las familias con niños y niñas a su cargo (25,5%) y cuatro de cada diez familias monoparentales (42,2%) tienen serias dificultades para llegar a fin de mes, para cubrir los gastos de la vivienda o dar una alimentación adecuada a sus hijos.

Sin embargo, de nuevo los datos estadísticos nos van a ofrecer multitud de análisis, más o menos rigurosos. Otra vez nos vamos a asombrar escuchando o leyendo comentarios que discutan si los datos son reales, si los datos son meras estadísticas, si son fiables y si nos los podemos creer. Si son desmedidos o si reflejan la “realidad” que observamos; si son datos buenos o mejores que el año pasado, si alguien se va a aprovechar de ellos para sus intereses corporativos… o simplemente ¡para alzar la voz!

¿Quién tiene razón…? ¿Los negacionistas? ¿Los más optimistas que miran la “realidad” a través del prisma de la mejora de los datos macroeconómicos? ¿Los más cautelosos? ¿Los pesimistas (otros les llamaran realistas) que lamentan la (in)acción política en materia de protección e inversión social? ¿O bien será la mayoría silenciosa que observa impotente y casi apática cómo las consecuencias de un modelo socioeconómico continúa expulsando a los más débiles?

Lo miremos como lo miremos apenas ha cambiado nada. Más allá del indicador numérico de la tasa de pobreza que fluctúa ligeramente de año a otro, las situaciones de precariedad se han consolidado en nuestra sociedad.

Como alertábamos en nuestro informe Desheredados la crisis ha dejado una España mucho más desigual en la que los pobres lo son ahora mucho más, especialmente los niños y las niñas. Un desarrollo adecuado en la infancia es clave no sólo para las oportunidades en la vida adulta, sino también para el futuro de nuestras sociedades. En España, el Estado no ayuda a que todos los niños y niñas tengan las mismas oportunidades. Ni las políticas públicas de protección social ni el sistema fiscal en España están diseñados para acabar con la desigualdad y la pobreza.

A pesar de esta situación de aflicción social, la lucha contra la pobreza y la pobreza infantil en particular ha vuelto a quedar fuera de las prioridades del Gobierno, que tan solo ha destinado 25 millones de euros de los Presupuestos Generales del Estado a tal fin. Es escandaloso que el Estado abandone a los niños a su suerte: la de nacer en un contexto rico o pobre.

La desigualdad social y la pobreza se reducen empezando por la infancia. Basta de quinielas. No podemos seguir esperando que la coyuntura económica solucione el problema. Necesitamos de una apuesta política clara a favor de los más vulnerables.

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