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La receta del éxito: familias implicadas, trabajo en equipo y nada de improvisación

"Animamos a los padres a venir al aula a ayudarnos y así, de paso, observan cómo tratamos a los niños y ellos aprendan a hacerlo", explica el jefe de estudios

"Casi el 90% de los alumnos que llegan a bachillerato en el instituto del barrio, el Fontseré, son exalumnos del Ruyra", indica la directora

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Una madre del colegio Joaquim Ruyra de LHospitalet ayuda como voluntaria a un alumno de sexto de primaria en una clase de Matemáticas.

Una madre del colegio Joaquim Ruyra de LHospitalet ayuda como voluntaria a un alumno de sexto de primaria en una clase de Matemáticas. / ALBERT BERTRAN

Los resultados -contrastables- que obtienen los alumnos del colegio público Joaquim Ruyra de L'Hospitalet son el fruto, asegura el equipo directivo del centro, de muchas horas de trabajo en equipo en el claustro de profesores, de muchos encuentros y conversaciones con las familias de los alumnos y de mucha, mucha planificación. En educación no existen fórmulas mágicas, pero aquí va una pequeña guía de medidas que funcionan. Diga lo que diga el informe PISA.

PADRES QUE ENTRAN EN EL AULA

“Y si vuelves a perder otra vez el móvil, Wanda, pásate tú misma por aquí, que siempre encontrarás a alguien”, se despide Raquel García, a la puerta de la escuela, la directora del Joaquim Ruyra, tras una reunión con la joven madre de un alumno, a la que llevaba días tratando de localizar. Esta es, asegura la docente, una de las claves del éxito del centro: la estrecha relación que hay con las familias. "Siempre estamos en la puerta del colegio, a la entrada y la salida de los alumnos, a su disposición por si han de consultar algo... Y si hace falta, vamos nosotros a sus casas", afirma. 

La difícil situación por la que pasan muchas familias de alumnos no es excusa para que no participen en la vida del colegio. “Al contrario. Les animamos a que vengan a ayudarnos en clase, para que vean cómo progresan sus hijos y, de paso, observen cómo tratamos nosotros a los niños y ellos aprendan a hacerlo”, señala Miquel Charneco, jefe de estudios. El curso pasado hubo más de un centenar de intervenciones de familiares en actividades del centro.

PROFES QUE SE ARREMANGAN

Un problema administrativo dejó al Joaquim Ruyra fuera del listado de centros educativos de máxima complejidad socioeconómica y, por lo tanto, sin la plantilla de maestros adicionales que la Conselleria d'Ensenyament destina a este tipo de colegios, explica Jaume Graells, concejal de Educación del Ayuntamiento de L'Hospitalet. “Estamos trabajando para solucionarlo”, afirma el político. Pese a ello, la treintena de docentes que trabajan en el colegio “han conseguido que una escuela que hace unos años era un centro con graves problemas sociales y de convivencia, ahora esté rayando la excelencia”, destaca Graells.

La cohesión alcanzada entre el profesorado (pese a que cada año hay un número importante de traslados y de nuevas incorporaciones) incluye también a docentes ya jubilados, que colaboran por horas con la escuela, y al personal de educación especial, que se integra en el trabajo del aula. E importante: reina la paz social entre alumnos y familias, pese a la variadísima diversidad cultural que hay.

COMUNIDAD DE APRENDIZAJE

Las aulas abiertas, el aprendizaje activo y colaborativo entre los alumnos... Pero ni un ápice de improvisación. El trabajo en el Joaquim Ruyra “sigue el modelo de las comunidades de aprendizaje, que es un sistema avalado por estudios internacionales”, indica Raquel García. Esta metodología se aplica desde el curso 2008-2009 y, desde entonces, no solo han mejorado los resultados en las pruebas de competencias básicas de primaria, sino que “casi el 90% de los alumnos que llegan al bachillerato en el instituto del barrio, el Fontseré, son exalumnos del Ruyra”, dice con orgullo.

“La evaluación la llevan a cabo a través de una prueba de autoevaluación propia, donde todas las competencias que han de adquirir los alumnos en cada nivel están detalladamente definidas”, explica el concejal Graells. “Usamos libros de texto convencionales, de la editorial Vicens Vives, pero también recursos digitales, objetos manipulables y debates dialógicos. Y tratamos de organizar tantas salidas escolares como nos es posible, aunque tengamos que ir en metro”, detalla la directora.

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