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Familias rotas por la retirada de niños denuncian graves atropellos del sistema

Cuatro asociaciones llevarán la supuesta falta de garantías ante la Fiscalía General del Estado y el Parlamento Europeo

El proceso de desamparo no tiene tutela judicial y la Generalitat lo ha aplicado a 652 menores de enero a septiembre de este año

TERESA PÉREZ / BARCELONA

"A mis padres se les ocurrió pedir ayuda económica a la Administración y ahí empezó la pesadilla y la destrucción de mi familia", dice María, la denunciante. La joven ha estado cuatro años tutelada por la Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència (DGAIA). Este organismo ha retirado, desde enero hasta septiembre de este año, a 652 menores de sus familias. 

María explica que una mañana dos trabajadores de la Administración y dos 'mossos' fueron a su casa y se la llevaron a ella y a sus hermanos. "Corrían por las habitaciones recogiendo ropa en sacos de basura. Lo más impactante fue el momento en el que separaron a mi hermano de 9 meses del pecho de mi madre", relata. 

Este es uno de los últimos testimonios que ha recibido la Asociación para la Defensa del Menor (Aprodeme), con sede en Barcelona, que ha decidido presentar una denuncia ante la Fiscalía General del Estado y ante el Parlamento Europeo "contra el sistema de protección de menores de los servicios de bienestar social" que funciona en España. Y argumenta que, con la excusa de proteger a los niños, "se rompe sistemáticamente a familias, separando a los menores de las mismas, en la mayoría de los casos de forma abusiva y brutal". A esta iniciativa se han sumado otras tres entidades. 

DENUNCIAS ANÓNIMAS

Familias a las que la DGAIA les ha retirado en Catalunya a hijos o nietos se han organizado en Barcelona para coordinar las acciones legales. Un grupo de madres ha constituido la Marea Turquesa, coordinada en Catalunya por Rosa Gómez, y junto a Stop Impunidad Maltrato Infantil en Catalunya (Simicat), liderada por Judith Martínez Velasco, se manifiestan un domingo al mes en la plaza de Sant Jaume de Barcelona. Gemma Lienas, diputada del Parlament por el grupo Catalunya Sí Que Es Pot, ha pedido explicaciones a la 'consellera' de Afers Socials, Dolors Bassa. Actualmente, y según la DGAIA, en Catalunya hay 6.500 menores en desamparo: 3.840 en acogida, 2.850 en centros tutelados y el resto en otros espacios.
 

El proceso por el cual se abre un expediente a una familia puede comenzar con una denuncia anónima de vecinos, alertas de hospitales y colegios o bien denuncias cruzadas en divorcios complicados. O por "pedir ayuda a los servicios sociales municipales o comarcales", apunta Sílvia Giménez-Salinas, abogada de familia. Si se detecta que hay menores, la Administración enciende el foco.

Los argumentos para investigar a la familia son variados. Por ejemplo, que el niño lleva la misma ropa durante varios días, no va a clase o va con sandalias en invierno. Hay otras situaciones en las que la resolución de desamparo se argumenta así: "Precaridad económica. Actualmente en paro. Presenta inestabilidad laboral y falta de ingresos propios", consta en un documento al que ha tenido acceso este diario. Lienas lo ratifica: "La mayoría de las retiradas son en familias con pocos recursos". Pero también las han sufrido abogados, pediatras, ginecólogos o ejecutivos. 

SIN JUEZ

La retirada de un menor se produce cuando la Administración dictamina que el pequeño está en situación de desamparo. "La familia es conocedora y en la mayoría de los casos acepta los desamparos", argumenta Ricard Calvo, director general de la DGAIA. La decisión la toma un equipo técnico formado por un psicólogo, un pedagogo y un educador social. Es una resolución administrativa "sin garantías judiciales", señala Giménez-Salinas. "No tienen ningún control. Si no desamparan al menor y le ocurre algo la responsabilidad es de ellos y de la DGAIA, pero si desamparan y no hacía falta no pagan por su error", insiste Lienas. 

Por eso, en la denuncia colectiva que prepara Aprodeme se reclama "revisar todos los casos dudosos" y que se cambie el sistema actual para que intervenga desde el principio un juez, cosa que solo sucede cuando la familia quiere recuperar al menor. El abogado Enrique Vila, que coordina la denuncia de las familias de los menores, es contundente: "La retirada de un niño de su familia solo debe producirse en situaciones extremas, si el menor corre peligro físico o psíquico, y no siempre es así".

RETIRADAS EN LA CALLE

"Los Mossos retiran a los niños en colegios y la familia se entera cuando va a recogerlos o en la guardería como le sucedió a C.S. La separación también se produce en plena calle o en el hospital donde está ingresado", afirma Giménez-Salinas. Esto le ocurrió a C.C. con su hijo de 7 años. Vila concluye: "Procuran no ir a la casa porque precisan orden judicial". A veces, se cita a la familia en servicios sociales. "Te dicen que no hagas dramas y el niño se queda con ellos", afirma Rosa Goméz, que lleva 6 meses separada a la fuerza de su hijo Damià. Calvo afirma que la media para que un niño regrese a casa se sitúa entre de 2 y 3 años. Aunque hay ocasiones en las que la recuperación del menor se produce cuando este cumple 18 años, fecha en la que Administración los deja en la calle.

Francisco Cárdenas recuerda con una tristeza infinita cómo se llevaron a su hija preadoptiva. Fue el 12 de marzo del 2009 y no la ha vuelto a ver. "Me citaron en los servicios sociales del Paral·lel. Mi hija tenía 3 años y medio. Me acuerdo de que le había puesto un vestido blanco. Entré con mi hija y salí sin ella", cuenta. "Sentí como si hubiera pasado un autobús y se la hubiera llevado", dice. Su caso está en el Tribunal de Estrasburgo. "Quiero que siga con su familia actual, solo pido explicarle que yo no la abandoné, que me la quitaron", dice. Cárdenas piensa cada día en ella: "No una, sino mil veces, pero su recuerdo ya no me produce dolor. Es un pensamiento positivo porque la sigo queriendo”.

A partir de la retirada del niño, se comunica la resolución a la familia. "La medida es temporal y revisable anualmente. Cuando la familia ha cumplido el programa individualizado que se le pone recupera a los niños", apunta Calvo. El menor puede ingresar en un centro de la Generalitat, vivir con una familia de acogida o con parientes cercanos. Mientras dura el proceso, la familia no suele ver a sus pequeños y si lo hace es como, cuando y donde deciden los técnicos. El lugar es el llamado Espai de Visitas d'Infants i Adolescents. Aquí padres e hijos se ven durante un corto espacio de tiempo, pero siempre vigilados por un técnico. Rosa Gómez explica en una de las visitas le recriminaron que su hijo le hablara al oído. "Tiene miedo de decir cosas", apunta. 

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