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Homofobia en el nombre de Jehová

Cuatro extestigos de Jehová relatan el acoso de la organización religiosa por su condición sexual

La confesión considera que la homosexualidad es una enfermedad y expulsa a quienes la ejercen

GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

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Encuentro de testigos de Jehová en el Palau Sant Jordi, en el 2009. / ALBERT BERTRAN

La puerta del piso se abrió de golpe y el hombre se abalanzó por las escaleras en busca del aire de la calle. Con los bolsillos vacíos, abandonó a su familia y echó a correr sin mirar atrás hasta que se lo tragó la noche de Barcelona. Así empezó a salir de los Testigos de Jehová uno de los cuatro gais que han relatado a EL PERIÓDICO cómo la homofobia opresiva que esconde esta confesión religiosa -que cuenta con más de 100.000 devotos en España y más de 8 millones en todo el mundo- les obligó a traicionarse a sí mismos durante muchos años. Son cuatro extestigos que se han atrevido a hablar después de que Miguel García, que ha denunciado ante los Mossos el acoso y la justicia paralela de la confesión, rompiera el hielo en este diario.

Antes de cumplir los 20 años, Jordi (nombre ficticio) se enfrentó a tres comités judiciales de su congregación creados para juzgarle por haber mantenido relaciones homosexuales. Superó los dos primeros arrepintiéndose de sus actos y comprometiéndose a no recaer. En el tercero, los tres ancianos que lo juzgaban lo dieron por perdido y fue expulsado. "Era yo quien confesaba aquellos encuentros, porque me sentía muy mal", aclara. Hizo penitencia durante dos años. Se sentaba junto a su familia en la última fila del salón del reino de su congregación. "Yo quería 'ser bueno' y mis padres confiaron en que me redimiría". Consiguió ser readmitido al término de ese periodo de prueba. Se buscó una mujer, se casó y se esforzó en ser lo que se esperaba de él: un devoto heterosexual que formaba una familia con una mujer bautizada por los Testigos de Jehová. Hasta que no pudo soportarlo más. Jordi es el que salió corriendo de casa por la noche para huir de una vida impostada.

Jordi, extestigo de Barcelona, fue juzgado tres veces y finalmente expulsado por acostarse con hombres 

Nadie sale de los Testigos de Jehová despidiéndose con un apretón de manos de los que hasta entonces han sido sus 'hermanos'. Abandonar "la verdad" y adentrarse en "el mundo" -usando los términos a través de los que ellos distinguen lo que hay dentro y fuera de su burbuja espiritual- es casi un naufragio personal. Aunque hayan salido voluntariamente, su expulsión implica que su familia y sus amigos -todo lo que tienen- les den la espalda. También supone asumir el peor de sus temores: los testigos afirman que el Armagedón (el fin del mundo) es algo que se avecina y que solo aquellos que han sido bautizados en su fe serán rescatados y trasladados al paraíso.

PARA LOS GAIS NO HAY PARAÍSO

Fuentes de los Testigos Cristianos de Jehová en Catalunya aseguran que los suyos no sienten "fobia por nadie". Sin embargo, asemejan la gravedad de ser gay a la de ser un ladrón, y admiten que hay miembros que han sido expulsados por mantener relaciones homosexuales. Esta confesión interpreta la Biblia de un modo literal y, sobre la homosexualidad, el texto sagrado de la Iglesia católica dice esto, en Corintios, capítulo 6 versículo 9: "¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales (...) heredarán el reino de Dios".   

La Biblia dice explícitamente que ni los gais ni los afeminados "heredarán el paraíso"

Albert, otro extestigo gay de Barcelona que reclama un nombre falso para no añadir dolor a sus padres, subraya que esta confesión elige con cuidado las palabras que utiliza. "Nunca dirán que son homófobos, pero lo son". El grado de manipulación que sufren los devotos logró que él "renunciara por completo" a ejercer su sexualidad tras admitir que no le gustaban las mujeres. "Me olvidé de toda mi existencia por Dios", explica. "Lo lograron a través de la culpa, porque me hicieron sentir como un pecador; del miedo, en primer lugar a perder a mi familia, y de mantener baja mi autoestima". Al abandonar la comunidad, con más de 40 años, se sentía "morir". Han pasado más de dos años. ¿Cómo está? "Sigo arrancándome trozos de piel casi a diario, formas de pensar que creía que eran mías y seguían perteneciendo a toda la coerción que ejercieron sobre mí", explica.

Consideran la homosexualidad una "enfermedad" y creen que pueden "curarla". En el Reino Unido, durante las reuniones regionales que celebraban una o dos veces cada año, en las charlas hablaban constantemente de la homosexualidad, explica Paul Marshall, un hombre de 50 años que perteneció a una congregación de Testigos en Hastings (sur de Inglaterrra). 

Albert, otro extestigo: "Consiguieron que me reprimiera a través de la culpa, el miedo y mantener baja mi autoestima"

Sarah, una mujer transexual que en 1979 nació siendo hombre en Brasil, intentó como Jordi, Albert y Paul ser quien se esperaba de ella. Recibió palizas e insultos en la escuela por afeminado y en casa, tras ser expulsado de su congregación, su padre y su hermana dejaron de querer sentarse a la misma mesa que ella. Durante su comité judicial, se sinceró con los ancianos y les confesó que sabía que lo que tenía que hacer era sentir atracción por las mujeres pero que "no lo conseguía". El fallo fue echarla por "inmoralidad sexual", una sentencia que leyeron públicamente dentro del salón del reino de Jaboatao, Recife (Brasil). 

Cuatro historias que se unen a la de Miguel García para denunciar la persecución que sufren los gais de este credo. 

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