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Realidad virtual para la rehabilitación neurológica

Científicos de la UPF logran la recuperación de extremidades tras un ictus cerebral

Carmen Jané

Sistema de rehabilitación de pacientes con ictus usando sensores en el antebrazo.

Sistema de rehabilitación de pacientes con ictus usando sensores en el antebrazo. / ELISENDA PONS

“El cerebro es una máquina de aprendizaje activo que continuamente está creando modelos sobre el mundo, y un cerebro que ha sufrido daños ha de recomponer estas relaciones y eso lleva su tiempo”, afirma Paul Verschure, catedrático de tecnologías de la información de la UPF y director del programa SPECS, en el que, además de trabajar con inteligencia artificial, han desarrollado un sistema que ayuda a los pacientes con daño cerebral tras un ictus en su rehabilitación.

El mecanismo es un sistema con sensores y gafas de realidad virtual que sumerge al paciente en otro universo en el que se le pide que haga cosas. Puede ser parar una pelota que le viene de frente, sortear obstáculos mientras camina, tener que alcanzar objetos. Nada es real, pero para el paciente puede llegar a serlo. Porque, según los investigadores, en el caso de hemiplejias, el cerebro tiende a prescindir de usar una parte del cuerpo y han de “convencerle” para que vuelva a usarla. “El cerebro es sensible a los errores, y tiende a minimizarlos; si manipulamos el error, podemos hacer que el cerebro se recupere. Tenemos que convencerlo para que active su recuperación y para ello lo engañamos hasta que activa mecanismos insconscientes. Porque el cerebro necesita siempre retos y hay que creárselos”, señala Verschure.

Así, ante un estímulo inmersivo, el paciente puede llegar a alcanzar aquello que en la vida real se le resiste porque no se da cuenta. “Si haces que el cerebro crea que está menos dañado mejora, le crea confianza. Es una manipulación virtual”, asegura. El sistema ha dado muy buenos resultados aunque tiene, sin embargo, algunas limitaciones, como que solo funciona hasta tres años después del ictus, cuando el cerebro aún se está adaptando a su nueva situación, y todavía no está probado con otros tipos de daño cerebral que no sea el ictus. “Hemos visto unos 600 pacientes con ictus, lo que nos ha permitido mejorar mucho el sistema, pero no tantos con otros tipos de daño cerebral”.

El grupo ha creado una empresa, Eodyne, en la que también participan la Universitat Pompeu Fabra y el Institut Català d'Investigació Avançada (ICREA), y que actualmente trabaja con el hospital del Vall d’Hebron, el de la Esperanza y el Joan XXIII de Tarragona, así como en Madrid, Pamplona y Portugal. El sistema, aunque se aplica en hospitales bajo supervisión del terapeuta, también puede ser usado en casa con un ordenador doméstico.

Los mismos principios están aplicando otros investigadores con exoesqueletos en el caso de lesiones medulares leves.

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