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Gente corriente

Mariano Pesin: «El turista concienciado quiere saber qué pasa en la ciudad»

Mauricio Bernal

-O sea, que el origen de todo esto… Sí, empezó cuando trabajaba en el Park Güell. En el 2010. Estaba en el paro y me contrataron para hacer información turística.

-¿Información turística? ¿Con un peto, informando…? La verdad es que no nos dijeron muy bien qué era lo que teníamos que hacer. Si alguien me preguntaba, yo le daba toda la información posible sobre el parque.

-Y exactamente; ¿qué tiene que ver esto con lo que hace ahora? Bueno, tiene que ver porque en ese trabajo vi que al parque no iban los vecinos. Solo turistas. Yo no sabía si era que los vecinos ya lo conocían de sobra y pasaban de ir, no lo tenía claro. Cuando me quedé sin trabajo, porque era un trabajo temporal, un trabajo basura, se me ocurrió hacer rutas para vecinos y monté mi propio negocio, Órbita BCN.

-Arriesgado, ¿no? Quiero decir, si no sabía por qué no iban… Sí, era una posibilidad. Pero es que me ofendía cómo trataban a los vecinos. En ese trabajo me había dado cuenta del doble discurso del ayuntamiento: de puertas para afuera a favor del vecino, del disfrute del parque por parte del vecino, cuando de puertas para adentro lo que en realidad querían era privatizar el parque y dárselo a los turistas.

-Aún no cobraban por entrar. Cobraron al cabo de año y medio. El tiempo que pude hacer la ruta en el parque.

-Una ruta para vecinos, ¿no? ¿Qué contaba? ¿En qué era diferente de otras rutas? Pues yo decidí centrarme en un relato de la historia del parque, de la gestión, y además, me daba tanta rabia lo que ocurría que lo contaba: la presión de los turoperadores para que nadie salvo ellos pudiera hacer nada ahí, el afán de privatizarlo, todo eso.

-¿Y encontró público? Encontró público, naturalmente. Pasaron más de 2.000 personas antes de que cerraran el parque. Cuando lo cerraron, empecé a hacer rutas por otros barrios con la misma temática: explicando la historia del barrio, hablando de su ADN cultural y de lo que estaba pasando en la actualidad. La presión turística, la expulsión de los vecinos. Ocurre en toda la ciudad.

-¿Por ejemplo? Por ejemplo: la Barceloneta. Contaba la evolución del barrio, hablaba de la Barceloneta de los pescadores, de la Barceloneta anarquista... Pero también de la privatización del puerto, de los problemas de gestión turística, del hecho de que pasan los años y no solucionan los problemas que tienen los vecinos con el turismo, pero en cambio en tres años son capaces de construir un puerto tipo Mónaco.

-O sea, viene a ser una denuncia de la gentrificación de la ciudad. La gentrificación, al fin y al cabo, es un proceso urbanístico que tiene por objetivo el desplazamiento de las clases medias bajas de un barrio para que a ese barrio lo colonicen las clases medias altas. Hay mil manera de gentrificar, pero en Barcelona la herramienta para hacerlo es el turismo.

-Y usted denuncia eso. Como un topo, ¿no? Desde una actividad turística típica. Bueno, yo tengo mi propia autorregulación, que me permite no formar parte de la industria. Los grupos son de máximo 15 personas; y no vendo la marca Barcelona, sino la identidad de la ciudad. Eso es importante. Invito a que la gente repiense, le dé una vuelta, vea la otra ciudad. Con el plus de que lo hace un argentino. Una mirada de fuera, ¿me entiende?

-¿Cuántas rutas hace ahora? Tengo 11 rutas por Barcelona. La verdad es que cada vez se apuntan más turistas, pero es el tipo de turismo concienciado que quiere saber qué pasa en el lugar, que no se contenta con tomar la foto.

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