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ACTUACIÓN DE IMPACTO EN MANRESA

Una quincena de discapacitados forman una red humana a 40 metros de altura con La Fura

La compañía se suma al 50º aniversario de la entidad Ampans y reclama a la sociedad complicidad con la discapacidad

La acción demuestra el potencial de los participantes y la injusticia de los tabús sobre sus posibilidades

Víctor Vargas Llamas

Una de las coreografías de La Fura que se han disfrutado en la plaza de Sant Domènec. / MARC VILA

Una de las coreografías de La Fura que se han disfrutado en la plaza de Sant Domènec.
Los integrantes de la red esperan que la grúa les suspenda en el aire ante la expectación del numeroso público congregado.
Los 42 integrantes de La Xarxa, suspendidos en el aire para celebrar el 50º aniversario de Ampans, este sábado, en Manresa.
Espectáculo La xarxa de La Fura dels Baus en Manresa

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¡Que no cunda el pánico! Sí, están suspendidos a 40 metros de altura, pero no hay nada que temer: tienen red. Mmmmm ¿Red? ¿Seguro? ¿Qué pasa cuando la malla de protección es uno mismo? También entonces se puede flotar en armonía. Basta comprobar el arnés y tomar conciencia de formar parte de un grupo que insufla el equilibrio y la fuerza para no sucumbir al pánico. Así lo han demostrado este sábado en Manresa 42 personas vinculadas con la Fundación Ampans, que celebra sus 50 años dedicada a mejorar las condiciones de personas con discapacidad intelectual. Una tercera parte de la intrépida tripulación eran discapacitados, tomando el relevo a La Fura dels Baus con insolente naturalidad para protagonizar La Xarxa, una de las actuaciones más emblemáticas de la compañía catalana. 

Basta con mirar las caras y las risas nerviosas de los valientes para percatarse de que en la explanada de la plaza de Sant Domènec llegaba la hora de la verdad. Usuarios, personal de Ampans, voluntarios y ciudadanos que se sumaban al proyecto completaban la expedición a las alturas. Rictus serios al atender las indicaciones de Gerard Costa, uno de los responsables de Anigami, empresa encargada de la seguridad de los espectáculos de La Fura. Un mes han estado los chicos de Ampans repasando la coreografía con los ‘fureros’ Àgata Tantiñà y Raúl Vargas, pero siempre con los pies en el suelo. Ahora se acaba el confort y llega la adrenalina. 

Toni Espinal

DIRECTOR DE AMPANS

Con apoyo y trabajo en red, todas las personas tienen una oportunidad en la sociedad sin importar su condición

“¡Mucha mierda!”, grita Meri García a sus compañeros mientras la grúa comienza a elevar la viga sobre la que penden los cabos a los que se aferran los expedicionarios. “No sé cómo estaré arriba. Espero no tener vértigo y no sentirme sola”, dice instantes antes de que le toque subir a ella, que ocupa una de las posiciones inferiores.

SENTIMIENTO

El director de Ampans, Toni Espinal, explica que la voluntad es transmitir que "con apoyo y trabajando en red todas las personas tienen cabida en la sociedad y disponen de una oportunidad”. Desde el pavimento, nadie distingue quién es terapeuta y quién paciente, quién afronta dificultades para llevar una vida normal y quién no debe superar el prejuicio. En las alturas, solo hay grito y sentimiento. "Los discapacitados transmiten emoción de una forma brutal, como no pueden hacer los artistas. Expresan todo lo que sienten: son los mejores actores del mundo”, explica Pera Tantiñá, uno de los fundadores de La Fura.

Mientras, los protagonistas combinan posturas asiendo los pies del compañero de arriba, encogiéndose y estirándose, dando forma a la música de los Puput: Ahora estrella, después bolita, corriendo en el aire... Y la red, siempre la red. "La red es apoyo y oportunidad, una forma de pedir la complicidad de todos para hacer realidad nuestro lema: Juntos hacemos futuro", explica Joana Tubau para definir la filosofía de Ampans.

Meri García

PARTICIPANTE EN LA XARXA

¡Arriba te sientes tan libre, tan feliz y sin presión! Y piensas: '¡miradme bien, soy yo, y lo he conseguido!'

Desciende la grúa y la red se vuelve terrenal, no así las sensaciones de los integrantes. Jordi apenas articula palabra, pero su sonrisa lo dice todo. Amaia Valentín está contenta tras ver “a todo el mundo tan pequeñito”, pero confiesa que se le ha hecho largo. Meri está “flipando". "Antes de subir pensaba ‘¿y si no soy capaz y quedo mal con los que han venido a verme?‘. Pero arriba te sientes tan libre y piensas ‘¡miradme bien, soy yo, y lo he conseguido!’. Dice que la red le ha cambiado, que ha perdido el miedo y ya piensa "en ir a por la Shambhala", la montaña rusa de Port Aventura. Parece que también ha descubierto su auténtica vocación cuando le dice a Raúl que no le perdonará "jamás" que no cuenten con ella si buscan sustitutos para la próxima Xarxa. 

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