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Gente corriente

Pere Casas: "Aquí tenemos niños; en el hospital, enfermos"

Olga Merino

Fue director de una escuela hasta que la leucemia aguda diagnosticada a su hija a los 3 años y medio le asestó un mazazo. Desde entonces, Pere Casas Oliver (L'Hospitalet, 1952) ha consagrado su empeño a los críos con enfermedades, primero como fundador de la Associació de Familiars i Amics de Nens Oncològics de Catalunya y, desde el 2002, como responsable de Casa Ronald McDonald (www.casaronaldbarcelona.org).

-Con el cáncer de mi hija, que ya ha cumplido 33 años, aprendí cuáles son los valores importantes en la vida. Siempre me digo lo mismo: «¿Se puede pagar con dinero? Entonces, no me preocupa; si no lo tengo, ya lo buscaré». Aun así, el proceso duró 10 años y fue muy duro, a pesar de que vivíamos al lado del hospital, teníamos la familia aquí y podía compaginármelo con el trabajo.

-Entiendo que no siempre es así.

-Imagínese pasar por el mismo trago, pero lejos de casa y habiendo tenido que abandonar el trabajo. Por eso, todo lo que haga por estas familias siempre me parecerá poco.

-¿Cuántas caben en la casa?

-Quince al mismo tiempo. Los televisores de las habitaciones, por cierto, nos los regaló Andrés Iniesta, que viene a menudo a jugar con los chavales. Las familias disponen de neveras y fogones para uso individual.

-Dormir, ducha y de vuelta al hospital...

-Así es la vida de estos padres hasta que termina el tratamiento. Imagine lo que supondría arrendar un piso tal como están los alquileres en Barcelona. Pero el beneficio no es solo el ahorro, sino también el compartir el trance con otras familias que están pasando por lo mismo.

-Claro.

-Un sentimiento habitual es la culpa, ¿qué hemos hecho mal? Hasta que asumen que nadie la tiene, que esta es la única lotería en que te toca el gordo sin haber comprado ningún décimo.

-¿Los niños también viven en la casa?

-Esa es la clave. Si la enfermedad no es contagiosa y lo permite -lo más frecuente son cánceres, cardiopatías y casos de trasplante-, duermen aquí con los suyos. Y eso los convierte en niños felices porque conviven con sus padres y hermanos, niños que juegan con otros niños… Incluso se habla de un incremento en las curaciones (el 85% sale adelante). En la Casa Ronald McDonald tenemos niños; en el hospital, enfermos.

-Trabajar aquí, una lección diaria.

-Vivo escenas impresionantes. Mire, una familia de Alicante vino con la niña enferma, que ya no salió del hospital. Cuando hacía dos horas del fallecimiento, la madre me dijo: «Pere, lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido estar en esta casa». Al cabo de dos meses, el padre vino a Barcelona por motivos de trabajo; un mediodía llamó a la puerta y me entregó un sobre: «Estos son los ahorros que tenía la niña; nadie les dará más provecho que vosotros».

-¿De dónde proceden las familias?

-El 33% proviene de Catalunya, el 51% del resto de España y el 16% del extranjero.

-¿Qué vinculación tienen con McDonald's, la multinacional de las hamburguesas?

-Cuando se implanta en un país, la empresa se compromete a construir una casa y mantenerla, y ya hay 352 en todo el mundo. Aquí, en España, el 0,1% de las ventas de los restaurantes se destina a la Fundación Ronald McDonald.

-¿Márketing? ¿Deducción fiscal?

-Puedo asegurarle que hasta hace tres años McDonald's no se desgravó ni un céntimo. Puede que la gente piense que se trata de una especie de lavado de imagen, pero creo que responde a un concepto muy norteamericano de empresa, en el sentido de devolver a la sociedad una parte de lo que has recibido de ella.

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