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El deporte infantil alecciona a los padres agresivos

El Baix Llobregat impulsa una clasificación que prioriza la deportividad al marcador

El modelo busca liberar a los chicos de una presión que les impide formarse y disfrutar

Víctor Vargas Llamas

Un momento de un partido de fútbol entre los prebenjamines del Sant Ildefons B y la Penya Recreativa Sant Feliu C.

Un momento de un partido de fútbol entre los prebenjamines del Sant Ildefons B y la Penya Recreativa Sant Feliu C. / ALBERT BERTRAN

El árbitro pita el final del partido y una bandada de camisetas naranjas se desbocan hasta el lateral de la pista del pabellón de Sant Ildefons, en Cornellà, para compartir con sus padres una euforia que les desborda. Viendo la escena, cualquiera pensaría que los benjamines del Cornellà Fútbol Sala acaban de ganar la liga. Nada más lejos de la realidad. De hecho, acaban de encajar una clara derrota en casa (4-7) ante los chavales del Sant Climent. Pero ellos no se sienten perdedores. No pueden hacerlo en un sistema de competición en el que la mayoría de los puntos en juego no se ventilan por lo que diga el marcador, sino por la atmósfera en la que se desarrolla el juego en la pista y, sobre todo, en las gradas y el banquillo, el hábitat de los adultos.

Y es que si hay un lugar en el que han entendido la máxima futbolística de que la afición es el jugador número 12 es en el Baix Llobregat. El Consell Esportiu de esta comarca impulsa por tercera temporada el Juga Verd Play, un nuevo sistema que representa un cambio de paradigma en el modelo de competición. “El deporte debe ser una herramienta para educar en valores y, por eso, en esta liga se evalúa el comportamiento de todos aquellos que puedan influir en la formación de los niños, por encima del marcador”, explica el presidente de la entidad, Salvador Valls.

SISTEMA DE PUNTUACIÓN

La actuación de cada equipo se traduce en un máximo de 10 puntos: 3 de ellos se obtienen en función del resultado (3 por victoria, 2 por empate, 1 por derrota) y los otros 7 por el comportamiento de los actores que intervienen. Los entrenadores pueden otorgar 2 puntos (uno al técnico rival y otro a los jugadores adversarios), el árbitro o dinamizador de juego otros 2  (1 para el público y otro para cada técnico), un tutor de grada puede dar un punto a su propia afición si se ha comportado bien y hay otro guarismo que puede conceder la afición a los jugadores del equipo rival mediante una 'app' disponible para todo el público. El décimo punto lo otorga el árbitro con una tarjeta verde para premiar actitudes como ayudar a un adversario a reincorporarse o que la afición anime con deportividad.

ANIMAR TIENE PREMIO

Una de esas tarjetas verdes la reciben los aficionados del Cornellà en la media parte por el ahínco con el que animan a los suyos con un claro marcador en contra (1-5) y por el civismo con el que aplaudían jugadas de los rivales. Uno de esos abnegados padres es Juan Carlos Bonilla, que elogia la iniciativa del Juga Verd Play porque “responsabiliza más a los adultos y permite a los niños centrarse  solo en jugar”. Y casi emula a Cruyff antes de la final de Wembley cuando relata qué le dice a su hijo en la previa de un partido: “Le pido a Raúl que salga a disfrutar por encima de todo. Y si encima gana...”. 

Bonilla reconoce que la prevención debe centrar la mayoría de los esfuerzos para aplacar los ánimos de los adultos. Y Valls coincide en el análisis: “Se ve con frecuencia a un hijo diciéndole al padre que se calle, que les está perjudicando. ¡Hijos de 7 años que hacen callar y educan al padre!”.

DATOS DE LA NOTICIA

  • Juga Verd Play Se desarrolla en cinco deportes colectivos: baloncesto, balonmano, voleibol, fútbol sala y fútbol.
  • Una 'app' La liga dispone de una aplicación para consultar clasificaciones a través d ela cual el público puede votar.
  • Por zonas Los equipos de una zona juegan una liguilla hasta febrero, cuando se dividen en torneos según la clasificación.

Lo sabe bien Víctor López, un joven árbitro de 20 años que se llevó un gran susto en un partido de infantiles de fútbol sala. “Un entrenador estaba muy tenso, protestaba todas mis decisiones y tuve que pedirle que se comportase por la mala imagen que daba. Tras una falta clara que pité invadió el campo y con él todos los padres de su afición. Tuve que anular el partido y no pasó nada gracias a los demás dinamizadores”, recuerda Víctor, que tenía apenas 6 años más que los jugadores a los que arbitraba. El consejo escolar analizó la furibunda reacción. “Estaban tensos porque iban terceros pese a ganar todos los partidos. La clave es que todos los rivales y árbitros valoraban negativamente su comportamiento”, expone Valls. La entidad decidió abordar el tema e informar de la situación a la directora del centro para que adoptara medidas.

CONCIENCIACIÓN

Ese ambiente irrespirable no se percibe en la mayoría de partidos desarrollados bajo la filosofía de Juga Verd Play, según certifica Víctor. Tampoco se aprecia en el campo de fútbol del Sant Ildefons cuando el equipo de fútbol 7 del prebenjamín B local se bate ante la Penya Recreativa de Sant Feliu C. Paqui García, tutora de grada del conjunto de Cornellà, no debe mediar en ningún conflicto y puede disfrutar del juego de Joel, su hijo. “Antes hacía natación y cuando me dijo que se pasaba al fútbol me asusté porque hay demasiada competitividad; pero esta iniciativa libera de la presión externa a  los pequeños”, explica Paqui. Asiente a su lado Antonio López, abuelo de Raúl, que con tremendísima socarronería se confiesa integrante del “fondo norte” del Sant Ildefons. Él, que tanto fútbol ha mamado a sus 65 años, lamenta que la lacra suele estar en la “falta de autocontrol” de la grada. Pero no en esta liga infantil, donde la concienciación cala entre los adultos. “La máxima presión para Joel es decirle que si marca le preparo un bocata de beicon”, suelta Paqui entre carcajadas.

Acaba el partido con victoria local. Un 4-2 en el marcador y un 8,25 frente a un 7,50 en la clasificación definitiva. Guarismos que costaría atribuir a cada bando viendo las caras de unos y otros al estrecharse la mano en el centro del campo. Hasta que los chavales del Sant Ildefons imitan a sus estrellas y se lanzan al césped para dar las gracias al fondo norte. Quizás les suene a tópico futbolístico, pero los pequeñajos ya tienen muy claro que la victoria no habría sido posible sin su afición.

Más de 6.000 chavales

En la competición de Juga Verd Play  participan más de 6.000 chavales, de P-4 hasta sexto de primaria, distribuidos en 493 equipos de colegios en su mayoría y algunos clubs federados del Baix Llobregat. El modelo tiene tal éxito que incluso equipos de fuera de la comarca  han pedido integrarse en la competición, como conjuntos de Barcelona, Rubí o Masquefa. La buena acogida llega incluso a nivel institucional. “La Generalitat obligará a todos los consejos deportivos comarcales a aplicar una clasificación integrada como la nuestra o una doble clasificación para resultados deportivos y otra que contempla los valores mostrados por los equipos, como ya hace el Consell de l’Esport Escolar de Barcelona”, explica Salvador Valls, presidente del Consell Esportiu del Baix Llobregat.

En Badalona, Sant Adrià de Besòs y Santa Colo ma de Gramenet, el grupo La Rotllana impulsa el proyecto Liga de barrio. para chicos de 12 a 17 años, en el que se premian aspectos como el respeto al rival  y al colegiado y la puntualidad. La iniciativa cuenta con el aval del Espanyol, que cede su ciudad deportiva para acoger la mayoría de encuentros

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