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Gente corriente

Manuel López: «La tórtola es agradecida y fiel en el matrimonio»

Mauricio Bernal

-Cuando salgamos de la zona de los árboles ellas vendrán. Ya verá.

-Ahora tienen un nido ahí, miraremos a ver si bajan. Ayer bajaron, y el sábado también.

-Huy, no me he traído el silbato. Pero bueno, igual bajarán.

-¡Vamos, vamos, gente! Tú, venga, tú, venga, aquí, aquí. ¡Tú, bonita, ven aquí! Tú, tú, aquí. Ven aquí.

Manuel López es un funcionario jubilado de 75 años, vecino del parque de Joan Miró, en Barcelona, que dos veces al día, cada día, baja a alimentar a las tórtolas del lugar. No es un simple esparcidor de pienso: López tiene identificadas a las aves, bautizadas unas cuantas, y ha curado algún ejemplar herido en su casa. Las tórtolas cuando López llega al parque lo reconocen y empiezan a revolotear a su alrededor; comen de su mano, se detienen a contemplar el paisaje instaladas sobre su cabeza calva. Hay en el barrio quien lo tiene por una especie de insólito chamán.

-Yo ahora me sentaré allí, junto a la palmera, mirando para allá, y entonces vendrán. ¿Lo ve? ¿Lo ve? Aquí, chiquita, aquí. ¿Lo ve?

-Lo veo. Le conocen.

-¡Tú! ¡Qué haces! Venga, chiquita, ven aquí. Perdone. ¿Quiere saber cómo empezó esto?

-Le iba a preguntar.

-Tenía una carolina en casa que había traído de Granada, y un día se escapó. Estuvo como ocho horas fuera, hasta que bajé al parque y empecé a llamarla y… Aquí, sí, venga, toma… Eso… Perdón. Empecé a llamarla y ella vino. Y a los tres o cuatro días yo pensé: «Si llamándola ha venido, si la dejo suelta, cada vez que la llame vendrá». Así que la solté, y así fue, cada vez que la llamaba, venía.

-Porque prefería verla libre, supongo.

-Claro. Lo que pasó fue que un día no volvió a aparecer. Yo creo que se la comió una gaviota. ¡Mire! Esta es la Ali. Ali, ven aquí. Ali.

-¿Ali?

-De Alicortada. Nació así, la pobre, y como es frágil los demás no la dejan ni comer ni beber. Pero bueno, es la ley de la naturaleza. Ali, ven aquí… Eso, bonita, bebe, bebe… Yo no me voy del parque sin que la Ali coma.

-¿Les pone nombre a todas las tórtolas del parque?

-A muchas. Los que se me suben en la cabeza son los gemelos, que nunca he podido diferenciarlos, son igualitos los dos. Y luego está la Paci, de Pacífica, que es la madre, y el Pele, de Peleón, que es el padre.

-Ah. Son familia.

-A la Paci yo la crié en mi casa. Un día se cayó del nido y quedó herida, y me la llevé y la curé. Toma, ven, chiquitita, venga, sube… Perdón. ¿Qué decía? Ah, sí. Después la solté, pero cuando venía por el parque ella se me acercaba. Luego se apareó con el Peleón y también se acercaba el Peleón, y luego venían los hijos, toda la familia. Y ahora hay otra pareja que me ve y también viene, y todas, al final todas al verme se acercan. ¿Sabe lo que me gusta de estos animales?

-¿Qué?

-Chiquita, sube aquí, chiquita… Me gusta que son agradecidas, que no olvidan, Y me gusta que son fieles: fieles en el matrimonio, por decirlo de algún modo, fieles al que las cuida, fieles incluso a su territorio.

-¿Fieles… al parque, quiere decir?

-No. Las palomas no, pero las tórtolas, las familias de tórtolas, se dividen el parque por partes, por territorios.

-Ah. 

-La gente yo sé que me toma por loco. Y lo entiendo. Si yo veo a un tío mirando a un árbol y diciéndole a una tórtola: «Ven, baja, bonita, baja», pues yo también diría: «Este tío está tonto».

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