Ir a contenido

Gente corriente

Pili Cugat Royo: «El canto de Blanca evoca la añoranza del pasado judío»

Carme Escales

Ni es judía, ni profesa ninguna religión, aunque sí se muevan en la vida de esta tortosina inquietudes espirituales, pero que -afirma- nada tienen que ver con dogmas concretos más allá de sus sentimientos y emoción. Desde hace un año, Pili Cugat (Tortosa, 1970) es La jueva de Tortosa. Pasea a turistas y a vecinos de las Terres de l'Ebre por la judería de su ciudad, encarnando a una figurada residente del barrio judío en el siglo XV. El canto sefardí que Cugat interpreta en esa visita teatralizada hace saltar alguna lágrima. El éxito de su adaptación ha hecho que en otros lugares como Tarragona o Falset también reclamen su voz para cantar la historia.

-¿Qué le cuenta su personaje al visitante?

-Blanca de Tortosa, con un vestido de la época medieval y un pañuelo en la cabeza, de color verde como representación de la esperanza, explica momentos concretos de su vida cotidiana en la judería, intercalando datos del contexto histórico para situar al visitante. El canto sefardí de Blanca evoca la añoranza del pasado y de la tierra que los judíos tuvieron que abandonar al ser expulsados, su añorada Sefarad, antigua denominación de España para la comunidad judía.

-¿Qué transmite ella como persona?

-Blanca es una mujer fuerte y valiente, que antepone su libertad a las imposiciones del momento y que prefiere marcharse con la diáspora antes que renunciar a sus valores y tradiciones. Destacan también su gran amor a la naturaleza, a la tierra, al río... Me atrajo mucho el respeto que se tenía a los derechos de la mujer judía, impensable en aquel tiempo del universo cristiano en el que la mujer era menospreciada. Mi personaje, sobre todo, transmite emoción; en la visita, el canto es un camino a la emoción.

-¿Qué fue primero, su trabajo como guía turística o su dedicación al canto?

-Se juntaron mis dos pasiones. Fue a partir de mi experiencia como guía turística de la ciudad [es guía oficial turística de Catalunya] y mi pasión por el canto, que surgió el proyecto, para el que he contado siempre con la estrecha colaboración de Josep Miquel Martínez [promoción, imagen y coach de La jueva de Tortosa].

-Después del éxito, tal vez ya no le motive ahora una visita guiada en la que no cante.

-Pues no. El éxito de la visita teatralizada y cantada se está convirtiendo en un referente para otras poblaciones que quieren dar a conocer su patrimonio, como Tarragona y Falset, donde desarrollo proyectos similares, y colaboramos también con Sant Mateu (Maestrat) y Sant Carles de la Ràpita.

SEnDLa jueva se hace nómada...

-En Tarragona y Falset, sí. Pero también se transforma. En una visita al castillo de la Suda de Tortosa -Parador Nacional-, la jueva se convierte en La dama del castillo, que canta y explica los diferentes momentos y pueblos que pasaron por la fortificación. Y, en otro contexto, entre olivos milenarios, la jueva escenifica El canto del olivo, que cuenta y canta el día a día de los agricultores y sus costumbres y otras historias del ancestral cultivo de las Terres de l'Ebre.

-¿Las familias con niños también se apuntan a sus visitas teatralizadas?

-¡Sí! Los niños son un regalo en las visitas. Su espontaneidad los hace participar de manera activa en la representación. Niños y adultos cantan conmigo el canto sefardí de La jueva de Tortosa. Y muy a menudo, la gente deja aflorar el sentimiento derramando alguna lágrima cuando el personaje de Blanca expresa con el canto el dolor que le supone abandonar su hogar.

-¿Cuál es el recorrido en la visita a la judería de Tortosa y cuánto dura el paseo?

-Seguimos el trazado del barrio judío de la ciudad, que se ha mantenido hasta nuestros días. Nos detenemos en lugares destacados como la calle de Fortó, la plaza del Platger o el Portal dels Jueus. Es una hora de recorrido por callejuelas laberínticas.

0 Comentarios
cargando