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SENTENCIA PIONERA

Violencia machista con cámara oculta

Una jueza de Terrassa condena a un hombre que grabó a su expareja en la intimidad de su casa

J. G. ALBALAT
BARCELONA

La violencia doméstica y machista se manifiesta de múltiples maneras y para que exista no son necesarios la agresión física o los insultos. Así lo ha considerado una jueza que ha condenado a un vecino de Terrassa a un año y siete meses de prisión, más una multa, por haber grabado con una cámara oculta a su compañera sentimental mientras orinaba o se desvestía. La pareja estaba en proceso de separación.

La jueza que ha dictado la sentencia sostiene que el delito continuado contra la integridad que comporta esta conducta está comprendido en el ámbito de la violencia contra la mujer. La magistrada ha prohibido al condenado acercarse a su exmujer, a su domicilio o al lugar de trabajo o comunicarse con ella durante tres años.

Felipe M. D. convivía con la víctima desde 1997 y ambos tenían un hijo en común. La sentencia declara probado que el 27 de abril del 2011, el acusado, «movido por el ánimo de atentar contra la intimidad de su esposa», colocó una cámara dentro del domicilio familiar en Terrassa y captó imágenes de su pareja sentimental, sin el consentimiento de esta, en las que la mujer aparecía poniéndose y quitándose la ropa. Días después, hizo lo mismo en el cuarto de baño, aunque esta vez grabó a su todavía mujer mientras realizaba sus necesidades fisiológicas.

La fiscalía y la acusación particular, ejercida por la abogada Mireia Balaguer Bataller, solicitaron durante el juicio una pena de tres años y seis meses de prisión, además de una multa y la prohibición de que el condenado se aproximara a la víctima. Sin embargo, el retraso en la tramitación del procedimiento, sin que la complejidad de la investigación lo justificara, hizo que la jueza aplicara la atenuante de dilaciones indebidas y rebajara la pena a un año y siete meses de prisión.

La sentencia recoge que el acusado declaró en el juicio que él no hizo las filmaciones y que solo grabó a su pareja, con el consentimiento de esta, «para hacer sexo explícito». Las imágenes, explicó, en ocasiones las destruían y otras veces las guardaban en el ordenador. Insistió, eso sí, que consideraba absurdo grabar a su pareja haciendo sus necesidades. A pesar de ello, se reconoció como la persona que aparece en el baño poniendo una cámara. «Las relaciones y grabaciones siempre fueron consentidas», repitió una y otra vez.

La víctima relató que denunció a su expareja porque se encontró en el ordenador los vídeos grabados en momentos distintos. Detalló que empezó a buscar la cámara y la descubrió en el lavabo escondida en una caja de hilo dental y se fue de casa.

«Nunca se grabó con mi consentimiento» y, menos, las relaciones sexuales, aseguró la mujer, que cuando encontró el vídeo temió que se pudiera difundir porque el acusado consume pornografía. «Me sentí humillada y vejada», afirmó.

La jueza de Terrassa destaca en su sentencia que, aunque las partes mantienen versiones contradictorias, el testimonio de la expareja del acusado «reúne todos los requisitos de verosimilitud». La víctima siempre ha mantenido el mismo relato y sus manifestaciones «vienen avaladas por el visionado de las imágenes» durante el juicio.

En el vídeo se observa cómo el imputado coloca la cámara en el baño, cómo la activa, busca el ángulo adecuado y luego se marcha. Después se ve a la mujer haciendo sus necesidades. En otro momento aprecia a la víctima en un sofá desvistiéndose para irse a dormir y se ve cómo después un hombre coge la cámara y la apaga. La magistrada sentencia que «el acusado, con ánimo de descubrir los secretos de su esposa y vulnerar su intimidad, utilizó una cámara de grabación».

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