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Gente corriente

M. Teresa Freixa: «Era como desterrarme a un rincón para morirme»

Hammam & Henna, se llama el local. En BCN. Detrás hay una historia de enfermedad, tesón y transformación vital.

Mauricio Bernal

-Fue en el año 2000. Fui al hospital por un problema de meniscos y ahí me descubrieron la enfermedad. Una cistitis intersticial.

-Una enfermedad crónica, ¿no?

-Y muy dolorosa, y muy molesta. Y que empeora con los años. Yo disfrutaba mucho de mi trabajo y durante mucho tiempo me negué a ver la realidad, pero llegó un momento en que físicamente no podía seguir; en esas condiciones ni siquiera podía ir a los juicios. Y tuve que dejarlo. Lo que no podía hacer era resignarme a no hacer nada, pero un buen amigo me ayudó entonces con un consejo.

-¿Qué consejo?

-Me dijo: «No te preocupes. Vas a encontrar un sitio donde vas a ser más útil. Paciencia». Mire, a mí me dijeron que era una inválida, pero yo me negaba a sentirme así. Que me dijeran que era inválida para trabajar era como si me desterraran a un rincón para morirme.

-Pero tuvo que dejar el despacho. El derecho. La abogacía.

-Tuve que hacerlo. Desde que me diagnosticaron la enfermedad hasta que tuve que abandonarlo pasaron unos años, pero llegó un momento en que ya no podía continuar.

-¿Y qué hizo? Explíqueme ese camino que recorrió para llegar aquí.

-Bueno, todo empezó porque yo decidí seguir ese consejo, y ser una persona válida, y pensé que debía empezar por estudiar mi enfermedad, por leer todo lo que pudiera sobre la cistitis intersticial. Bueno, pues una de las cosas que encontré es que es una enfermedad de origen desconocido. No se sabe por qué da.

-Le llamó la atención, veo.

-Fue algo importante, porque entonces empecé a mirar mis hábitos de vida. La comida, por ejemplo, alimentos y bebidas; y cambié mis hábitos alimenticios. Y miré mi pelo.

-Su pelo.

-Mi pelo, sí. Me lo miré, ¿y sabe que vi? Que tenía un aspecto enfermizo. Así que también cambié mis hábitos de peluquería.

-Y eso quiere decir…

-Yo me teñía, me ponía mechas, lo típico. Y me pregunté por qué tenía mi pelo ese aspecto. Entonces empecé a estudiar el mundo de las plantas, y me pasé a los tintes naturales, y como vi que era muy difícil encontrar una peluquería donde la tiñan a una con tintes naturales… En fin. Ese fue el camino. Invertí todos mis ahorros en este local.

-Biopeluquería, me parece que la llama.

-Por eso, porque trabajamos con tintes naturales.

-¿Y la cistitis?

-Ahí está. Fue tal el estrés mientras montábamos el local que entonces entré cinco o seis veces en el hospital. Yo acudí a muchos médicos, pero solo hace dos años encontré el que dio con la tecla, el cóctel de fármacos que ahora me hace sentir mucho mejor. Y que me ha quitado la cara de sufrimiento.

-Es un cambio radical. ¿No extraña el derecho?

-Mucho, yo amo mi profesión, pero digamos que he hallado la forma de mantenerme vinculada, y cuando alguien me llama para pedirme consejo, yo soy feliz de sentarme a tomar un café y a hablar de leyes.

-Y cuando mira atrás, ¿no le resulta difícil de creer? ¿Todo eso que ha pasado?

-¿Sabe qué le digo? Que no es necesario sufrir tanto para cambiar de vida.

-Se la ve bien.

-Gracias. Es porque creo que también ayudo a muchas mujeres que lo necesitan.

-¿Por ejemplo?

-¿Por ejemplo? Mujeres alérgicas a los químicos, o que han salido de una quimioterapia, o que tienen una psoriasis, o dermatitis en el cuero cabelludo. El pelo es muy, muy importante para una mujer.

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