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PROYECTO DE INCLUSIÓN LABORAL

Autistas muy capaces

Una empresa forma a personas con autismo para trabajar en tecnologías de la información en Sant Cugat

Su gran concentración les hace muy aptos para tareas repetitivas y de precisión

GAÉTAN TRILLAT
SANT CUGAT DEL VALLÈS

Quien haya visto la película 'Rain Man' recordará que Dustin Hoffman encarna a un personaje cuyas capacidades intelectuales extraordinarias contrastan con su inhabilidad para la socialización y la comunicación. Más allá de la ficción, entre el 20% y el 30% de las personas diagnosticadas como autistas presentan estas características, y pese a tener facultades cognitivas por encima de la media, les cuesta mucho encontrar trabajo: solo el 6% de los autistas tienen empleo.

Esto quiso corregir la empresa social danesa Specialisterne, creada hace nueve años con el objetivo de formar a este tipo de autistas (llamados de alto funcionamiento, o AAF) para trabajos en el sector de las tecnologías de la información. El proyecto se ha extendido a otros nueve países y ya ha llegado a Catalunya. En Sant Cugat, la empresa les ofrece cursos de formación, y después empleará a sus alumnos para trabajar con clientes del sector.

Los AAF «tienen una inteligencia normal o incluso superior», explica el doctor en Psicología Francesc Cuxart Fina, y presentan características ideales para el tipo de trabajo exigido: pruebas de 'software' y procesos de datos, que requieren precisión y gran atención a los detalles. «Para ver si funciona bien un software, por ejemplo, hay que hacer una batería de pruebas muy repetitivas, que son pesadísimas. En cambio, ellos lo hacen con placer, y casi nunca se equivocan gracias a sus extraordinarias capacidades en cuanto a memoria y  concentración», explica Francesc Sistach, director general de Specialisterne.

Memoria visual

Los AAF manifiestan muy a menudo centros de interés limitados en los que invierten toda su energía de manera casi obsesiva. También comparten la preocupación por los detalles y suelen tener una memoria visual extremadamente competente, así como más resistencia a la fatiga. Todo ello es ideal para realizar tareas repetitivas.

En cambio, apunta el doctor Cuxart, «tienen pésimas capacidades para entender las relaciones humanas. Su comprensión literal del lenguaje impide que se inserten normalmente en las conversaciones, pues no entienden las connotaciones que pueden existir según el tono de voz, las expresiones faciales o el contexto». Estas discapacidades hacen que se les excluya socialmente a menudo. Les cuesta tener una vida social, sentimental y, por supuesto, un empleo. Pueden tener dificultades para expresarse, y difícilmente superan una entrevista de trabajo.

Pero hay empleos en los que no se necesitan especiales capacidades de comunicación, y en ese caso, esas inhabilidades implican menos desconcentración y en consecuencia un rendimiento más alto. Con ellos también se reduce el riesgo de conflictividad laboral, o de problemas personales que puedan influir en su trabajo, afirma Sistach. Además, son empleados honrados y leales: «Para mentir se necesita una destreza social de la que ellos carecen».

Specialisterne ya tiene en marcha el curso piloto, con tres alumnos, que tendrá continuidad en próximas tandas de entre ocho y 10. «Ya tenemos demanda de clientes para contratar a una decena de personas», explica Sistach. «Llevamos dos años trabajando en este proyecto. Contactamos primero con la empresa madre en Dinamarca, y después encontramos un inversor en la persona de Ramon Bernat. Ahora ya es una realidad», añade con orgullo.

Dos psicólogos familiarizan a los alumnos con el mundo del trabajo, y un profesor de informática les enseña la base de las tecnologías de la información. Para ello, el primer paso es montar y programar un pequeño robot Lego, dirigido desde un ordenador. «Así introducimos de forma muy visual conceptos lógicos y de programación», detalla Sistach.

El modelo está rodado: en EEUU, donde Specialisterne tiene ya 20 oficinas, la empresa de 'software' SAP prevé alcanzar en el 2020 la cifra de 750 autistas contratados, el 1% de su personal. En Sant Cugat, el objetivo es llegar a dar trabajo a entre 30 y 40 personas en los próximos meses, y después conseguir que se abra otra oficina en Madrid. «Queremos crecer rápidamente», dice Sistach. Aunque su deseo es que algún día las empresas contraten directamente a autistas sin necesidad de pasar por su firma. «El objetivo final de Specialisterne es desaparecer», concluye.

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