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Análisis

El verano de máxima desigualdad

Xavier Martínez Celorrio

Cinco años de crisis, más paro y más desigualdad social. El panorama sigue empeorando y descubrimos situaciones límite que afectan a niños y estudiantes. Universitarios que no han podido pagar la matrícula y pueden perder el año académico cursado. Son unos 7.000 en Madrid y unos 2.000 en Catalunya aunque bailan las cifras. Alumnos de bachillerato que se presentan a selectividad gracias a sus profesores que pagan voluntariamente las tasas administrativas. Gobiernos autónomos, como el andaluz o el canario, que activan planes urgentes para alimentar a los niños más vulnerables en los comedores escolares facilitando desayuno, comida y merienda. Involución social en toda regla.

Las escuelas son los detectores fiables de los efectos más devastadores y crueles de la crisis. Descubrir niños malnutridos es una realidad incómoda que se ha ido desvelando a lo largo del 2013 gracias a los maestros y directores de escuela. Han sido ellos quienes han advertido a las administraciones del problema, protegiendo a los menores para que no se monte otro circo mediático y morboso alrededor de su pobreza severa. En Andalucía, la mitad de los niños que utilizan el servicio de comedor son becados. Antes de la crisis solo eran un 20% de los que comían en la escuela. En Catalunya unos 64.000 niños reciben becas comedor que rebajan el precio hasta los tres euros diarios, aunque se pagan con retraso. Suman unos 32 millones de euros al año pero no llegan a todos los susceptibles de ayuda. Para llenar ese hueco, las asociaciones de madres y padres han de llegar a acuerdos con oenegés y entidades. ¿Por qué la Generalitat no aprueba por decreto un plan urgente similar al andaluz cuando ambos comparten un 6% de pobreza severa? Porque no hay recursos, nos dicen. Los 25 millones para sufragar conciertos con escuelas privadas de élite parecen blindados e intocables. Mala e injusta política con la que hay que discrepar.

Se acaba el curso escolar y se cierran los comedores escolares. Desde hace meses, los ayuntamientos y las entidades sociales se están desviviendo para aumentar las becas de los casals y actividades de verano para los más vulnerables. El largo verano de nuestro calendario escolar deja expuesta una desigualdad social de máximos entre los niños que sigue en aumento. Mientras unos cuantos lo aprovecharán con actividades lúdicas enriquecedoras y de calidad como siempre, grandes minorías lo ocuparán quedándose en casa, en la calle y sin viajar. En este segundo grupo, otra minoría lo pasará malnutrido en extrema precariedad.

Somos un país democráticamente inmaduro y partidista que no es capaz de construir grandes pactos contra la pobreza infantil en medio de esta colosal crisis. Catalunya tiene un déficit fiscal territorial de 16.000 millones y otra sangría en forma de fraude fiscal interno que suma la misma cantidad. Hay recursos y riqueza suficiente para redistribuir y atajar las situaciones de extrema necesidad. Falta audacia política.

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