Ir a contenido

COLABORACIÓN CIUDADANA

Un amigo providencial

Un equipo de voluntarios presta ayuda cotidiana a jóvenes que se emancipan de la tutela de la Generalitat

Es un apoyo importante para quienes se ven obligados a caminar solos con 18 años

TONI SUST
BARCELONA

Como recuerda Marta Bàrbara, de la entidad Punt de Referència, solo un 50% de los jóvenes autóctonos se emancipan antes de los 29 años. Un dato a tener en cuenta cuando pensamos en los jóvenes que viven bajo la tutela de la Generalitat, actualmente unos 6.000.

El mundo está lleno de antiguos adolescentes que en su día amenazaban con el cuando tenga 18 años me iré de casa y ahí siguen, pero en el caso de los tutelados ni es cuestión de rebeldía ni es discutible. La mayoría de edad, los 18 años, marca el fin de la protección pública, de la que toman el relevo programas de ayuda público-privados desarrollados por entidades como Punt de Referència, que presta ayuda a jóvenes extutelados en su proceso de emancipación. Esta realidad la recoge la exposición Mira'm, que se puede visitar los viernes por la tarde en el Palau Macaya de Barcelona hasta el 30 de junio.

Entre los programas de Punt de Referència figura el Referent, para facilitar la conexión de estos jóvenes con un mentor, alguien que les ayude en la vida cotidiana. No es fácil definir la figura con exactitud, máxime porque el alcance de la relación también depende de cada caso. Pero se trata de tener a alguien a quien llamar, a quien pedir un favor.

«Más que un amigo»

Mamadou Saliou Diallo, 20 años de edad, de Guinea Conakry pero con la familia en Senegal, no sabe muy bien cómo etiquetar su relación con Ferran Roca, su mentor, de 38 años. Está claro que se llevan bien: «Es más que un amigo, pero no es un amigo convencional. No es un padrino». En diciembre se cumplieron tres años desde que uno es mentor y el otro, mentorado.

Diallo arribó a España en un barco pesquero a los 16 años y estuvo en dos Centros Residenciales de Acción Educativa (CRAE). Recibió ayuda de la Creu Roja, de la Fundació Èxit, del Casal d'Infants del Raval. Y de Punt de Referència. Y tiene en mente formarse para, a su vez, ayudar: «Mi idea es volver a Senegal, escolarizar a niños y combatir el fracaso escolar sensibilizando a las familias», cuenta. Él ha sido uno de tantos menores extranjeros enviados por sus padres, convencidos de que pese al obligado alejamiento, vivirían mejor que con ellos. Y él, que ha vivido ese viaje, tiene un mensaje: «Es mejor que los jóvenes se queden en su país. Si no, no hay cambios. Yo no voy a cambiar Senegal, pero igual aporto algo en mi barrio».

Ayuda recíproca

Para Roca, la relación con su mentorado es un premio en sí misma: «Se ha convertido en una amistad». Algo, además, que le permite hacer voluntariado sin pensar en remotos beneficiarios. Con ironía, dice: «Tienes el producto final delante de ti». Tuvo antes una mentorada catalana, pero ella tenía poco tiempo para quedar, por los estudios, y lo dejaron. Punt de Referència forma a los voluntarios y los empareja con los mentorados teniendo en cuenta su compatibilidad.

El apoyo, en todo caso, es recíproco. Roca recuerda que meses atrás pasó momentos bajos que su amigo Diallo le ayudó a capear. Ambos hablan con un desparpajo que todavía no tienen Isona Cortés y Youssef Zafod, mentora de 39 años y mentorado de 18. Él, marroquí, se muestra tímido. Muy tímido. Están al principio del camino común; hace seis meses que se conocen, y se llaman cada semana para saber qué tal va todo. Él llegó a España a los 14 años, solo, debajo de un camión, desde Nador. No ha vuelto a ver a su familia. Trabaja en hostelería, en repostería, «Le han renovado el contrato», subraya Cortés, que ya acoge a una menor en su casa de forma permanente.

Como dice Diallo, tener un mentor tiene sentido aunque solo fuera para aprender la lengua. En el caso de Zafod, con su mentora ha hecho, por ejemplo, la declaración de Hacienda.

0 Comentarios