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El camino hacia la igualdad

Las chicas no quieren ser ingenieras

Las ingenierías mantienen su imagen masculina y no se guía a las jóvenes hacia ellas

El 9% de las universitarias cursan estudios técnicos, frente al 34% de los chicos

   MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / Barcelona

Tienen una contrastada capacidad analítica, están acostumbradas a organizar su tiempo (y muchas veces también el de quienes las rodean) y «sus habilidades técnicas son plenamente equiparables a las de cualquier hombre», asegura Woodie Flowers, profesor emérito del departamento de Ingeniería Mecánica del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT), en Estados Unidos. Por resultados académicos, por preparación, por capacidades, las mujeres podrían ser tan buenas ingenieras como sus colegas masculinos. Pero no quieren serlo.

Frente al 55% de mujeres que escogen carreras sociales y de humanidades, o el 36% que cursan estudios vinculados a la salud, solo el 9,15% de las universitarias españolas se matriculan en una escuela técnica. El porcentaje entre los chicos se eleva, en cambio, hasta el 34,3%. Respecto al global de la comunidad estudiantil, la presencia de chicas ingenieras se reduce a tan solo el 5%, cuando las mujeres representan, en total, más de la mitad de la población universitaria en España. Es, cuanto menos, un dato preocupante, sobre todo si se aspira a cumplir el objetivo de la Unión Europea (UE) de incrementar la presencia de los Veintisiete en el competitivo mundo de la investigación científica.

EL OBJETIVO DE LA UE / El encargo hecho por la UE a los países miembros en el año 2000 (es uno de los compromisos que figuran en el Tratado de Lisboa) era reducir a la mitad, en 10 años, el desequilibrio entre el número de licenciados y licenciadas en matemáticas, ciencias y tecnologías. Algunos países, como Alemania, están a punto de conseguirlo gracias a programas específicos que animan a las chicas a estudiar estas carreras. A España, le queda aún un largo camino por hacer.

¿Por qué las españolas no quieren ser ingenieras? «Hay un montón de razones por las que podrían hacerlo. Solo les falta convencerse de ello», afirma Flowers, que ha estado al frente de numerosos grupos investigadores -muchos de ellos con mayoría femenina- sobre desarrollo y aplicaciones en robótica. «Las mujeres han de salir del armario, hacerse visibles», insiste.

La labor de concienciación debería empezar «desde las edades más tempranas, en cuanto se detecta que una niña tiene predisposición o habilidades tecnológicas», sostiene Flowers, que estuvo hace unas semanas en Barcelona participando en una jornada sobre Mujeres y Tecnología en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Entre el público, un nutrido grupo de adolescentes, carpeta de instituto en mano, que escucharon atentas las reflexiones del profesor estadounidense.

ESPECIALIDADES 'FEMENINAS' / En la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Barcelona no hay lavabo de mujeres en la planta baja. Hay que subir hasta el primer piso y, aun así, allí solo hay un aseo disponible. Las chicas que han acudido a escuchar la charla del profesor Flowers, casi todas estudiantes de instituto, esperan pacientes su turno. «Dentro de las ingenierías hay también especialidades más femeninas que otras. La Química, por ejemplo», explica Tània de los Santos, subdirectora de Estudiantado y Comunicación en la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, en la UPC.

No es una cuestión de «torpeza matemática o tecnológica», asegura un estudio de la psicóloga Janet Hyde, de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, publicado hace un tiempo en la revista Science. «No existen diferencias de género en el rendimiento matemático», dice la encuesta, «de modo que los padres y los profesores tienen que revisar sus ideas al respecto», agrega.

«Se trata, más bien, de una cuestión de imagen: las chicas todavía creen que un ingeniero, a diferencia quizás de un arquitecto, está siempre rodeado de máquinas», aventura Laura Tremosa, la primera mujer que se graduó en la Escuela de Industriales de Barcelona, en 1960. Tània de los Santos comparte esta impresión. «Efectivamente -admite- aún hay mucha gente que ve la ingeniería como una profesión en que siempre te ensucias».

Estereotipos al margen, las escuelas de ingeniería han detectado también fallos en el sistema de orientación universitaria. Por eso, algunos centros han empezado ya a abrir sus puertas a los institutos con el propósito de dar a conocer sus actividades y salidas profesionales. «El problema, en suma, es que no saben qué hace un ingeniero», sentencia De los Santos.

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