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DISTINCIÓN INTERNACIONAL DE DOS SÍMBOLOS CULTURALES

Los 'castells' y el flamenco, universales

La Unesco declara patrimonio inmaterial las torres humanas de Catalunya

El arte jondo obtiene el reconocimiento tras haberle sido negado en el 2005

RAFA JULVE / Barcelona

La Unesco evidenció ayer que la cultura es un eficaz esperanto capaz de convertir una alborotada torre de Babel en un conjunto que se mueve al unísono en pos de la tradición de los pueblos. Traducción: la declaración como patrimonio inmaterial de la humanidad de los castells, el flamenco, el canto mallorquín de la Sibil·la, la dieta mediterránea y la cetrería mostró ayer al mundo la diversidad cultural de España, y también la apuesta coincidente de las tierras que la conforman por mantener vivas sus propias identidades.

La quinta reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial, celebrada en Nairobi (Kenia), empezó con un discurso premonitorio pronunciado por la directora general de la Unesco, Irina Bokova: «Cada uno [de los elementos inscritos en el prestigioso grupo] es un testimonio de la gran diversidad de la humanidad, así como de su unidad», dijo. En esos momentos, la lista de patrimonios inmateriales estaba formada por 166 manifestaciones culturales, entre ellas la Patum de Berga, el silbo de la isla canaria de la Gomera, el Misteri d'Elx y los tribunales de regantes de Valencia y Murcia. Horas después, la nómina se amplió a 212 integrantes, al ser admitidos 46 de los 47 candidatos. La técnica de esculpido en piedra de las Khachkars de Armenia fue la única que no logró la inclusión en el pleno de ayer y se debatirá en la sesión de hoy.

Mucha menos discusión precisaron los castells para obtener un reconocimiento que la Coordinadora de Colles Castelleres de Catalunya, la revista Castells, el Centre de Promoció de la Cultura Popular i Tradicional Catalana de la Generalitat y el Centre Unesco de Catalunya se venían granjeando desde el 2007. «Los asistentes a la reunión quedaron muy impactados al ver imágenes de las colles actuando. Incluso se oyeron exclamaciones de sorpresa y admiración», relató a este diario el titular de Cultura i Mitjans de Comunicació, Joan Manuel Tresserras.

El conseller formó parte, junto con el presidente del Parlament, Ernest Benach, de la delegación catalana que viajó a Nairobi para seguir el proceso de designación. Tras cantar victoria, ambos coincidieron en que las torres humanas nacidas en Valls (Alt Camp) a finales del siglo XVIII son un ejemplo de «la singularidad y la universalidad de la cultura catalana» y representan una serie de «valores positivos» como «el esfuerzo, el trabajo en equipo, la solidaridad y la integración». De nada sirvió el malintencionado intento de boicot protagonizado por el blavero Grup d'Acció Valencianista, que envió una carta a la ONU alertando de la participación de menores de edad en la construcción de los castells.

EN EL PUNTO DE MIRA / Ese insignificante gesto fue la única nota discordante de una jornada que sirvió, en palabras de la ministra española de Cultura, Ángeles González-Sinde, para que las cinco candidaturas impulsadas por España obtuvieran «la más alta distinción al patrimonio artístico», lo que las colocará «en el punto de mira internacional» y les dará «visibilidad y promoción». La ministra aclaró además que gobiernos e instituciones deberán velar por que esas tradiciones «no se alteren y sigan evolucionando con un respeto a la pureza», afirmación que enlazó con una mención al flamenco, del que recordó que no siempre ha vivido momentos de «bonanza» y «legitimación social y cultural».

Precisamente, el arte jondo ya optó en el 2005 al reconocimiento de la Unesco, pero fracasó. En cambio, solo un intento han necesitado los castells, el Cant de la Sibil·la, la cetrería y la dieta mediterránea, de la que ayer también quiso dar buena cuenta la Generalitat. Este modelo de alimentación contó con el apoyo conjunto de España, Grecia, Italia y Marruecos para obtener la condecoración, pero «la encargada de coordinar la candidatura a nivel técnico fue la Fundació Dieta Mediterrània, con sede en Barcelona», recapituló la Conselleria de Salut.

También se felicitaron por el logro el Departament d'Agricultura, el Ministerio de Salud, las asociaciones de nutricionistas españoles, el cocinero Ferran Adrià y hasta el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, quien insistió en que la capital catalana «ha trabajado duro por el reconocimiento de la dieta mediterránea». «La declaración de la Unesco es un paso más por el impulso de nuestros mercados y nuestra cultura», añadió.

BARCELONA MESTIZA / Pero el edil barcelonés no se quedó ahí. En un guiño al dúo diversidad-unidad pregonado por la presidenta de este organismo dependiente de la ONU, Hereu quiso destacar la importancia en el mundo casteller de las seis colles de la ciudad y recordó los orígenes catalanes de nombres emblemáticos del flamenco como Carmen Amaya y Miguel Poveda.

En la misma línea se pronunció el president José Montilla, quien defendió en un mitin que «este Govern es el que más ha hecho por los castells», sin olvidar las raíces catalanas del arte jondo.

Tampoco perdieron la oportunidad otros candidatos a ocupar su cargo, como Artur Mas, quien definió la designación de los castells como la manera más «genuina y propia» de situar a Catalunya en el mundo mediante la cultura propia. El líder convergente también se acordó de la Patum de Berga, pero no consta que hablara del reconocimiento al flamenco. Eso sí, más huérfana de reconocimiento institucional catalán se sintió la cetrería, galardonada tras haber recibido el apoyo de España, Arabia Saudí, Bélgica, Emiratos Árabes Unidos, Eslovaquia, Francia, Mongolia, Marruecos, Qatar, la Repíblica Checa, Corea del Sur y Siria.

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