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La transformación de la capital ampurdanesa

Figueres se propone aprovechar el AVE para eliminar el barrio gitano

Los calés consideran necesaria la dispersión de la comunidad para avanzar en la integración

El ayuntamiento plantea la reurbanización de la degradada barriada próxima a la nueva estación

FERRAN COSCULLUELA / Figueres

Dentro de dos meses llegarán a la nueva estación del AVE de Figueres (Alt Empordà) los primeros pasajeros procedentes de Francia. Tras un viaje placentero gracias a la alta velocidad, los visitantes desembarcarán en una coqueta terminal recién construida. Pero si deciden ir a pie al mundialmente famoso Museu Dalí o dar un paseo por los alrededores, descubrirán que a pocos metros de la instalación ferroviaria se ubica el barrio más degradado de la ciudad. Un entramado de casas y pisos muy modestos con unas calles en las que la suciedad y la inseguridad forman parte del paisaje. Es el barrio gitano de Sant Joan, un «gueto» hasta para los propios calés, el patio trasero de la capital ampurdanesa que el ayuntamiento pretende ahora transformar, tras 30 años de abandono, aprovechando el impulso económico de la llegada del AVE.

El alcalde, Santi Vila (CiU), ha anunciado que el consistorio ha ofrecido a la Guardia Civil un local próximo al barrio. El objetivo es doble: conseguir que el instituto armado abandone su muy deteriorada sede en el centro de la ciudad, y propiciar que la presencia de los guardias civiles en las calles de Sant Joan tenga un efecto «disuasorio» que aminore la conflictividad.

EXCLUSIÓN SOCIAL / «Si lo que ocurre en este barrio ocurriera en otra zona de la ciudad, nadie lo permitiría», asegura Vila, que describe un panorama desolador: «Sant Joan tiene 800 personas en situaciones de absoluta exclusión social, muchas de ellas analfabetas y con problemas de inserción laboral; un alto índice de absentismo escolar y una tasa elevada de adolescentes embarazadas; graves problemas de civismo y convivencia en un espacio urbano deteriorado y sucio, y unos ciudadanos con nulas perspectivas de futuro».

Esta grave situación, y el hecho de que el patio trasero de Figueres se vaya a convertir en una gran puerta de entrada a la ciudad por obra y gracia del AVE, han llevado al ayuntamiento a plantearse una gran operación urbanística en la zona, similar a las impulsadas en los barrios de Can Tunis (Barcelona) y La Mina (Sant Adrià de Besòs). «El objetivo es crear un consorcio en el que participen los ayuntamientos de Figueres y Vilafant [lindante con la capital ampurdanesa y donde está la estación] y el Incasòl y Adigsa [propietarios del suelo y las casas en las que viven de alquiler la mayoría de los gitanos] para hacer una nueva planificación que transforme el barrio y cree ciudad nueva», explica el alcalde.

RECALIFICACIONES / La operación, a la espera de las elecciones autonómicas, consistiría en recalificar como urbanizables (con zonas de equipamientos comerciales y de servicios) terrenos próximos a la estación que ahora son rústicos o están ocupados por vecinos del barrio. Parte de las plusvalías se destinarían a indemnizar a los residentes en Sant Joan para que pudieran buscarse otra vivienda, lo que permitiría derribar las casas actuales y reconvertir la zona.

«No es una operación especulativa; los ciudadanos han de entender que el dinero para todo esto ha de salir de algún sitio. Y tampoco es que los gitanos molesten ahora por el estreno del AVE, sino todo lo contrario: se quiere aprovechar la llegada de la alta velocidad para solucionar un problema social que se arrastra desde hace años», argumenta Vila.

¿Y qué es lo que quieren los gitanos? Paco Doya lleva décadas luchando por los derechos de su pueblo y en los últimos años ha colaborado con el ayuntamiento como mediador social. Doya tiene muy claro que la adaptación de los calés a la vida de los payos precisa la erradicación del «gueto» de Figueres: «Hay un tópico extendido entre los payos. Creen que a nosotros nos gusta vivir así, como en Sant Joan, y eso no es cierto. Queremos civismo y seguridad, que la policía vigile nuestras calles y que nuestra gente tenga educación y pueda trabajar. Y eso, mientras vivamos en un gueto, es imposible. Por eso, la mayoría de los gitanos del barrio pensamos que la única forma de conseguir esa adaptación es la dispersión».

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