Ir a contenido

Los festejos del sur de Catalunya

Organizadores de 'bous' destacan la mejora del trato a los animales

«La cultura del toro ha evolucionado mucho y se le respeta cada vez más», dicen

Los 'correbous' son indispensables en las fiestas de 26 municipios del Ebro

ANNA LLUÍS
SANT CARLES DE LA RÀPITA

Julio y agosto son los dos meses taurinos por excelencia en las comarcas del Ebro. El verano concentra el calendario de fiestas mayores y los correbous son uno de los actos indispensables de los festejos de los 26 municipios que conseguirán la autorización de Interior porque tienen acreditada su tradición, uno de los requisitos que determina la normativa actual.

Comida, baile y toros, el tridente más exitoso. En plena tarde, entrada la noche, al amanecer… Cualquier momento es oportuno para introducir una actividad taurina y tener la certeza de que acudirá público ávido de entretenimiento.

Cientos de personas se concentraban en la madrugada de ayer tras las vallas de madera dispuestas por el Ayuntamiento de Sant Carles de la Ràpita (Montsià) en las bocacalles para cerrar el circuito urbano donde iba a ser soltado el primer bou embolat de los festejos. Los más atrevidos, mayoritariamente chicos jóvenes, se hallaban en el interior de la zona cerrada, rodeando una camioneta custodiada por la Colla de Joves Emboladors de Masdenverge, una de las más solicitadas en las comarcas del Ebro. Acababan de llegar de embolar en Camarles (Baix Ebre) y ni siquiera habían tenido tiempo de cenar.

«Como mínimo este año van a embolar a 45 toros», explica un allegado. Lluís Troncho y Joan Arasa, dos miembros veteranos de la colla, llevan 12 años de emboladores. «En todo este tiempo hemos visto un gran cambio en las prácticas y en el comportamiento de la gente, a favor de la seguridad del animal», afirma Troncho, molesto por la paralización del blindaje de los correbous en el Parlament por una maniobra del PP. «Antes un encierro duraba una eternidad y ahora tenemos el tiempo limitado, además el aparejo que soporta el fuego sobre los cuernos es más largo para que no afecte al animal, y siempre está el agua dispuesta en el toril para poder refrescar al toro cuando regresa de la carrera», explica su compañero. «La cultura del toro ha evolucionado mucho y se le respeta cada vez más», sostiene, tajante, Joana Fumadó. A sus 22 años, la joven ganadera ha heredado la pasión de su padre Pedro Fumadó, Lo Charnego, que sigue al frente de una de las ganaderías más populares.

Alrededor de la camioneta, todos están cada vez más nerviosos. Se abre la puerta trasera y Naranjito, un ejemplar de más de 400 kilos, aparece tirado de una cuerda que conduce su cabeza directa hacia el cajón, donde en un minuto los ocho componentes de la Colla de Masdenverge lo dejarán suelto en medio de la calle con dos bolas de fuego enganchadas a un aparejo de hierro en lo alto de la cornamenta. Naranjito no parece tomarse con demasiadas ansias ese momento álgido de la noche, pero aun así corre entre unos jóvenes que han salido en estampida.

EMOCIÓN Y ESPECTÁCULO / Ricardo Andreu, alias Bicicleta, es todo un experto. «El toro tiene una vida plena, corre apenas 20 minutos, es tratado como un rey, y transforma su bravura en emoción, eficacia y espectáculo», destaca. En lo alto del toril, un equipo de un canal de televisión belga no deja de grabar el espectáculo entre miradas de reojo y alguna recriminación. «Es la segunda vez que veo un toro de fuego y lo que siento es que se trata de algo tradicional, no le matan. Sería una pena que se acabara porque estas cosas hacen a España diferente», apunta Jonas Vanden, uno de los cámaras. Joana, la joven ganadera, declara que «los correbous son una fiesta catalana, pero hay que admitir que Catalunya forma parte de España».

Antes de que se complique la conversación, el veterinario que controla la carrera manda sacar al manso para que haga regresar a Naranjito: «Han pasado 16 minutos, el tiempo establecido». Tras revisar al animal, apunta en el acta que no presenta ninguna lesión superficial ni anomalía en el aparato locomotor. «Una carrera como esta puede producir estrés al animal, siempre y cuando lo entendamos como un estado de alerta y defensa instintivo para afrontar este tipo de situaciones», explica.

0 Comentarios