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SENTENCIA DE LA AUDIENCIA DE BARCELONA

Condenados a 6 años de cárcel tres mossos por torturar a un detenido por error en el 2006

El tribunal impone penas menores a otros dos agentes de la comisaría de Les Corts

JESÚS G. ALBALAT / EFE
BARCELONA

La Audiencia de Barcelona ha condenado a penas de seis años y siete meses de prisión a tres mossos de la comisaría de Les Corts por torturar a un hombre detenido por error en el 2006, al que llegaron a poner una pistola en la boca. El tribunal ha impuesto penas menores a otros dos policías relacionados con el caso, el primer juicio importante contra mossos por torturas.

En su sentencia, la Sección Novena de la Audiencia condena a seis años y siete meses de prisión a tres de los agentes procesados, a dos años y tres meses a otro y a multas que suman 3.900 euros al último de ellos, por los delitos de torturas y lesiones graves, detención ilegal, inviolabilidad de domicilio, contra la integridad moral y maltrato.

Según cree probado el tribunal, los agentes golpearon y torturaron a Lucian P., de origen rumano, al que confundieron con un atracador, y también maltrataron y arrestaron ilegalmente a su novia, Fulga I., embarazada de tres meses, hasta que la mujer les permitió entrar en su domicilio para registrarlo sin la pertinente orden judicial.

Una conducta "cruel en exceso"

El fallo censura la conducta de los Mossos, que califica de "cruel en exceso, brutal o salvaje" e impropia de una policía formada en un Estado de derecho, y les reprocha que siguieran golpeando al detenido, incluso después de que este les advirtiera de que es hemofílico. El tribunal resalta que utilizaron más que la fuerza imprescindible, sin otra finalidad que la "vejación y la denigración".

El caso ocurrió el 27 de julio del 2006, cuando los Mossos investigaban un atraco cuya víctima identificó "con bastantes dudas" a Lucian P. en fotografías. Cuatro de los agentes, de paisano, esperaron al hombre en la puerta de su casa. Cuando este salió, los mossos, sin identificarse, lo arrojaron al suelo, le golpearon por todo el cuerpo y le pisaron la cabeza.

Los agentes introdujeron al detenido en un vehículo policial y, durante el traslado a la comisaría, uno le metió en la boca la pistola que llevaba, amenazándole con tirarlo "por un barranco" si no reconocía los hechos que se le imputaban. El policía advirtió también a Lucien P. que si el juez lo soltaba podrían matarlo y que no sería "el primero", según la sentencia.

Cámaras de grabación

Los agentes siguieron golpeando al procesado en el aparcamiento de la comisaría de Les Corts, desoyendo sus advertencias de que podía morir por ser hemofílico, hasta que otro mosso (no identificado) les dijo que pararan, que había cámaras de grabación. El detenido explicó en el juicio que pensó que los condenados eran delincuentes y se tranquilizó cuando llegaron a la comisaría.

Mientras tanto, otro policía y uno de los cuatro anteriores agentes detuvieron a la novia, la sujetaron por ambos brazos y la agarraron fuertemente por el pelo para introducirla en el coche policial y llevarla a comisaría, donde la engañaron diciéndole que su pareja era proxeneta para forzarla a responder lo que ellos querían.

Al día siguiente, el detenido fue puesto en libertad y acompañado a casa por uno de los agentes, que se disculpó. Pero la víctima, debido a su detención, perdió el trabajo y recibió tratamiento por el riesgo de que, al ser hemofílico, se le complicaran las lesiones.

El Departamento de Interior confió en la inocencia de los mossos imputados, no les abrió expediente disciplinario y puso a su disposición un abogado.

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