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INMIGRACIÓN

España se erige en destino de la inmigración gay suramericana

Los homosexuales emigran para poder vivir su opción sexual en libertad y sin miedo

Hay seropositivos que buscan aquí el tratamiento que les falta en sus países

ANTONIO BAQUERO
BARCELONA

En Chile, el psicólogo Rodrigo Araneda tenía dos consultas. Una en la sanidad privada y, otra, en la pública. A nivel económico, vivía con desahogo. Pese a ello, decidió emigrar a España, donde no conocía a nadie y sus ahorros no tardaron en esfumarse. Fue una apuesta arriesgada tras la cual estaba el anhelo de vivir su homosexualidad en libertad y sin miedo. Aunque aquí padece una estrechez económica que no conocía, Araneda no se plantea regresar a Chile. Y como él, muchos otros suramericanos, que han convertido España en el principal destino europeo de la emigración gay latina.

"No vine a ganar más dinero, sino a mejorar mi forma de vivir. En mi país, por ser homosexual, debía vivir mi realidad a escondidas, en una mentira constante, inventándome novias y con el temor de que me descubrieran. Mi calidad de vida emocional ha mejorado mucho", cuenta Araneda, quien añade que, al igual que él, decenas de homosexuales, sobre todo suramericanos, han emigrado a España sacrificando, en muchas ocasiones, su estatus social y profesional. "No todos los inmigrantes vienen por motivos económicos --cuenta--. Hay muchos gais que en sus países tenían dinero y posición social, pero que lo sacrifican todo y emigran para poder ser lo que son sin tener que esconderse por ello".

Este tipo de inmigración no es insignificante. Al contrario, cada vez tiene más peso. En Catalunya, desde el 2003 existe la Asociación Catalana para la Integración de Homosexuales, Bisexuales y Transexuales Inmigrantes (Acathi), la única organización de este tipo en España y de la que Araneda es vicepresidente. El año pasado, esta entidad asistió a un centenar de inmigrantes gais y les facilitó apoyo jurídico, sanitario, psicológico y de acogida. En lo que va del 2008, ha atendido a 150.

TIERRA DE ACOGIDA

Tras los avances legales en materia de libertad sexual, sobre todo la legalización de los matrimomios gais, España se ha convertido en el destino preferido para decenas de homosexuales de todo el mundo. Aunque no hay cifras, el vicepresidente de Acathi apunta a que es el país europeo que más inmigrantes gais suramericanos recibe. "Antes íbamos a Francia o a Holanda, símbolos de libertad. Ahora la nueva tierra de acogida para los gais latinos es España", dice.

Manuel Ródenas, abogado especialista en demandas de asilo de personas perseguidas por su opción sexual, coincide con Araneda. "España es un país receptor de personas que emigran por su orientación sexual. Han llegado muchas y cada vez vienen más. Todas lo hacen para vivir en libertad. Sin embargo, unas toman la decisión para mejorar su calidad de vida y otras, en cambio, huyen para que no les maten", cuenta el letrado, que denuncia que "no se haya reformado la ley de asilo para considerar la persecución sexual como motivo de concesión del estatuto".

ATENCIÓN MÉDICA

Acathi ha podido constatar que el sida es otra de las causas que empuja la inmigración hacia España, tanto de homosexuales como de heterosexuales. "Es cuestión de vida o muerte. Hablamos de seropositivos que viven en países donde no pueden acceder al tratamiento, lo que les condena a morir lentamente. Aquí reciben atención médica", explica Vicens Mateu, secretario de la entidad.

Tras detectar ese fenómeno, la asociación contactó con la Diputación de Barcelona, con la que ha puesto en marcha programas de ayuda a los inmigrantes seropositivos y de prevención del contagio. "Hemos constatado que muchos gais se contagian aquí. En sus países, ocultan su sexualidad, pero al llegar a España y ver la libertad existente, se lanzan a una intensidad sexual que les coloca en una situación de riesgo", dice Mateu.

El colectivo homosexual parece más dispuesto a la integración que el resto de los extranjeros. "El inmigrante gay suele dejar en su país una dura historia de agresiones o humillaciones. Por eso las ataduras con su lugar de origen son menores.", explica Sophie Pons, una joven belga miembro de la asociación.

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