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MEMORIA DE UNA INFRAESTRUCTURA HISTÓRICA

Los 10 siglos del Rec Comtal

El proyecto para recuperar la antigua acequia revive la historia de un canal que tuvo una gran importancia en el desarrollo de Barcelona Solo en Montcada y Vallbona el agua sigue fluyendo por la superficie

EDWIN WINKELS
BARCELONA

Una rata enorme se exhibe a plena luz del día al borde del Rec Comtal, en la apacible zona verde del barrio de Vallbona. Hace 23 años, en este mismo lugar, el entonces alcalde Pasqual Maragall lanzó peces a la histórica acequia para celebrar que se había recuperado parte de su trazado original, unos centenares de metros por el aislado barrio enclavado entre el Besòs, dos vías de tren y 19 carriles de autopistas y carreteras. "Esos peces eran de colores y no duraron ni un día. Todos los chavales del barrio se lanzaron al Rec para capturarlos. También había angulas y ranas, pero han desaparecido todas", recuerda Fernando Antolino, observando los patos que, junto a con las ratas y los molestos cangrejos americanos, se han convertido en los principales inquilinos del antiguo canal de riego que la ciudad y Aigües de Barcelona quieren recuperar para combatir la sequía.

Estaría orgulloso el conde Mir si supiera que más de 10 siglos después de que, en el año 954, encargara la construcción de un conducto de 12 kilómetros para regar los terrenos agrícolas y llevar el agua hasta la ciudad amurallada --siguiendo la estela de un viejo acueducto romano--, el canal sigue existiendo --aunque casi totalmente bajo tierra edificada--. Y le gustaría saber que se le sacará del olvido.

Bañarse de niño

"Ya era hora. Es una lástima que se desaproveche ahora casi toda el agua. ¿Cuánta pasará por aquí en un día?" se pregunta Antolino, que de niño se bañaba con sus amigos en el Rec e incluso bebía de su cauce, a pesar de que en 1914 una epidemia de tifus que mató a 1.976 barceloneses desvió las sospechas hacia la que durante siglos había sido considerada "la mejor agua" de la ciudad, "la de Montcada", y a pesar de que ya en tiempos medievales había sufrido la contaminación de la actividad artesana. En la Ribera, los talleres textiles dejaban el agua en un estado deplorable.

Fue en 1877 cuando se construyó una mina en Montcada i Reixach para aumentar el flujo de agua --hasta entonces procedente del Besòs-- y así poder atender la creciente demanda de la población. Esa mina, de donde todavía mana una apreciable cantidad, es la parte mejor conservada del Rec Comtal y constituye el corazón del Parc de les Aigües. La casita donde el fallecido Rafael Martín vigilaba hasta hace unos 20 años esa fuente de riqueza fluvial se ha convertido en un casal para gente mayor.

"No sé si van a recuperar el Rec de verdad. Ha habido muchos otros planes, como construir una depuradora, o depósitos en la Ciutadella, que nunca se han realizado", explica al lado de la mina Fidel Requena, trabajador jubilado de Agbar, que recuerda aún los tiempos en que "el agua del Rec Comtal era comprada, si no, no podías usarla".

Saltar desde la roca

Ahora, solo la gente de los últimos huertos de la Ponderosa aprovechan el agua del Rec antes de que la acequia desemboque con fuerza en el Besòs. A partir de ahí solo quedan del Rec Comtal viejos recuerdos, como los nombres de algunas calles, y poco más. En Trinitat Vella los chavales del barrio se lanzaban al canal desde una roca agujereada, la Foradada. Tras rodear Trinitat, el agua llegaba a la zona de los molinos --Finestrelles, Bell.lloc, Clot--; los restos del último, el de Sant Andreu, en la calle del Coronel Monasterio, han desaparecido ya por completo entre las cañas gigantes que delatan la presencia de humedad subterránea.

Más abajo, en el barrio de la Sagrera, se encuentra la calle del Pont, que llevaba a un puente sobre el Rec. La actual calle de Ferran Turné se llamaba antes Sèquia Comtal, nombre que ahora solo se mantiene en una pequeña vía peatonal del Clot. Muy cerca, bajo la calle de Bofarull, pasaba también el Rec, y en su honor se ha construido el estanque de la plaza de Islandia. Otro laguito histórico, el de las plaza de las Glòries, bebía igualmente del agua del Rec, que se adentraba a través de Fort Pienc en la Ribera, donde abundan las referencias: las calles del Rec Comtal, la Sèquia, las Basses de Sant Pere y Rec. De ahí se desviaba y cruzaba bajo el antiguo mercado del Born --donde ya se han recuperado unos 50 metros del Rec en todo su esplendor-- antes de que llegara al mar cerca de la antigua plaza de toros del Torín.

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