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María del Mar Jiménez, de vuelta al pueblo

María del Mar y su marido eran ejecutivos en Barcelona. Vidas ocupadas, viajes frecuentes. Pero la llegada de su hijo Samael puso su mundo patas arriba. Con afán de empezar algo nuevo, pusieron rumbo a un pueblo de La Rioja.

MÒNICA TUDELA / Barcelona

María del Mar Jiménez

María del Mar Jiménez. / periodico

El mundo es de los valientes, de los que arriesgan. Para la mayoría esa es una inspiradora frase hecha. Pero para unos pocos puede llegar a ser el grito de guerra que preceda a una verdadera revolución vital. He aquí una valiente: María del Mar Jiménez. 42 años, licenciada en Sociología. Actualmente vive en Prejano, un pueblo de 250 habitantes en La Rioja y está al frente de la web LaCocinaAlternativa.com. Su pasión es la alimentación sana y se dedica a dar clases de cocina, tanto on line como en los pueblos cercanos. Dice que le apasiona lo sano pero que no puede resistirse «a unas galletas recién hechas».

Pero la vida de María del Mar no ha sido siempre así. Hasta el 2006 vivía en Castelldefels con su marido Ángel (49 años) y trabajaba en Barcelona. Ella nació en Bilbao y acabó en Barcelona por amor. «Me enamoré de un catalán. Nos conocimos en el pueblo, en Prejano, hace muchos años, cuando los dos íbamos a veranear allí, y acabé yendo a Barcelona por amor», comenta.

Ella y su marido trabajaban en la misma empresa de invetigación de mercado. Tenían vidas intensas, viajaban y tenían que estar disponibles las 24 horas. «Estábamos casados con el trabajo. Éramos de esos que no tenían tiempo ni para sacar a pasear al perro», cuenta. «Con 35 años tuvimos un hijo, Samael, y él fue el desencadenante de que nuestra vida cambiara. En la vida hay circunstancias externas que te hacen recolocarte en el camino. A nosotros el niño nos destruyó la vida. No nos la cambió, nos la destruyó», dice convencida.

Cuando dice «destruir» quiere decir que a partir de ese momento en su vida fue como si hubiese caído una bomba. «El niño nos hizo ver que no íbamos por el camino que queríamos. Criarlo era incompatible con nuestra vida. Pero si no hubiese sido Samael seguro que habría sido otra cosa la que nos hubiese recolocado en la vida. No sé en qué plazos pero de otra forma hubiésemos buscado otro camino».

«Mi marido y yo nos sentamos y nos hicimos dos preguntas, que plasmamos por escrito: '¿qué haríamos si nos tocase la lotería?' y '¿qué haríamos si nos quedaran dos años de vida?'. María del Mar no cuenta cuáles fueron las respuestas. Pero explica que, sin lotería y, por suerte, con la salud intacta, decidieron tirarse a la piscina y echar a andar como si ese día fuese el último.

«Llegó un momento en el que me dije: 'Mi vida es satisfactoria, sí, pero quiero otra cosa'. Los dos queríamos dejar las oficinas y, la verdad, para irnos a un pueblo que no conociéramos, nos volvimos a nuestro pueblo de veraneo», explica. Los dos dejaron sus trabajos, vendieron el piso y cancelaron la hipoteca. «No renegamos de lo que vivimos, pero esa etapa se acabó». «Ahora, universitarios, sin pasar hambre y de forma voluntaria y no expulsados por la vida hemos vuelto al pueblo», cuenta esta mujer, que no tiene problema en etiquetarse como «neorrural». «Menos de marido, en siete años he cambiado de todo», dice divertida.

Con su blog y sus clases de cocina María del Mar dice que ahora vive mejor. «Antes tenía solvencia y ahora incertidumbre, es cierto, pero ahora desarrollo más mis talentos», dice. «Reconozco que on line no se puede vivir y con las clases todavía no me puedo ganar la vida. Sigo en metamorfosis», explica. Por suerte, cuenta con la ayuda de familiares.

Esta valiente recomienda a todos los que quieran cambiar que sigan su instinto. Aunque admite que su cambio fue muy brusco, al dejar los dos miembros de la pareja el trabajo a la vez. «Todo pudo haber sido más liviano. Nos quedamos en caída libre, en el limbo». Pero lo hecho, hecho está. «Aunque la ventaja es que ahora si tuviera que ir a Australia no tendría miedo. Siempre hay una oficina a la que volver».

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