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30º ANIVERSARIO DE UNA MASACRE

Hipercor: el final de la ambigüedad

La matanza indiscriminada liquidó la admiración que algunos sectores políticos catalanes profesaban a ETA

Incluso Herri Batasuna expresó una tímida "crítica" a la banda terrorista

JOSE RICO / BARCELONA

Tres periodistas de El Periódico explican cómo se vivió en el diario el atentado de Hipercor. / MÒNICA TUDELA

Bajo los escombros del Hipercor de la Meridiana no murieron solo 21 personas. Aquel trágico viernes, en aquel supermercado marcado para siempre por el zarpazo del terrorismo, quedó enterrada una actitud política en Catalunya que, con tonos e intensidades variables, había caminado hasta entonces entre la admiración, la idolatría y la ambigüedad. Fue un repentino (y sangriento) despertar de un sueño que se escondía detrás de una retórica de lucha armada por la liberación nacional cuyos fedatarios ya no se atrevieron a buscar, aquel 19 de junio de 1987, justificación racional posible. No podía haberla.

Hasta entonces, en sus boletines reivindicativos, ETA encasillaba sus acciones por objetivos: «Contra las fuerzas de ocupación, contra la mafia policial de la droga, contra la oligarquía y contra los intereses económicos españoles». La población civil de un barrio obrero de Barcelona no figuraba en la diana, como tampoco el modus operandi de la matanza indiscriminada, una socialización del terror y el dolor con la que los etarras superaron a la mismísima Yihad Islámica, a la sazón embrionaria en España, que había dejado 18 muertos dos años antes con la voladura del restaurante El Descanso, en Madrid.

La elección de Catalunya, 'hermana' de Euskadi en cuestiones nacionales, para ejecutar el giro estratégico fue el otro elemento que rompió los esquemas prefijados y despertó las conciencias aún adormiladas. El entonces lendakari, José Antonio Ardanzalo admitía recientemente: «Antes de Hipercor, solíamos cuidar la terminología al hablar de ETA. Decíamos atentados, pero no asesinatos o terrorismo. Después de aquello, la sociedad tuvo una visión más clara de lo que era ETA. Incluso entre los que le daban apoyo político, empezaron a haber deserciones».

40.000 VOTOS EN CATALUNYA

Sin aspirar a una condena que jamás llegaría, Herri Batasuna sí expresó su «más enérgica crítica» por la masacre, un desmarque leve de ETA pero el más significativo hasta la época. Nueve días antes del atentado, HB había obtenido en Catalunya 39.692 votos y un diputado (Txema Montero) en las elecciones europeas. El ensayo catalán de ETA, Terra Lliure, y su brazo político, el Moviment de Defensa de la Terra, se frotaban las manos por sus expectativas de expansión. La barbarie frenó en seco la alegría.

Una de las pancartas más aplaudidas en la manifestación de repulsa que desbordó el paseo de Gràcia tres días después del crimen rezaba: '¿Cómo puede ser que haya 40.000 personas en Catalunya que votan a los asesinos de ETA?' En las europeas de 1989, a HB solo le quedaban 15.427 apoyos catalanes. Aislada social y políticamente, Terra Lliure se desgajó e inició un proceso de demolición que se tornó irreversible cuatro años después de Hipercor con otra masacre etarra. En Vic, el corazón de la Catalunya nacionalista.

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