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La 'desconexión' de Rajoy

El presidente, ajeno al polvorín de corrupción en el PP, anuncia 1.300 millones para el AVE

Iolanda Mármol

Rajoy anuncia 1.300 millones de inversión para el AVE. / KIKO HUESCA / EFE VÍDEO

Mariano Rajoy decidió este viernes poner a prueba, una vez más, esa capacidad tan suya de encerrarse en una burbuja cuando el entorno le resulta hostil. Mientras el polvorín del PP madrileño ardía con nuevas revelaciones de una corrupción que mantiene en estado de shock a la opinión pública, el jefe del Ejecutivo evitó hacer cualquier reflexión, no mostró un gesto de empatía con el estupor ciudadano, y, aparentemente ajeno al campo de minas que tiene alrededor, anunció con pompa una inversión de 1.300 millones para el AVE. 

La casualidad se lo puso difícil, pero cumplió con nota. Este viernes estaba programado el viaje oficial para celebrar el 25º aniversario del primer tren de alta velocidad en España. Aun con los escándalos de corrupción, era imposible desconvocar, de modo que Rajoy y su comitiva subieron a un AVE que salió de Madrid y llegó a una dimensión paralela. 

Esperándoles estaba la presidenta de la Junta, Susana Díaz, que fue a recibirlos a la vía, atenta y apresurada, con un paso de legionario desalentaba cualquier intento de acercamiento. 

"UN ANUNCIO IMPORTANTE"

En realidad, las esperanzas de acercarse a Rajoy se habían desvanecido antes, cuando la Moncloa trató de dar esquinazo a los periodistas haciéndoles subir al AVE sin que el presidente hubiera pisado aún el andén. Enviaron, a medio camino, al ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, visiblemente inquieto, quien explicó que Rajoy estaba “de buen humor” y, redoble de tambores, que iba a hacer un anuncio importante al bajar en Sevilla. 

¿Sería la dimisión de Esperanza Aguirre? Es más, ¿estaba de buen humor porque finalmente se deshacía de la 'lideresa'? No, la realidad era que iba a anunciar la inversión de 1.300 millones de euros en la alta velocidad, la compra de 15 trenes y la puesta a la venta de 250.000 billetes a 25 euros. Con estos datos despachó Rajoy el acto institucional en la estación de Santa Justa, sin mencionar alegrías ni penas por la corrupción.

Sin embargo, aún quedaba otra oportunidad de contacto con la realidad. El discurso en los Jardines del Alcázar, veinte minutos más tarde. ¿Valía la pena la carrera? Sí, la valía, por el madrugón, por el titular y porque, a fin de cuentas, ni siquiera Rajoy podría permitirse una desconexión tan absoluta. 

Pero sí pudo. En el segundo acto, detalló hasta el sopor los tramos en construcción de la alta velocidad. Nada más. ¿Nada más? “Lo que el jefe tenía que decir ya lo dijo ayer [por el jueves]”, sentenciaron en su equipo.

Ya en el AVE de vuelta a Madrid flotaba una sensación de ‘fake’ a los que se habían levantado a las seis para escuchar la valoración del presidente del Gobierno sobre los escándalos de corrupción del PP. Si quedaban dudas, se despejaron: no hay como una conversación de cafetería pillada al aire.

“El jefe, que es el que importa, está contento. No ha habido sobresaltos con el tema”, comentaban, aliviados, dos cargos del ministerio de Fomento cuyo máxima función este viernes, se excplicaban, había sido evitar que 'los plumillas' llegasen a acercarse a Rajoy.

CON LOS JÓVENES SÍ

Ya por la tarde, Rajoy inauguraba el congreso de las juventudes del PP y, allí sí, hizo un velado comentario sobre la corrupción. "La gente del PP no se porta mal nunca", ha proclamado antes de instar a todos sus afiliados a preservar la unidad y no generar divisiones, informa Julia Camacho.

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