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CRISIS EN EL SOCIALISMO

Sánchez dimite, el PSOE implosiona

El secretario general renuncia tras perder la batalla y da por hecho que los socialistas se abstendrán con Rajoy

Los críticos, con Díaz a la cabeza, toman el control a través de una gestora en un partido roto

Juan Ruiz Sierra

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez, en su comparecencia ante la prensa tras presentar su dimisión como líder del PSOE en el comité federal. / REUTERS / SUSANA VERA

Pedro Sánchez se resistió este sábado hasta el final, fiel al aguerrido estilo que ha mostrado desde que alcanzó el liderazgo del PSOE hace más de dos años, una etapa en la que ha tenido que luchar contra gran parte del partido. Pero al final cayó. Once horas después de que se reuniesen los 250 miembros del comité federal, máximo órgano socialista, Sánchez perdió una votación por 107 votos a favor y 132 en contra y se rindió ante la evidencia: la mayoría de los dirigentes ni le apoyaban ni aceptaban de ninguna de las maneras el congreso exprés que había diseñado, tras las sucesivas derrotas electorales, para mantenerse en el cargo, abanderando el ‘no’ a la continuidad de Mariano Rajoy .

Es una decisión que tendrá que esperar. La pilotará la gestora, presidida por el asturiano Javier Fernández, que ahora se hará cargo de un partido roto por completo, una organización que este sábado ofreció el espectáculo político más dantesco de los últimos tiempos: militantes en la puerta de la sede increpando a los adversos al ya exsecretario general (“¡golpistas!, "¡casta!", “¡sinvergüenzas!”, gritaban), horas y horas de discusión sobre qué, quién y cómo se votaba, urnas que aparecían y desaparecían, dirigentes disputándose el micrófono de la sala, gritando e insultándose entre sí.

Sánchez quería plantear el debate en términos de Rajoy sí o Rajoy no, con él personificando el sentir de las bases, contrario al PP. Pero los críticos, liderados por los barones de mayor peso orgánico (y en especial por la presidenta andaluza, Susana Díaz, a quien se ve como probable recambio), le dijeron que no, que lo que aquí se debatía, en realidad, era si él debía seguir o no al frente de las siglaas. Aun así, tras el reconocimiento de su derrota, Sánchez dio por hecho que el PSOE acabará absteniéndose para que el presidente en funciones continúe en el poder. Es una hipótesis más que probable, sobre todo a la luz del desgaste sufrido en los últimos días (incluida la dimisión el pasado miércoles de la mitad de la extinta ejecutiva), que deja a los socialistas en pésimas condiciones de presentarse a unas terceras elecciones.

UNA VOTACIÓN ADVERSA

Con claro gesto de agotamiento y la voz algo rota, Sánchez dijo: “Después de mucho debate, la reunión ha desembocado en una votación sobre el congreso. Hay dos cuestiones que se tenían que dirimir: el liderazgo y la posición del PSOE en la investidura. Desgraciadamente, la votación ha sido adversa. Y lógicamente yo no podía administrar una decisión que no comparto. Subrayo que mis padres me enseñaron que lo más importante es mantener la palabra. Hoy más que nunca hay que estar orgulloso de militar en el PSOE, que contará con mi apoyo leal”.

Sánchez no aceptó preguntas ni aclaró si abandonará su escaño en el Congreso de los Diputados. Tampoco dijo si pensaba plantear batalla en el futuro congreso del PSOE, en el que los militantes elegirán a su próximo secretario general. No lo harán el 23 de octubre, como el exlíder y sus colaboradores querían para dirimir ahí también si el partido debía abstenerse, ir a terceras elecciones o intentar, como él defendía, un Ejecutivo alternativo al del PP gracias a un muy difícil pacto con Podemos y Ciudadanos. Las primarias, y el cónclave posterior, tendrán lugar cuando la gobernabilidad del país se haya resuelto. El equipo de Sánchez no descarta que vuelva a dar el paso y se presente a esa cita orgánica: ha construido un relato épico, en el que aparece como un mártir que ha luchado hasta el último suspiro para evitar un entendimiento con los conservadores. Y por el camino ha sabido granjearse el apoyo de las bases.    

QUÉ, QUIÉN Y CÓMO

Lo más importante ahora es cómo se vuelve a unir el partido tras esta implosión. La fractura no tiene precedentes. El escrache organizado por decenas de militantes a las puertas de la sede socialista, en la madrileña calle de Ferraz, a los críticos con Sánchez es indicativo del momento. Tanto como lo que ocurrió dentro del comité federal. Los partidarios del exsecretario general querían votar sobre el congreso relámpago, en secreto y contando las papeletas de lo que quedaba de la ejecutiva, tras las bajas de 17 de miembros enfrentados a Sánchez. Sus detractores, sobre la necesidad de constituir una gestora, con una votación a mano alzada y sin tener en cuenta el sentir de la dirección en funciones, a la que no reconocían.

Al final, cuando ya habían pasado 11 horas desde el inicio de la reunión (con múltiples recesos, altercados y negociaciones a cara de perro) y después de que los enfrentados a la dirección recogieran firmas para una moción de censura, llegaron a una vía intermedia: se votó sobre el congreso que buscaba Sánchez y contando las papeletas de los que aún formaban parte de la ejecutiva, pero no en secreto. Se trata de un detalle clave a ojos de los partidarios del exlíder, que denunciaron intimidaciones por parte de los críticos, un sector al que pertenece casi todo el poder institucional socialista: seis de los siete presidentes autonómicos están en él. Solo la balear Francina Armengol estaba en el otro bando.  

Sin embargo, la veintena de los miembros del PSC en el comité federal votaron a favor del ya dimitido. Es enorme el miedo de los socialistas catalanes ante la probable llegada de Susana Díaz y lo que uno de ellos definió como su “regionalismo rampante”. La andaluza dijo el pasado jueves que ella quería volver a “coser” al PSOE, pero ahora mismo casi todos dicen, a un lado y otro, que no hay hilo que pueda recomponer el partido.     

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