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LA ENCRUCIJADA SOCIALISTA

Sánchez se atrinchera a pesar de la dimisión de la mitad de su ejecutiva

Los críticos con el líder del PSOE señalan que la dirección ha quedado disuelta y piden una gestora

El secretario general carga contra el "golpe" y mantiene su plan de celebrar un congreso relámpago

Juan Ruiz Sierra

Los enfrentados a Pedro Sánchez dentro del PSOE no eran hasta el pasado lunes un bloque homogéneo. Algunos eran partidarios de destituir tajantemente al secretario general; otros buscaban una salida menos traumática. Había quien abogaba por abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy y quien tenía dudas. Sin embargo, la huida hacia adelante planteada por el líder socialista, convocando un congreso relámpago para mantenerse en el cargo, ha conseguido unir a todo este sector, que ayer optó por la vía más expeditiva. La mitad de los miembros de la ejecutiva socialista presentaron su dimisión. El movimiento pretendía tumbar a Sánchez al traer consigo la disolución del organismo de dirección, pero el líder socialista volvió a exhibir su capacidad de resistencia, aferrándose al cargo mientras los suyos argumentaban que las bajas, por muy "graves" que fueran, no tenían ningún efecto sobre su autoridad.

El PSOE se adentra en la dimensión desconocida. El secretario general dice que continúa siendo secretario general, pero los críticos contestan que solo es un militante más. La ejecutiva, o lo que queda de ella (dimitieron 17 de sus 35 integrantes) se reunirá este jueves, mientras los enfrentados a Sánchez argumentan que no podrá tomar ninguna decisión porque ya no existe esa ejecutiva. A sus ojos, el partido debería quedar en manos de una gestora, algo a lo que se oponen Sánchez y los suyos. Ambos bandos incluso difieren sobre dónde se debe solucionar este choque. Los primeros creen que hay que acudir a la comisión de garantías del PSOE, donde los críticos tienen una mayoría de tres a dos. Los segundos sopesan ir a los tribunales.

LAS DUDAS JURÍDICAS

La discusión se centra en cómo interpretar los estatutos socialistas. "Cuando las vacantes en la Comisión Ejecutiva Federal afecten a la secretaría general, o a la mitad más uno de sus miembros, el comité federal deberá convocar congreso extraordinario para la elección de una nueva Comisión Ejecutiva Federal", señala el artículo 36, apartado o, de esta norma.

Para los dimisionarios, su movimiento implica que ya no hay dirección, ni tampoco líder, y que lo único que queda por hacer es nombrar una gestora para que pilote el partido hasta el nuevo congreso. A su juicio, este debería celebrarse cuando España tenga un Ejecutivo con plenas facultades y no ahora, como quiere Sánchez, que intenta que el cónclave tenga lugar cuanto antes, con unas primarias el 23 de octubre.

Los colaboradores de Sánchez rechazan esta visión con dos argumentos. El primero, menor, es que 17 dimisiones no representan a más de la mitad de la ejecutiva, porque esta tiene 35 miembros. Los críticos, un bando al que pertenecen seis de los siete presidentes autonómicos del partido (la única excepción es la balear Francina Armengol), señalan que la dirección socialista tuvo en su origen 38 integrantes y que tres de ellos ya no forman parte de ella por distintos motivos. "Diecisiete más tres suman 20 vacantes", insisten. Pero el motivo de peso de los partidarios de Sánchez para no disolverse es otro. Subrayan que los estatutos del PSOE no dicen que la ejecutiva deje de existir, porque allí no aparece la posibilidad de constituir una gestora.

LA VOZ DE LOS MILITANTES

Así que poco después de haberse presentado las bajas, César Luena, secretario de Organización y mano derecha de Sánchez, anunció que su plan seguía adelante. Los casi 300 miembros del comité federal deberán votar en su próxima cita (convocada para este sábado, pero ya nada es seguro) sobre la celebración del congreso exprés diseñado por quien, para Luena, sigue siendo el secretario general. Enseguida hizo una dura valoración política. "Aquí no caben golpes. Se ha querido torcer la voluntad de los órganos del partido para que los militantes no hablen", dijo.

"Luena ya no es el secretario de Organización", contestó Antonio Pradas, el hasta este miércoles secretario de Política Territorial, mano derecha de la andaluza Susana Díaz y encargado de entregar las bajas de los miembros de la dirección.

Fue el final de una jornada que ya había comenzado fuerte, con Felipe González señalando en la Ser que se sentía "engañado" por Sánchez porque este le había dicho en junio que pensaba abstenerse con Rajoy. Sánchez no desmintió al expresidente del Gobierno, pero declaró a eldiario.es: "Las decisiones las tomo yo". Según una parte importantísima del PSOE, ya no.  

   

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