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EL PULSO SOBERANISTA

Junts pel Sí sopesa vetar la moción de la CUP que acelera la ruptura

La Mesa del Parlament podría no tramitar el texto de los anticapitalistas

Profundo malestar de JxSí por el órdago de sus socios parlamentarios

Fidel Masreal

Reunión de la Mesa del Parlament, presidida por Carme Forcadell

Reunión de la Mesa del Parlament de hace unas semanas. / CARLOS MONTAÑÉS

En una decisión con pocos precedentes, la Mesa del Parlament podría no admitir a trámite este martes una moción presentada el pasado viernes por la CUP en la que el grupo anticapitalista exige ratificar la declaración de ruptura votada por el Parlament el 9 de noviembre, acelerar su aplicación y desobedecer al Tribunal Constitucional.

La moción, de hecho, es un desafío y ha causado un profundo malestar en Junts pel Sí (JxSí), que la considera un mero instrumento táctico para que la CUP "marque perfil". El enojo de la coalición de CDC, ERC y diputados independientes se acumula a las votaciones que la CUP ha hecho perder al grupo del Govern en el Parlament durante las últimas sesiones. Fruto de este malestar este lunes la dirección de JxSí ha analizado la posibilidad de no aceptar a trámite el texto de la CUP en la reunión de la Mesa del Parlament que tendrá lugar este martes Junts pel Sí dispone de mayoría en la Mesa para forzar esta decisión.

LOS ARGUMENTOS PARA EL VETO

La posibilidad de no tramitar la moción del partido anticapitalista supondría un órdago político de primera magnitud. La justificación de esta posición podría basarse en dos argumentos. Por un lado, el hecho de que el Parlament ya ha votado el 9 de noviembre lo que ahora la CUP pide "reiterar". Por otro, podria aducirse que votar esta moción podría ser netamente contrario a la legalidad, dado que el Tribunal Constitucional ha declarado nula la moción votada el 9-N. En cualquier caso, este revés a la CUP podría generar una respuesta automática de los anticapitalistas reclamando a la Mesa de la Cámara que reconsidere su posición.

Este lunes, en Junts pel Sí ha cundido el mutismo respecto a la decisión a tomar, mientras lor órganos directivos del grupo se reunían para abordar este nuevo desafío. Otra opción sería la de aceptar a trámite la moción y mostrar la disconformidad con la misma en la votación en el pleno parlamentario, prevista para la primera semana de abril. En cualquier caso, el choque con la formación encargada de garantizar la estabilidad parlamentaria está asegurado.

UN CONSTANTE DESMARQUE

Casi desde el mismo momento en que la CUP firmó el pacto con Junts pel Sí para apoyar la investidura de Carles Puigdemont en lugar de Artur Mas y de garantizar la estabilidad parlamentaria, la formación anticapitalista trató de marcar distancias y mostrar su rostro más crítico. Se jactó, por ejemplo, de haber mandado a Mas "a la papelera de la historia". El relevo de dos de los 10 diputados de la CUP, fijado en el pacto, no incluyó a Anna Gabriel, como esperaban en CDC. Y la coordinación con el grupo parlamentario de Junts pel Sí para actuar conjuntamente ha sido testimonial. El acuerdo incluye, según ha reiterado el 'expresident' Mas y el 'president' Puigdemont, que la CUP apoye los presupuestos del 2016, pero el partido anticapitalista no lo da ni mucho menos por hecho. Además, ha votado junto con la oposición y contra Junts pel Sí en asuntos como la gestión del agua.

En la moción presentada el viernes, la CUP redobla la presión. De entrada, porque obliga a Junts pel Sí a ratificarse a favor de un texto que el TC ha considerado inconstitucional. Seguidamente, porque exige al Govern que despliegue en un plazo máximo de un mes un "plan de ejecución" sobre los anexos de esa declaración del 9-N (referidos al desarrollo de diversas políticas sociales). Y finalmente, porque insta al Ejecutivo de Puigdemont a "desatender los requerimientos de la Audiencia Nacional" relacionados con el proceso de "desconexión democrática" y a elaborar, también en un máximo de 30 días, un "plan de actuación relativo a la fase preconstituyente del proceso constituyente", así como a destinar una partida presupuestaria a esta "fase preconstituyente".

UNA DIVERGENCIA DE FONDO

En definitiva, un órdago que busca acelerar la ruptura y, por tanto, ahonda en la divergencia de fondo entre Junts pel Sí y la CUP. La coalición de CDC y ERC prefiere avanzar en el proceso soberanista dentro de los márgenes de la legalidad hasta lograr una mayoría social más amplia que la actual. En este sentido, este lunes el vicepresidente del Govern y líder de ERC, Oriol Junqueras, que hasta ahora siempre había defendido con vehemencia el independentismo con o sin acuerdo con el Estado, ha afirmado en Catalunya Ràdio que la independencia dependerá de un acuerdo con las instituciones españolas. "La independencia de Catalunya no será fruto solo de una decisión unilateral por parte de las instituciones catalanas. Ni siquiera será fruto de un supuesto acuerdo bilateral con las instituciones españolas, sino, como cualquier proceso político complejo, será inevitablemente multilateral", ha afirmado.

En cambio, la formación anticapitalista no esconde que su intención es la de hacer efectivo cuanto antes el choque institucional y de legitimidades con el Estado. Y ante sus bases muestra así su cara más combativa tras haber pactado con Junts pel Sí, un acuerdo que no esconden que les genera dificultades internas y contradicciones ideológicas.

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