Ir a contenido

DE AMER A LA PLAZA DE SANT JAUME

Carles Puigdemont, el hijo del pastelero

Ferran Cosculluela

Carles Puigdemont, el hijo del pastelero

Carles Puigdemont, a la derecha, jugando con un coche, junto a su hermano Francesc, en LEstartit.

"Nuestra familia siempre ha sido catalanista, aunque hemos tirado más hacia la derecha", señala su tío Josep Puigdemont

A estas alturas, la mayoría de ustedes ya habrá adivinado que el fervor independentista del nuevo 'president' de la Generalitat no va de farol. Al contrario que algunos dirigentes de Convergència que se han subido al tren secesionista en el último minuto, hace años que Carles Puigdemont está convencido de que la prosperidad de Catalunya pasa inevitablemente por la superación del marco autonómico. Unas firmes convicciones nacionalistas que salen a la luz cuando se escarba en su pasado y se habla con su familia y las personas que lo trataron durante la infancia que pasó a caballo de Amer (Selva) y el internado de Santa Maria del Collell, en la Garrotxa, donde cursó la mitad de la primaria.

El 130º 'president' de la Generalitat nació en la casa familiar, conocida como Can Crous, el 29 de diciembre de 1962. Un año que se recuerda por las grandes nevadas que colapsaron Catalunya durante las fiestas de Navidad y que en Amer provocaron el fallecimiento de varias personas debido al hundimiento de un edificio. La familia Puigdemont cuenta que Carles fue bautizado el mismo día en el que se enterró a las víctimas de aquel accidente y que, por ese motivo, no sonaron las campanas durante la ceremonia religiosa.

Curiosamente, esa coincidencia entre nacimiento y muerte, aunque en este caso a nivel político, se ha repetido en otras ocasiones en la trayectoria vital del 'president'. Como cuando en el 2007 fue elegido para encabezar la candidatura de CiU a la alcaldía de Girona de forma accidental, después de que la persona que había sido elegida, el abogado Carles Mascort, renunciara a liderar la lista tras recibir unas misteriosas amenazas. La otra carambola que le guardará un puesto destacado en la historia de Catalunya, y que también está directamente relacionada con la 'eliminación' de su predecesor, ya la conocen de sobra porque desde hace una semana no se habla de otra cosa.

UNA FAMILIA SENCILLA

Carles Puigdemont es el segundo hijo de una familia de ocho hermanos. Nieto e hijo de pasteleros, se ha criado en un entorno en el que el esfuerzo y el trabajo son valores esenciales para sobrevivir. «Sus padres, Xavier y Núria, se han sacrificado mucho por ellos. Trabajando todo el día, les han dado estudios a todos. Apenas salían de la pastelería. Son admirables, y lo que más me alegra de su designación es que se trata de una familia sencilla, que nada tiene que ver con la élite barcelonesa», explica una vecina que conoce muy bien a los Puigdemont y que durante un tiempo estuvo trabajando en la capital catalana.

Anna, la quinta hija de la saga Puigdemont, recuerda a su hermano Carles como un niño «inquieto y curioso», al que le interesaba saberlo todo. «Él mismo imprimía diarios con tapones de corcho, hacía teatro con una colla de amigos, escribió algún guion e incluso hizo una versión musical de 'Els Pastorets'. Ya entonces era diferente», comenta su hermana mientras no para de recibir felicitaciones en la pastelería que regenta con otros hermanos, entre ellos el mayor, Francesc, que nació 13 meses antes que el 'president' y que ha sido quien ha asumido el relevo profesional del padre.

«¿Qué se siente cuando una está rodeada de portadas con la foto de tu hermano? -en la tienda de los Puigdemont también se venden diarios-. «No lo sé, la verdad. Todo ha sido como un huracán desde hace una semana, pero ya estoy acostumbrada a que mi hermano se meta en berenjenales», afirma Anna.

SE PERDIÓ UN ASTRONAUTA

De pequeño, Carles quería ser astronauta, como gran parte de esa generación que cuando llevaba pantalones cortos vio asombrada por la tele que los norteamericanos habían llegado a la Luna, pero cuando pasó esa fiebre infantil se inclinó por el periodismo. En su pueblo ya escribía en una revista llamada 'Esplet' y completaba su vocación profesional con dos de sus grandes aficiones: la música y el fútbol, con unos disputados partidos en el patio del instituto y en la plaza de la Vila, en los que la mayor parte de las veces él era el dueño del balón, según rememora su compañero de promoción, Joan Güell.

"Se quejaba de que en los libros de texto se hablaba de Franco de forma poco crítica", recuerda una de sus profesoras

Las profesoras Mercè Vila e Imma Rodríguez, que lo tuvieron como alumno en clases de BUP, en Amer, lo recuerdan como un niño «discreto», que no acostumbraba a meterse en problemas y que ya mostraba un vivo interés por la historia y la geografía de Catalunya. No así por las ciencias y las matemáticas, de las que era poco amigo. «Se conocía de pé a pá la geografía de Catalunya y se quejaba de que los libros de texto de la época (entre los años 1977 y 1979) hablaban de la época de Franco de forma poco crítica. En esa cuestión daba bastante la tabarra, porque de pequeño ya iba a piñón fijo con el tema nacionalista», recuerda Vila.

Rodríguez también relata que era un alumno al que le gustaba mucho participar en clase y en las actividades del instituto. «Sus intervenciones en las clases eran brillantes y argumentaba muy bien las cosas. No era un típico empollón, pero sí que era más maduro en algunos aspectos, era un poco un niño grande», afirma la profesora.

Una de sus grandes influencias familiares fue su tío Josep Puigdemont, primer alcalde de la democracia de Amer por CiU (1979-1983). «En la campaña electoral, con apenas 17 años, Carles ya me ayudó en la redacción de algunos escritos», rememora el exalcalde, que en 1982 inauguró, en una ceremonia presidida por Jordi Pujol, la reforma de la plaza de la Vila, en la que fue la primera visita de un 'president' a la localidad y que seguramente fue vivida con mucha intensidad por el joven Carles.

JUVENTUDES NACIONALISTAS

Un año después se afiliaría al partido de su tío, cuya asociación de juventudes nacionalistas ayudó a crear en Girona acompañado de Pere Casals. «Nuestra familia siempre ha sido catalanista, aunque hemos tirado más hacia la derecha que hacia la izquierda, por la herencia de los daños causados en la guerra civil, con destrucciones de iglesias y patrimonio artístico. Mi padre se exilió para no ir a la batalla del Ebro. Nuestra generación vivió las consecuencias de la guerra y le explicamos eso que llevábamos dentro», cuenta el 'tiet'. 

Unas vivencias que explican en gran medida porqué, siendo un convencido independentista, el joven Carles optó por el partido del pactista Pujol y no por formaciones más rupturistas como Esquerra Republicana. «Los pueblos tienen derecho a la libertad, al igual que los hijos a irse de casa. Pero el proceso es difícil porque no hay mentalidad democrática en España, que aún está anclada en el imperialismo de los siglos XV y XVI. Es un ideal que se lleva dentro toda la vida», proclama el exalcalde.

POLÍTICA Y PERIODISMO

El inicio de la trayectoria política de Puigdemont coincide con el comienzo de sus primeros pasos profesionales. Primero como corresponsal en Amer de 'Los Sitios' (que se convertiría en el 'Diari de Girona'), luego como corrector del recién surgido 'Punt Diari' (hoy 'El Punt Avui'). Un rotativo de nuevo cuño nacido en las comarcas de Girona en plena ebullición democrática y en el que pasaría trabajando 15 años como responsable de Comarcas, jefe de sección, redactor jefe y jefe de área. Puigdemont simultaneó sus inicios periodísticos con los estudios de Filología en Girona. Una carrera que, en parte, eligió porque en esa época solo se podía estudiar Periodismo en Barcelona.

Tras tomarse un año sabático en 1993, durante el que recorrió varios países de Europa y estudió cómo se trataba el hecho catalán en la prensa internacional, así como la influencia de las nuevas tecnologías en el periodismo, Puigdemont abandonó el diario en 1995 y fundó una pequeña empresa de comunicación que, entre otros trabajos, asesoró a Carles Pàramo en la alcaldía de Roses (Alt Empordà). Un alcalde que cinco años más tarde acabaría casándole con Marcela Topor el 8 de junio del 2000 en una ceremonia civil en el ayuntamiento del Alt Empordà que culminó con una fiesta íntima en el Hotel Almadraba Park.

Un año antes de esas nupcias, Puigdemont fundó la Agència Catalana de Notícies (ACN), un proyecto novedoso que arrancó con capital público y cuyo objetivo era impulsar la información local y acelerar el uso de las nuevas tecnologías de la información. Anna Nogué, actual subdirectora de la ACN, fue una de las que participó en aquel proyecto. «Puigdemont me llamó a principios de 1999. No lo conocía y ya vi que era una persona apasionada, con las ideas muy claras y empuje. Antes que el sueldo que querías cobrar, te preguntaba si tenías ilusión. Me preguntó si había entrado en internet o si había enviado alguna vez un e-mail. Yo le dije que no, pero que había estado al lado de alguien que lo había hecho», recuerda.

PERFIL 2.0

En aquellos inicios Puigdemont, que fue el primer diputado del Parlament en tener cuenta de Twitter y que tiene un marcado perfil 2.0, animaba a los redactores de la ACN ha hacer «pedagogía» en los ayuntamientos e instituciones locales. «Si nos enviaban un documento por fax, decía que teníamos que hacer que la próxima vez nos lo enviaran por mail. Nos pedía que ayudáramos a que el mundo local y comarcal entrara en la era de internet», narra Nogué, que califica a Puigdemont de persona «osada pero no temeraria cuando se le mete una idea en la cabeza».

En su etapa como alcalde de Girona, cargo que ocupó por primera vez en el 2011 tras tres décadas de hegemonía socialista, Puigdemont demostró su habilidad para fraguar pactos con la oposición, ya que en los dos mandatos consecutivos en los que ha salido escogido siempre ha gobernado en minoría. Sílvia Paneque, la actual portavoz del grupo municipal del PSC, considera que es una persona «con la que se puede hablar», aunque le reprocha que «no acepta fácilmente las críticas, a pesar de que estas sean constructivas».

Paneque también destaca que el nuevo president tiene una gran capacidad de respuesta en el rifirrafe dialéctico de los turnos de réplica, pero que su oratoria se queda corta a la hora de hacer discursos solemnes. En cuanto a su capacidad de implicación, la concejal socialista considera que es variable. «Cuando tiene un interés específico en un tema, vuelca mucha energía y pasión, pero cuando un asunto no despierta su interés, le cuesta asumirlo», afirma. 

0 Comentarios