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EL 'ANNUS HORRIBILIS' DE UN CLAN

Los últimos apoyos de Pujol

El 'expresident' ha contado con la conmiseración de sus discípulos en CDC y su antiguo círculo de confianza en la Generalitat

Artur Mas nunca le ha afeado su conducta y reivindica su legado político

JOSE RICO / BARCELONA

Combo Pujol

De izquierda a derecha, Artur Mas, Felip Puig, Macià Alavedra, Lluís Prenafeta, Lluís Pascual Estivill y Francesc Cabana. / periodico

«El primer pujolista del país era yo, hasta el día de Sant Jaume [25 de julio]». Francesc Cabana, cuñado de Jordi Pujol Soleyse sinceró ante la comisión de investigación del Parlament con una frase que bien podrían suscribir todos los dirigentes y exdirigentes de CDC. El 25 de julio del año pasado, el expresidente de la Generalitat de 1980 al 2003 pasó con su evasión fiscal confesa a ser un proscrito de la política. Sin embargo, quien tuvo retuvo y en un año todavía se han escuchado palabras de apoyo, aderezadas con conmiseración, hacia el hombre que se arrogó, en 1984, el 'copyright' de la ética y la moral.

Este aliento que le ha llegado, fundamentalmente, de sus discípulos políticos y de algunos de quienes formaron su guardia pretoriana en la Generalitat. Otros, por el contrario, han preferido marcar distancias e incluso disimular sus fuertes vínculos pretéritos con Pujol. El desplante más fuerte lo recibió de Xavier Trias, quien fuese su 'conseller' de Presidència: «Lo que tiene que hacer Jordi Pujol es desaparecer y renunciar a todo. Nos ha fallado. La sombra del pujolismo se ha acabado». Los dirigentes más jóvenes de CDC han tenido pocos miramientos a la hora de desairar a su antaño referente político.

En el caso de Artur Mas, su etiqueta de delfín del fundador de CDC ha sido una hipoteca difícil de sortear. En 365 días no le ha afeado la conducta, pese a sus intentos por situar a Pujol en el pasado más pasado del partido. «Pena», «compasión» e «inmenso dolor» fueron sus primeros sentimientos, a los que siguió el intento de disociar el Pujol político del Pujol contribuyente: «Cuando pase esta tormenta, con el paso del tiempo, seguro que tendrá manchas y debilidades, pero también grandes activos. 23 años de presidente no se borran de un día para el otro».

El empeño por salvar la herencia política del exjefe del Govern ha sido una constante en boca de dirigentes convergentes, sobre todo en la 'comisión Pujol'. Según el 'conseller' de Empresa, Felip Puigel legado pujolista como 'expresident' sigue «inmaculado», pese a las múltiples sospechas de negocios turbios entre la Generalitat y algunos hijos del matrimonio Pujol-Ferrusola. «Hay que demostrar el origen de la deixa. Algunos dejarían de tener presunción de inocencia, y otros de culpabilidad», sostuvo Puig, que integró durante años el círculo de confianza de Mas en CDC.

AMIGOS FIELES

Perseguidos también por la sombra de la corrupción, dos históricos del entorno de Pujol firmaron su defensa más férrea. «No diré ninguna cosa que le comprometa. Me creo absolutamente su versión del legado. Ha sido un gran president», proclamó el 'exconseller' Macià Alavedra. «Tengo un altísimo concepto de él. Fui soy y seré siempre amigo suyo. Creo que no se merece de ninguna manera la lapidación a la que está siendo sometido porque no ha cometido ningún delito», zanjó el exsecretario de Presidència Lluís Prenafeta, para quien ni siquiera el fraude fiscal que el propio Pujol confesó está demostrado.

Pero la dolencia que más aquejó a los comparecientes en la comisión fue la amnesia, sobre todo cuanto más cerca hubieron estado de Pujol. Un desafiante exjuez Lluís Pascual Estevill afeó que se haya «condenado socialmente con desprecio a la presunción de inocencia» a un «gran 'president'» con quien dijo no haber tenido relación alguna, ni con su entorno.

Su compañero de trama corrupta, el abogado Joan Piqué Vidal, defensor de Pujol en el 'caso Banca Catalana'justificó que su excliente tuviese ese «rinconcito» de dinero en el extranjero por la inestabilidad política y solo le reprochó que «éticamente» no fue correcto ocultarlo al fisco. «¡Qué pena para su imagen, pero ese dinero estaba allí, no lo llevó él!», remató. Javier de la Rosa, bautizado en su día por Pujol como «empresario modelo», ni siquiera recurrió a la amnesia. Calló y, si se aplica el dicho, otorgó.

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