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SONDEO DEL GESOP PARA EL PERIÓDICO

Los españoles se identifican con los indignados pero no esperan cambios

El movimiento es visto como la expresión de un malestar general al que los políticos no responden

El 64,1% de los encuestados dicen compartir las reivindicaciones planteadas por los acampados

RAFAEL TAPOUNET
BARCELONA

Hay motivos para la indignación. Eso es lo que piensan la mayoría de los españoles. La campaña de protestas y acampadas que saltó al primer plano de la actualidad el pasado 15 de mayo y que en las últimas semanas se ha acantonado en las plazas más emblemáticas de algunas ciudades españolas cuenta con las simpatías de una buena parte de la ciudadanía. Al menos, en lo que respecta al fondo de sus reivindicaciones, un magma heterogéneo en el que palpitan con fuerza el descontento generado por la difícil situación económica y la exigencia de medidas de regeneración democrática. Según el Barómetro de primavera elaborado por el Gabinet d'Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) para EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, el 64,1% de los españoles dicen compartir mucho o bastante las demandas del llamado movimiento de los indignados, un fenómeno que la inmensa mayoría de los entrevistados (el 88%) atribuyen a la existencia de «un malestar general». Sin embargo, son también mayoría (68,5%) los que se muestran convencidos de que los partidos políticos no harán el menor caso a las propuestas surgidas de la campaña del 15-M.

No sorprende que sean los jóvenes -el segmento de población con edades comprendidas entre 18 y 29 años- quienes se sienten más próximos a las reivindicaciones de los indignados (el 71,8% dice compartirlas), mientras que entre los entrevistados de más edad -a partir de 60 años- el porcentaje, aun siendo mayoritario, desciende sensiblemente (52,9%). La identificación con el movimiento es mayor en los municipios más poblados y entre los encuestados con un nivel de estudios medio o alto.

La adscripción política de los entrevistados tiene un interés singular a la hora de analizar las respuestas sobre este asunto. Los votantes de IU (y aquí se incluyen también los de ICV) y de UPD son, con holgura, los que se alinean de forma más nítida con las tesis de los acampados. En el otro extremo, cosa nada sorprendente, se sitúan los simpatizantes del PP, que conforman el único grupo en el que el rechazo al movimiento del 15-M es mayoritario.

Por comunidades autónomas, el País Vasco (80,4%), Catalunya (73,8%) y Valencia (72,3%) son los lugares en los que las protestas suscitan una mayor adhesión, mientras que en Galicia y las dos Castillas las razones de los indignados convencen a bastantes menos entrevistados (el 51,5% en ambos casos).

¿ANTISISTEMA? / Ni representación de una minoría ni grupos antisistema. Las dos etiquetas más utilizadas a la hora de intentar deslegitimar a los protagonistas de las acampadas son rechazadas por la mayoría de los ciudadanos. Aquí la excepción son, de nuevo, los votantes del PP, que, por un estrecho margen, sí se inclinan por afirmar que el movimiento del 15-M es una plataforma antisistema que no representa los intereses de la mayoría, una descripción que en los últimos días -y especialmente a raíz de la controvertida operación policial de la semana pasada en la plaza de Catalunya- ha sido ampliamente difundida por los medios de comunicación de derechas. Sin embargo, son muy pocos (incluso entre los simpatizantes de los partidos conservadores) quienes discuten que la oleada de protestas responde a un malestar general.

RESIGNACIÓN / Ahora bien, toda esta indentificación mayoritaria con los postulados de la campaña no se traduce precisamente en optimismo respecto a la posibilidad de cambios. Más bien al contrario. Se diría que los españoles están hoy tan indignados como resignados. Más de dos terceras partes de los encuestados (el 68,5%) opinan que los políticos españoles no harán caso de las propuestas planteadas por el movimiento. El escepticismo está particularmente extendido entre los jóvenes y entre quienes tienen un nivel de estudios medio o alto. Y un dato que no debería pasar inadvertido: los catalanes son los que menos confían en que sus políticos puedan dar respuestas satisfactorias a las cuestiones suscitadas por el 15-M.

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