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nuevo ciclo político

Y dos huevos duros

La Mesa del Parlament premia a Ciutadans con una reforma que evitará el rodillo de Laporta en el Grupo Mixto

Funcionarán por separado, pero tendrán cierto derecho de veto mutuo

JOSE RICO
BARCELONA

La difícil convivencia entre dos ideologías tan diversas como Solidaritat Catalana y Ciutadans en el Parlament ha obligado a los grupos a echar mano del ingenio para evitar que el Grupo Mixto se convierta en una especie de camarote de los Hermanos Marx y produzca escenas en color tan surrealistas -no digamos por ahora desternillantes- como las que dejó en blanco y negro para la historia del cine Una noche en la ópera en 1935. La Mesa de la Cámara catalana (Groucho) respondió a los toques de bocina de Albert Rivera (Harpo), mudo en un grupo con mayoría numérica para Joan Laporta (Chico). Aunque la decisión pareció salomónica, los escuderos del expresidente del Barça dejaron constancia de su enojo. Aún no está descartado el vodevil.

La Mesa quiso compensar a unos y a otros con una reforma del reglamento del Parlament que diese autonomía a cada miembro del Grupo Mixto. La solución propuesta es crear la figura del subgrupo parlamentario. Así, Solidaritat y Ciutadans podrán compartir responsabilidades. Cada fuerza tendrá un portavoz, podrá asistir a las comisiones, presentar proposiciones de ley, plantear interpelaciones e intervenir en las sesiones de control. Es decir, cada partido funcionará como un grupo autónomo. Dos compartimentos estancos aislados casi al completo. Y dos huevos duros.

El casi lo exige una de las cláusulas de la reforma, que, lejos de solucionar el problema de fondo, ata de pies y manos a ambos partidos. En aquellas iniciativas que exijan la firma de más de un grupo de la Cámara, cada subgrupo deberá contar con el apoyo mínimo de cinco diputados. Laporta tiene cuatro. Rivera, tres. Y no se permitirá que otro grupo les preste escaños.

Obstáculo puntual

Este obstáculo puede ser más puntual que cotidiano, pero afecta a actuaciones parlamentarias de gran calado, como la constitución de una comisión de investigación o un proceso de reforma del Estatut. En el segundo ejemplo, el camarote marxista puede echar humo. Y en el primero, depende del tema. En la práctica, Solidaritat y Ciutadans tendrán derecho de veto mutuo en este tipo de iniciativas, pero el perjuicio es mayor para los independentistas, que antes disponían de un rodillo para neutralizar cualquier movimiento riverista. Los antinacionalistas, pues, salen ganando.

Pero la Mesa también les puso deberes. Tendrán que repartirse su presencia rotatoria en las comisiones y sus turnos de intervención en plenos y comisiones, pues cada subgrupo dispondrá del 50% del tiempo. Lo lógico es que Laporta y Rivera se turnen en las preguntas al president, pero ese fleco todavía cuelga. Como tampoco está cerrado el capítulo de la asignación presupuestaria que le tocará a cada uno. En definitiva, la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.

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