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EDITORIAL

Recuperar el turismo

Conviene incidir en la necesidad de llevar a cabo medidas de promoción inmediata del sector

Turistas en la Sagrada Família.

Turistas en la Sagrada Família. / JOAN PUIG

Antes de los atentados de agosto y de la situación política a partir de septiembre, el turismo en Barcelona se debatía entre dos polos: la conjugación de la enorme aportación a la riqueza de la ciudad y la problemática de los excesos provocados por el sector.

Después de los acontecimientos del último trimestre, el turismo se ha convertido también en una guerra de cifras estadísticas para valorar en qué medida se ha visto afectado por las circunstancias críticas que ha vivido la ciudad y Catalunya entera. Una confrontación que, por un lado, aporta datos globales que permiten una valoración positiva en el conjunto anual y que, por otra, en mayor o menor medida, según las fuentes, indica un descenso notable, aunque más leve del que se podía prever, en el último trimestre.

Lo cierto, sin embargo, es que la bajada ha sido más perceptible en la franja del turismo medio-alto, de más poder adquisitivo, y en aquellos acontecimientos puntuales, convenciones y grupos de visitantes, que han preferido otras destinaciones debido a la inestabilidad. La afluencia de pasajeros se ha resentido mínimamente pero, al mismo tiempo, ha descendido el turismo de calidad que aporta más beneficio. 

Más allá de las lecturas sobre el pasado, conviene incidir en la necesidad de llevar a cabo medidas de promoción inmediata del sector. Barcelona sigue siendo un destino predilecto, avalado por distinciones internacionales. Y este es un activo, económico y social, que no puede dilapidarse. 

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