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Peccata minuta

Oriol Junqueras, en una imagen de archivo.

Señor Junqueras

Joan Ollé

La actual España del PP tal vez sea una mierda, pero en todo caso es una mierda teóricamente laica. Le suplico, señor Junqueras, que no asocie ideología con moral

Señor Junqueras, aunque el foco esté puesto en el de Bruselas, hoy quiero fijar el contraplano en usted. Le prometo –no soy creyente– que pensé y mucho en su pena las noches de Navidad, Año Nuevo y Reyes, lamentando que no pudiese compartir «el fred de la nit i la simbomba fosca», las 12 uvas ni la noche de los Magos con quienes desease. Sus Majestades le trajeron carbón envuelto en lazos amarillos. También le prometo, mirándole a sus ojos que nunca quisieron mirarme, que si un servidor se apellidase Llarena no hubiese calificado su presunta sediciosa rebelión como tal, sino como una penosa puesta en escena de teatro amateur en la que actores y actrices no supieron estar a la altura de los héroes que encarnaban. ¿Mi sentencia? Cien padrenuestros y mil avemarías.

Usted, 14 años más joven y antiguo que yo, optó por las esencias divinas y rurales mientras algunos, pisoteando asfalto, nos esforzábamos en comprender que el existencialismo del pelma de Sartre nos invitaba a construirnos, huérfanos de Dios y patria, desde la nada. Debatíamos con Camus mientras usted hurgaba en los archivos vaticanos con Ratzinger como compañero de pupitre.

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Más de una vez he escrito que sus convicciones religiosas (del latín religare, unir) deberían haberle aconsejado no atentar contra algún mandamiento de mi maldito catecismo salesiano. Le señalo dos: no mentirás ni tomarás el nombre de Dios en vano. Lo primero es cosa probada, ya que, desde lo más alto del Sinaí, señaló el camino hacia la Tierra Prometida, bendecida por la vieja Europa, el parné catalán y las estructuras de Estado a sabiendas de que eso no era verdad. Jesús fue más honesto: «Mi reino no es de este mundo», dicen que dijo.

Esgrimir las creencias

Lo de usar a su Dios como escudo divino es, si cabe, más preocupante. A los pocos instantes de ser votada la República Catalana, en las atrincheradas escaleras del Parlament usted tomó el micrófono para anunciar a sus feligreses que el cielo bendecía la decisión tomada. Luego, para evitar la cárcel –que no deseo a nadie– volvió a esgrimir sus creencias como arma arrojadiza, como si el Concordato Iglesia-Carlismo-Estado andase aún vigente, como si tuviese que ser juzgado por la Santa Inquisición y no por un tribunal europeo del siglo XXI. Tirando de su hilo, Fernández Díaz sería un tipo estupendo por el solo hecho de ser socio del Opus Dei. ¿No quedamos en que César y Dios eran instancias incompatibles?

La actual España del PP tal vez sea una mierda, pero en todo caso es una mierda teóricamente laica. Le suplico, señor Junqueras, que no asocie ideología con moral. Estoy harto de los buenos de la película.

PS: Mas, Forcadell, Mundó, los Jordis, Forn... ya han renegado de su fe. ¿Quién queda en la sacristía? 

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