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La hoguera

La drag queen de la Cabalgata de los Reyes Magos de Vallecas.

Travestis, racismo y Reyes Magos

Juan Soto Ivars

Si yo no me di cuenta de que besaba a mi propio padre, poco va a importar a los niños que desfilen con los Reyes Magos travestis, pigmeos, señoras con barba o el mismísimo Cantor de Jazz

La última vez que los Reyes Magos se acordaron de mí fue en la iglesia del pueblo de mi madre. Baltasar me llamó, corrí a su encuentro y me preguntó si había sido bueno. Le di un beso y me manché la cara de pintura. ¡Ay! Era mi último año de credulidad, y mi credulidad era tan grande que ni siquiera me di cuenta de que Baltasar, en realidad, era mi padre con la cara tiznada.

Al año siguiente empezó el gris. Aprendí que los negros no manchan cuando les das un beso. Dejaron de parecerme animales mitológicos y se convirtieron en vecinos. Morder la manzana del conocimiento puso fin a mis noches de Reyes. Hoy, si me preguntas cuál es el golpe más duro que nos da el paso del tiempo, te diré que es perder esa credulidad. (Servidor repetirá esto siempre y cuando siga conservando el pelo).

Pero no vivimos tiempos de ilusión infantil, sino de berrinches. Los Reyes no llegarán este año guiados por la estrella de Oriente, sino por el humo de las hogueras de la red social. En Vallecas desfilarán unos travestis en una carroza, decisión que a la derechona le ha parecido aberrante, y no me lo explico: las cabalgatas son, con permiso de la Semana Santa y el Carnaval, las fiestas que mejor han adaptado el transformismo a la tradición. Por su parte, la izquierda puritana berrea por la cabalgata de Alcoi, que tiene 150 años de historia. Dice la diputada Rita Bosaho que pintar a los pajes de Baltasar la cara de negro y los labios de rojo es una apología intolerable del racismo y la xenofobia, y que habría que ir pensando en acabar con eso.

Se equivocan la izquierda ofendida con las tradiciones y la derecha escandalizada con cualquier innovación. Si yo no me di cuenta de que besaba a mi propio padre, poco va a importar a los niños que desfilen con los Reyes Magos travestis, pigmeos, señoras con barba o el mismísimo Cantor de Jazz. Considerémoslo en frío: en este mundo solo hay una cosa que nos deja más ciegos que el prejuicio ideológico, y es la ilusión infantil.

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