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Dos miradas

Una imagen del mapa y la bandera de Tabarnia, publicada en su cuenta oficial de Twitter.

Más banderas

Emma Riverola

Tabarnia empezó siendo una broma, un espejo caricaturesco de algunas demandas nacionalistas, pero deja de tener puñetera gracia si empezamos a tomárnoslo en serio

Y ahora, banderas de Tabarnia. Por si no teníamos suficientes anhelos identitarios prendidos en los balcones, se dispara la demanda de la nueva enseña. Lo que empezó siendo una broma, un espejo caricaturesco de algunas demandas nacionalistas, una sátira que escoció a más de uno al desvelar las contradicciones y veleidades del procés, deja de tener puñetera gracia si empezamos a tomárnoslo en serio. Demasiadas emociones corren por las calles para sumar más señas a lo que nos separa. 

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El artificio de Tabarnia desnuda las trampas del discurso procesista, pero también la facilidad para pintar de colores las diferencias, además de la capacidad de las redes para propagar relatos y otorgar verosimilitud en su propia expansión. Vestir la entelequia de razones, dibujar similitudes con el área metropolitana, reflexionar sobre la fortaleza de las ciudades en el actual contexto mundial y su capacidad para convertirse en los pilares de los nuevos entramados sociales puede resultar un ejercicio intelectual de lo más interesante. Lástima que solo sean más palabras entregadas a las fronteras mientras racaneamos el diálogo de la justicia social. Quizá vaya siendo hora de inventar una bandera para la lucha contra el paro, la desigualdad, el coste de la vivienda o la precariedad laboral. Tal vez así la coloquemos en el centro del debate. Incluso, es probable, que consiga sumar a la mayoría de la población en una sola causa.

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