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El tratamiento informativo

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Los asesinatos machistas y el relato de los medios

Gemma Altell

Es imprescindible transmitir la complejidad del fenómeno, hacer didáctica y huir de los estereotipos

Desgraciadamente nos encontramos, una vez más, ante un presunto asesinato machista–el noveno en el 2017– succedido hace unos días en Catalunya. Concretamente en Sant Adrià de Besòs y una vez más habrá que recordar a los medios que el abordaje comunicativo requiere de un conocimiento profundo del fenómeno que permita huir de los tópicos y ayude a la opinión pública a entender y sensibilizarse con la llamada lacra social –que de tanto nombrarla hasta la expresión ha perdido fuerza comunicativa–. No es mi intención desarrollar un glosario de cómo debería ser el tratamiento de las violencias machistas –especialmente en el caso de los feminicidios– porque ya existen suficientes glosarios, pero sí aportar algunas reflexiones sobre la importancia del papel de los medios y el relato que deciden hacer.

Si bien el tratamiento informativo sobre las violencias machistas ha mejorado en los últimos años sigue habiendo dificultad para entender la naturaleza del fenómeno y salir del anecdotario y el sensacionalismo. En la mayoría de casos la ciudadanía solo recibirá información sobre los asesinatos machistas a través de la descripción de los medios y, por consiguiente, la construcción sobre qué es la violencia machista que cada uno/a se haga tendrá como base los argumentos, información y vocabulario proporcionado por los media. Hace falta pues transmitir la complejidad, hacer didáctica, y huir de los estereotipos. Diseccionemos algunos de los aspectos informativos de este último asesinato machista.

El miedo al agresor

Cuando informamos de que la mujer asesinada –después de dos denuncias– decidió no continuar con el proceso judicial es imprescindible contextualizar. Este hecho pasa a menudo en los casos de violencia machista en la pareja y puede ser debido a motivos como pueden ser el miedo al agresor o el llamado ciclo de la violencia por el cual después de cada agresión suele haber una escenificación de arrepentimiento por parte del agresor que hace que las mujeres –recordemos que quieren a sus agresores que son sus parejas– decidan dar una nueva oportunidad. 

A esta etapa la llamamos luna de miel (una fase del ciclo de la violencia) y no continuar con el proceso judicial o retirar las denuncias. También esta situación suele desembocar en un tiempo de tensión que acaba culminando en una nueva agresión. Cada mujer necesita unos tiempos distintos para identificar y salir de la situación de violencia. Si no explicamos bien cómo se produce este proceso estamos, implícitamente, culpando a la mujer asesinada por no haberse protegido suficientemente.

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Cuando leemos la clásica referencia a que los vecinos/vecinas habían oído o presenciado discusiones anteriores entre la pareja habría que afinar un poco más: en una relación de pareja en la que hay violencia machista el desequilibrio de poder es claro y evidente. Entre otras cosas porque es uno de los aspectos fundamentales que definen la violencia machista. Por este motivo a menudo las discusiones presenciadas suelen ser agresiones verbales del agresor hacia la víctima donde, en algunos casos, la mujer puede intentar defenderse. Esto está muy lejos de ser una discusión entre dos personas en igualdad de condiciones. El planteamiento lleva a confusión en el relato porque induce a pensar que estos asesinatos se producen en parejas donde la violencia forma parte del estilo relacional. 

No sigamos
cayendo en la trampa de creer que el problema se produce solo en entornos económicamente deprimidos

Un tercer bloque de análisis hace referencia a las cuestiones contextuales. En el caso de la mujer de Sant Adrià, ¿por qué es relevante para el asesinato que se produjera en el barrio de La Mina? ¿Por qué es relevante que cerca de donde se halló el cuerpo se encuentre una sala de venopunción para drogodependientes? ¿Por qué es relevante que el presunto asesino haya salido de la prisión recientemente por delitos de otra naturaleza? Una serie de estereotipos que desvirtúan el origen del feminicidio porque, a estas alturas, cuando ya no debería hacer falta, conviene recordar que las violencias machistas se producen en todos los extractos sociales, económicos y culturales.

Estigma y necesidades económicas

Por otro lado, con esta narrativa contribuimos a estigmatizar un barrio (La Mina) y un colectivo (drogodependientes). Otra cosa es que la violencia la identifiquemos más en estos entornos porque hay más recursos públicos escrutando los comportamientos de las personas precisamente por el estigma y las necesidades económicas que a menudo sufren. No sigamos cayendo en la trampa de creer que la violencia contra las mujeres se produce sólo en entornos económicamente deprimidos. Es falso. Pero este tema ya es para una nueva reflexión.

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