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IDEAS

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Tradición oral

Óscar López

La literatura nos entra por los ojos pero también por los oídos. Mientras leemos, más que verla, la escuchamos, nos dejamos llevar por su cadencia musical. Ahí están sino los ancestrales cuentacuentos de Jemaa el Fna de Marrakech, que surgen de la nada cuando se pone el sol en ese mágico espacio que tanto defendió el añorado Juan Goytisolo. No es este lugar para discutir sobre si toda la literatura de tradición oral es literatura, por el hecho de que este término nos traslade etimológicamente al concepto de obra escrita.

Los audiolibros tienen garantizado un futuro prometedor

En esta primera columna del año solo deseo reivindicar el placer y la necesidad de la lectura en voz alta. La que algunas organizaciones realizan en domicilios particulares para ancianos con problemas de visión, la de las escuelas o la de esos audiolibros que últimamente calan en un público fiel que los utiliza mientras cocina, corre o conduce. Más de 3500 títulos se pueden disfrutar hoy en día, mientras que en los 90 Alfaguara lo intentó sin éxito con novelas de Javier Marías o Pérez-Reverte, quizás porque era demasiado pronto.

Ha sido necesario esperar 20años para que se queden definitivamente, ya sea a través de apps o webs de instituciones, grupos editoriales, plataformas y empresas como Penguin Random House, Amazon, Itunes, Narratores, Miut o Storytel, donde ya podemos seguir la historia de 'Patria', de Fernando Aramburu, o 'La pena máxima', de Santiago Roncagliolo, quien pidió ser él mismo quien pusiera la voz a su relato. Aunque lo habitual es que sean actores de doblaje los que logren que a través de su única voz y sin efectos de sonido, el oyente tenga la impresión de ser él quien está leyendo.

Actualmente se pueden realizar compras unitarias como antaño o pagar una tarifa plana como ocurre con el cine y la música. Por ello y porque estamos muy habituados a los dispositivos móviles, los audiolibros tienen garantizado un futuro prometedor, con la mirada puesta ya en el potencial mercado latinoamericano. Quién sabe, a lo mejor con este sistema logramos más lectores. Ahora bien, no seamos vagos y no dejemos a otros el placer de leer a nuestros hijos. Por muy mala voz que tengamos. 

Temas: Libros

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