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Editorial

Un 2018 a la sombra del 'procés'

De cómo evolucione la crisis política dependerá la solución a las numerosas incógnitas que atenazan a la sociedad catalana

Carme Forcadell se ha erigido como la protagonista del pleno de esta mañana.

Carme Forcadell se ha erigido como la protagonista del pleno de esta mañana. / ALBERT BERTRAN


El hecho de que las elecciones del 21-D no hayan resuelto nada en Catalunya y hayan devuelto la situación política a la casilla de salida condiciona el desarrollo de multitud de acontecimientos del año que empieza. De cómo se resuelvan las incógnitas más importantes –quién será el nuevo 'president', qué Govern se formará, quién presidirá el Parlament– y de cómo evolucione el 'procés' dependerá, por ejemplo, la autonomía financiera de la Generalitat, si habrá o no Presupuestos -en Catalunya y en el conjunto de España-, pero también si el Mobile World Congress asegurará su continuidad en Barcelona, si habrá avances en la financiación de las autonomías y en la comisión del Congreso que revisa la cuestión territorial e incluso si la actividad cultural catalana recuperará o no la normalidad.

La corrupción no abandonará el primer plano porque en Catalunya se conocerá, al fin, seis meses después del juicio y tras casi nueve años de instrucción, la sentencia del 'caso Palau', que puede asestar otro golpe a la antigua CDC, y un miembro de la familia Pujol, Oriol, ingresará en la cárcel. En España habrá sentencia del 'caso Gürtel', un obstáculo para que el PP recupere votos en su disputa con Ciudadanos (C’s), agudizada tras el 21-D. Frenar a C’s será también objetivo del PSOE, cada vez menos preocupado por su flanco izquierdo con el desinfle de Podemos.

Fuera ya de la influencia del 'procés', el 2018 se inicia con una economía en proceso de frenado y un mundo más peligroso que el de principios del 2017. Eso se debe fundamentalmente a la errática, egoísta y aislacionista política de Trump, que, con su consigna de 'América, primero', ha cercenado la multilateralidad en Oriente Próximo -ha reconocido a Jerusalén como capital de Israel y ha puesto en riesgo el pacto nuclear con Irán- o en los acuerdos comerciales, y ha situado a China y a Rusia –pese a sus devaneos con Putin– como enemigos a batir en la estrategia de la Casa Blanca. Trump ha sido en el 2017 todo lo malo –o peor– que pronosticaban sus bravatas en la campaña electoral y su pugna barriobajera con Corea del Norte es el mejor ejemplo.

Hay que confiar en que en el nuevo año se intensifique la lucha contra la violencia machista y el acoso y abuso sexual, tema en el que el juicio de 'La Manada' y las numerosas denuncias surgidas en Hollywood deben ser un aldabonazo para acabar con esas lacras.
 

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