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LARGO PLAZO

Protesta de pensionistas en Zamora, el pasado octubre.

Pensionistas cada día más pobres

Olga Grau

La miseria de la revalorización de la pensión el 2018 coincide con las subidas de precios anunciadas para el próximo año: la luz, el gas, el agua, el transporte público o los peajes

En el 2018 los pensionistas volverán a perder poder adquisitivo por quinto año consecutivo. No es casual ni coyuntural, es un plan perfectamente ideado por el PSOE y el PP para garantizar el futuro de las pensiones por la vía de recortarlas abriendo la puerta a que los que puedan se hagan un plan de pensiones privado. Las reformas del 2011 y del 2013 han tenido un único enfoque: reducir el gasto futuro, recortando derechos y prestaciones. Ninguna de las reformas se ha orientado a aumentar los ingresos del sistema.

En el 2011 José Luis Rodríguez Zapatero amplió la edad de jubilación a los 67 años, aumentó el periodo de cálculo de la base reguladora de 15 a 25 años, e incrementó de 35 a 37 los años necesarios para acceder a una pensión completa. Esto ya introdujo una primera reducción de las pensiones. Posteriormente en el 2013, Mariano Rajoy eliminó la obligatoriedad de que las pensiones crezcan de forma paralela a los precios, al introducir el denominado factor de sostenibilidad. Fue el segundo golpe asestado a los pensionistas.

De esta manera, las dos reformas han provocado un problema que los pensionistas ya están sufriendo y que irá a más de forma dramática en los próximas décadas: la reducción de la pensión media. Hay expertos que calculan que en las próximas décadas la pérdida de poder adquisitivo podría rondar el 35%.

La tendencia es clara. Rajoy acaba de aprobar una revalorización de las pensiones del 0,25% para el 2018, el mínimo que marca la ley, cuando los precios han subido un 1,2% y el PIB cerrará con un crecimiento por encima del 3%. La miseria de la revalorización de la pensión de poco más de 2 euros de media coincide con las subidas de precios anunciadas para el próximo año: la luzel gasel agua, el transporte públicolos peajes, etc.

La Seguridad Social entró en números rojos en el 2010 como consecuencia de la crisis económica y el alza del desempleo. La reforma laboral, también llevada a cabo por el PP, y la consecuente devaluación salarial, han agravado el problema de la hucha de las pensiones. El empleo precario conlleva cotizaciones ínfimas que engordan el déficit de la Seguridad Social. Si no hay salarios altos, el sistema no se aguanta.

Cuando las fuerzas políticas del país aborden la necesaria reforma del sistema de las pensiones, deberán tener en cuenta los dos problemas del sistema: la sostenibilidad y el empobrecimiento de los pensionistas. Por eso el primer paso lógico es vincular de forma urgente la evolución de las pensiones con el IPC. Hay muchas propuestas que los expertos recomiendan como aumentar la parte de las pensiones que se paga por la vía de los presupuestos del Estado, la eliminación del tope máximo a las cotizaciones o la eliminación de las inútiles bonificaciones en las cuotas empresariales. Pero lo que subyace es una cuestión ideológica de fondo. ¿Queremos o no queremos pensiones públicas dignas para nuestros mayores? Porque si la respuesta es sí, la sostenibilidad no puede consistir solo en recortar.

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