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POLÉMICA REFORMA

protestas en argentina por la reforma de las pensiones

Argentina como ejemplo de lo que nos espera

Ramón Lobo

Argentina es un país con mala suerte: ha pasado de una populista de izquierdas a un populista de derechas. En medio quedan la gente común y una deuda exterior como coartada eterna. Ahora le ha tocado a las pensiones. Vivimos en un mundo tan perverso que llamamos reformar a lo que es empeorar. El lenguaje es la última barrera de defensa.

Los pensionistas perderán un 13% de su paga, un recorte similar en los subsidios a los más pobres. Reformar, dicen, es modernizar el sistema, adecuarlo a unos tiempos en los que cada paso hacia delante siempre es uno o dos hacia atrás.

Diecisiete horas de debate y un hachazo histórico por solo ocho votos de diferencia. Pero la noticia está en las manifestaciones masivas, de más de 400.000 personas enfadadas, o en la violencia de unos pocos –más de 160 heridos y decenas de detenidos—. Y no en unos recortes brutales que caen sobre un tejido social debilitado por la devaluación hace dos años del 40% de la moneda y por una política económica que redujo los impuestos a las empresas y a los ricos. A menos impuestos y más gastos, mayor déficit. Es una cuenta que podría resolver hasta una persona de letras.

El presidente argentino Mauricio Macri es un alumno tan aventajado del trumpismo reinante que va por delante del mismo presidente de EEUU. La deuda exterior, que es un mal crónico de América Latina, tiene una parte de herencia y otra que pertenece en exclusiva a Macri, que la incrementó en 100.000 millones de dólares en dos años.

Vieja izquierda

El problema de los argentinos es que la alternativa política a Macri es Cristina Fernández de Kirchner, un producto de la vieja izquierda, más atenta a un pomposo lenguaje revolucionario que a resolver los problemas concretos de los ciudadanos. En su favor está haber tenido el valor de enterrar la ley de amnistía y poner en marcha la persecución penal de los principales responsables de los crímenes cometidos en la dictadura.

Argentina es un doble ejemplo para España. Su gestión con la memoria histórica, pese a que los delitos están mucho más cercanos en el tiempo, es ejemplar. Su reforma de las pensiones representa un aviso de lo que puede ocurrir aquí en pocos años.

El Gobierno del PP ya ha creado las condiciones vaciando la hucha de las pensiones en apenas seis años. Desde 2012 ha sacado de ese fondo 72.000 millones de euros. El siguiente paso será decir que el sistema de pensiones es demasiado generoso y que carece de viabilidad. Como ha sucedido en Argentina, el Gobierno iniciará los trámites para su modernización. A corto plazo, además del congelamiento actual, habrá recortes en las prestaciones.

Después (o antes) vendrá la venta de las bondades del modelo de EEUU, de las ventajas en la gestión de las pensiones privadas en manos de bancos, fondos internacionales y demás. Solo un detalle: el Banco de España da por perdidas el 80% de las ayudas a la banca española. Hablamos de 42.590 millones que salen de sus impuestos y los recortes. En Holanda, ING recibió una ayuda de su Gobierno de 10.000 millones en 2008. Devolvió 13.500 millones de euros, es decir con intereses. Puestos a jugar a la ruleta habrá que pedirse la holandesa.

Sentirse estafado

Este juego tiene otros verbos, además del manido de modernizar. Los argentinos tienen una larga tradición en sentirse estafados por los poderes públicos. De ahí la gran manifestación, la huelga general, y la pelea con los antidisturbios y promesa de que las cosas no van a quedar así. La batalla será larga aunque el Parlamento haya aprobado la ley.

La derecha, es decir, Macri, acusa a Cristina Fernández de Kirchner de orquestar las protestas, lo que puede ser cierto, pero obvia lo evidente, el enfado popular procede de sus reformas no de los manejos de Kirchner.

Lo que sucede en América Latina, su giro conservador hacia gobiernos liberales, debería servir de estímulo a las izquierdas para que se esmeren en la búsqueda de recetas y palabras más allá de los sesenta. Patricio Fernández, periodista chileno, de izquierda, antipinochetista y creador de la revista 'The Clinic', es un abanderado de la necesidad de generar un discurso más transversal, más feminista y ecologista, que sea capaz de denunciar el marco del saqueo y de ofrecer soluciones. Nos valen la música revolucionaria, la ética y la necesidad de una utopía.

Habrá que seguir mirando a Argentina, no vaya a ser que den con alguna tecla mágica como muchos jóvenes periodistas latinoamericanos están dado con la tecla de la información en este mundo de redes sociales y webs. Siempre hay vida detrás del eslogan.

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